No es un cálculo fácil. Estar en contra de Pinochet no significa convertirse automáticamente en guardián de los tres años en el poder del socialista Salvador Allende. Basta ver otros números para entender por qué Narciso Castillo, director del canal 33 y residente en El Salvador desde hace 23 años, puede considerarse “antipinochetista” y, al mismo tiempo, confesar que percibió como “positivo” un eventual cambio en el Ejecutivo.
En 1970, Allende ganó las elecciones presidenciales con un 36%, pero la inmensa mayoría restante se la repartieron conservadores y el Partido Demócrata Cristiano de Chile. Con estos últimos simpatizaba “Nacho”, como se le conoce a Castillo, cuando era vicepresidente estudiantil en una escuela de Santiago el día del golpe.
Tenía entonces 17 años y narra cómo era uno de los representantes de esa corriente política. “Era una escuela de izquierda, pero nosotros los habíamos derrotado”, explica un hombre que se ha convertido en el rostro más famoso de su canal de televisión.
Cuando Pinochet irrumpió en el Palacio de la Moneda –la sede la presidencia de Chile– Castillo le pidió a sus compañeros que pararan las clases. Podía escuchar los disparos. Dice que en ese momento, cerca de las 9 de la mañana, sintió una extraña sensación de que algo bueno podía venir en un ambiente que durante tres años había dividido en dos a la sociedad chilena. En los últimos meses de la presidencia de Allende, el gobierno que encabezaba la coalición de Unidad Popular se había estrellado contra el muro de la oposición, incluidos los demócratas cristianos, que tenían control en el congreso.
Algunos de los compañeros de izquierda de Castillo decidieron quedarse atrincherados en la escuela para proteger un régimen que estaba a punto de ser bombardeado y pulverizado.
Poco le duró el ensueño. “Pensábamos que el gobierno tenía que terminar, pero no en un golpe de Estado. Al poco tiempo conocí la brutalidad de Pinochet”. Después de la llegada del general , los congresistas del PDC chileno fueron despedidos y apareció un largo éxodo de líderes demócrata cristianos.
Nacho asegura que los tiempos de sombra de la vida política chilena van más allá de los confines del régimen militar: “Los tres años de Allende y los 17 de Pinochet son los más oscuros de Chile”. Sin embargo, el general y el socialista no pesan lo mismo en su balanza: “Allende fue un demócrata y tolerante. En su tiempo no hubo presos políticos”.
Después desmenuza las razones con las que intenta romper todo lo que asegura son mitos de la derecha sobre los éxitos de Pinochet. “Fue el primer terrorista internacional y entiendo el sufrimiento de los familiares de los desaparecidos.”
En la celebrada área de la economía también refuta. “Eso del progreso económico no es del todo verdadero, es mentira. Chile era próspero desde los sesentas.”