Alberto Cordero no oculta su enfado al hablar del Comando Sur de Estados Unidos —unidad responsable de las actividades militares de Estados Unidos en Latinoamérica—, que equipara a las pandillas con otras amenazas regionales como el crimen organizado y el terrorismo. “Estas amenazas son una excusa para remilitarizar la región, pero más que del Ejército se trata de un problema policial”, dice este consultor. En El Salvador, la Fuerza Armada absorbe más de $100 millones anuales.
Usted dice que hay que replantear el papel del Ejército en el istmo.
La preocupación de la Fundación Arias es que con la excusa de las amenazas emergentes, donde se ha incluido a las pandillas, se le exija a los gobiernos centroamericanos reforzar sus presupuestos de las fuerzas armadas, no los de las policías. Aquí hay que hacer una diferencia puntual: las fuerzas armadas no tienen ningún papel que hacer contra la delincuencia, no es su tarea. Ese es un papel de una Policía entrenada, con los recursos que necesita y muy bien capacitada para comprender que estos fenómenos tienen características diferentes y, por tanto, abordajes diferentes.
¿En Centroamérica hay indicios de militarización?
Por supuesto, en Honduras, cada vez que los índices de delincuencia aumentan de manera intolerable, sacan las tropas a las ciudades. Se da en Guatemala, no me extrañaría que aquí se diera...
En El Salvador se forman los grupos de Tarea Conjunta entre policías y soldados.
Nada tienen que hacer los militares salvadoreños en esto. Si la delincuencia ha rebasado la capacidad de la Policía pues, este, la solución no es sacar las fuerzas armadas.
¿No podría pensarse que es una estrategia inteligente del Estado al utilizar el recurso del Ejército?
No, una cosa más inteligente sería deshacerse de las fuerzas armadas. Ya no hay ninguna razón para sostener la validez de la existencia del Ejército. Si a los estados centroamericanos no les alcanza el dinero para las policías, sigamos reduciendo el tamaño de las fuerzas armadas. Hay evidencias que respecto al producto interno bruto ha habido una reducción en el gasto de las fuerzas armadas, en lo que se refiere a equipo y recursos. El de Guatemala es el caso más emblemático y en el resto de países de la región no ha habido grandes cambios. La única justificación de su existencia es que puedan intervenir en operaciones de paz en otras partes del mundo a través de la ONU.