Cuando se le pidió esta entrevista para hablar sobre el poder del narco en esta franja fronteriza, la que ve pasar la mayor cantidad de droga proveniente de América Latina hacia Estados Unidos, el alcalde bajó la voz y pidió: “Nos vemos a las 9 de la noche en mi casa”. Ahí, luego de un interrogatorio sobre el porqué de la plática, aceptó hablar. Pueblos como este abundan en los 3,100 kilómetros de tierra que tienen en común los dos países, pueblos donde el narcotráfico no es una idea abstracta, sino un grupo de hombres que mandan y matan y otro grupo que trabaja de pasar en carro o a lomo la droga hacia Estados Unidos. Como dice este alcalde, “el pueblo es de ellos, lo han comprado”.
El que a continuación responde es un hombre al que la voz no paró de temblarle y que cada tanto en tanto volteaba a ver la ventana de su casa o preguntaba: “Usted no trabaja para ellos, ¿verdad?”
¿Por qué le cuesta tanto hablar de esto?
Porque, pues, a escala mundial, en todos los países, el tema este de los narcos es algo que es general, aparte de que es evidente, uno tiene miedo de hablar de esto, porque no sabes quién es el que te está escuchando. Uno no sabe ni qué personas están atrás de los narcos, por eso uno le rehúye a estas cosas. Además de que esa gente no se tienta el corazón con nadie.
En un pueblo como este, ¿qué riesgos se corren? ¿Qué pasaría si llegan a enterarse de lo que usted está diciendo ahora?
Hasta la muerte. Uno no sabe hasta dónde las autoridades están metidas, uno ya no sabe qué autoridades son buenas y están del lado de uno y qué autoridades trabajan para el narco. No es fácil distinguir. La cuestión de la mafia ha adquirido últimamente más poder que el económico. Es un poder que rebasa todo. Es una ambición por poder, no solo por dinero. Ya tienen el dinero, y mucho, pues ahora quieren el poder de todo, quieren controlar pueblos, ciudades, autoridades, todo.
Pero cualquiera diría que un alcalde como usted puede llamar a la Policía, a las autoridades federales, al Ejército, puede pedir apoyo, pues.
No se puede denunciar. Uno no sabe qué tan inmiscuidas están las altas autoridades. Aquí en México ha ocurrido lo mismo que en Colombia: el narco ya rebasó a las autoridades, hay zonas como esta donde estamos ahorita que ya no son controladas por el gobierno, son controladas por el narco, y usted solo tiene que salir a la calle para darse cuenta de que esto es así. El narcotráfico ha rebasado a todos los poderes. Vea en la calle la cantidad de orejas que tienen, de espías, de empleados.
¿Usted piensa que en la frontera, las verdaderas autoridades son los narcotraficantes?
Claro que sí. Es que hay una enfermedad de poder. Los políticos llegan por el pueblo, se supone, con otro tipo de artimañas y mentiras, pero los narcos compran el pueblo, sin tanta vuelta, y van creando poco a poco las lagunas legales y agarrando el control, a base de muertes, decapitados en la calle, señales de miedo. La frontera la han dividido entre los grupos grandes, y luego en subgrupos más pequeños que pagan a los más grandes, y así, se va dividiendo en capas y en niveles. Igual, el gobierno está inmiscuido con ellos.
Recuerdo que la última vez que estuve en esta zona, todo el pueblo sabía que los narcos habían secuestrado a cerca de 300 emigrantes que iban a Estados Unidos. Eso lo sabían todos, incluso usted, pero nadie lo denunció. ¿No se podía hacer nada?
No, ellos tienen controlada la frontera. Si usted mismo puede ver que el Ejército pasa a la par de ellos, conviven en el mismo terreno, y las altas autoridades vienen y se pasan por ahí, y se hacen los que no saben cuál es el rancho de este o aquel narco. Si ellos no hacen nada, ¿cómo uno como autoridad municipal de un pequeño pueblo va a decir algo o a poner una queja grande? Ahí en ese secuestro hubo unas violaciones a los derechos humanos grandísimas. Tuvieron gente secuestrada como por dos días. Hubo violaciones a las mujeres, ¡fue terrible!
¿Y todo eso a pocos metros del Ejército?
Sí, muy cerca. Ellos tienen una base ahí no más, y retenes en la calle donde ocurrió el secuestro.
¿Ya le ha ocurrido a usted que le jalen las orejas por decir algo?
De hecho, sí. A principios de mi administración, el segundo mes, hubo un jalón de orejas... De hecho, dos, una por parte de los narcos y otra por parte de las autoridades.
¿Autoridades estatales o federales lo regañaron?
Federales. En un periódico yo mencioné algo sin importancia, dije algo así como que por aquí pasaba mucho migrante y mucha droga, algo así de tonto, a comparación de lo que de verdad pasa aquí. Entonces, primero me llamó el narco, para preguntar que qué chingados me pasaba, y luego las autoridades de la Procuraduría General de la República (PGR) para decirme que no fuera tonto, que me retractara en el periódico por lo que había dicho, y me tocó hacerlo. Otra ocasión fue esa, cuando tuvieron secuestrados a esos emigrantes. Yo hice una llamada a las autoridades del estado, y a las pocas horas repercutió aquí. Me hablaron otra vez los narcos para preguntarme que por qué andaba haciendo eso, como diciéndome que cuidado. Es que incluso el periodismo también está metido en esto.
¿Como espías de los narcos?
Sí, está muy mezclado. Por eso no puedo confiar en nadie, porque el periodista busca dinero, y el narco lo tiene. Aquí el periodismo se ha convertido en un periodismo comprado o callado. Trabajan con gente del narco, hay periodistas que están tan involucrados que están enterándose luego luego de lo que uno habla. Por decirte, que tú te fueras ahorita para donde el narco y llevaras esta información y dijeras que soy yo el que habla. Te pagarían muy bien. Entonces existe la tentación. Sobre ese tema del secuestro me hicieron una entrevista varios medios a la vez, y me preguntó uno que si yo sabía del hecho, y dije que sí, que se trataba de un secuestro del narco. Después, a las horas, me jalaron las tuercas, antes de que saliera publicado, y el narco me dijo que un periodista de los que estuvo le llevó la grabación, que tenía pruebas, y que mejor me callara.
Ejercen el control sin ocultarse.
Sin ocultarse, a la luz del día, es que es un dineral el que ganan, pueden pagar lo que ellos quieran. Hablamos de millones de dólares.
¿Usted sabe cómo se llaman los narcos que operan en esta zona? ¿Podría decir si quisiera quiénes son y dónde viven?
Sí, por lo menos de los más conocidos. Ahora hay algunos que trabajan para ellos que no saben quiénes son, y puedes estar al lado de ellos sin darte cuenta. Son conocidos en la región. La frontera se divide en pedazos. Por ejemplo, dicen: “Estos 300 kilómetros de frontera le corresponden a fulano, estos otros 50 a mengano, y estos 40 a aquel otro”. Así operan. Cada quien tiene su pedazo de frontera. Ellos tienen a un jefe arriba, y trabajan por clave. Ellos son unas 10 personas en esta frontera, y tienen a su jefe mayor. Y, según entiendo, también funciona así para los arreglos: el narco mayor se arregla con el gobierno nacional, el de en medio con el gobierno del estado, y el menor con los gobiernos municipales. Tienen el control de todo, de cada pedazo. Entonces ellos saben cómo operar. De repente, por ejemplo, dicen: “Hoy no pasa ni un emigrante, porque vamos a mandar cargamento”. Ellos tienen sus mecanismos para avisar.
Uno de los comentarios de calle en estos pueblos es que si se acaba el narcotráfico, el pueblo muere, porque el narco emplea a la mitad de los pobladores. ¿Es así?
Sí, es que a como se encuentran nuestros países, es normal que muchos lugares subsistan por la droga, por todo lo que conlleva transportar la droga hacia Estados Unidos. Ya nadie aquí quiere trabajar por los salarios de aquí, de 30 pesos diarios ($2.50). Hay que preguntarse por qué sucede esto, es algo muy difícil de parar, mientras el dinero esté de por medio, y estos países sigan siendo como son.
Ayer conversé con uno de los empleados del narco que lleva droga a lomo hasta Estados Unidos, y me dijo a qué lugar va a cobrar, quién es su patrón y más detalles. Parece que todos en el pueblo saben cómo funciona esto y no temen contarlo.
Sí, es que en pueblos como este ya nadie quiere agarrar la pala o el pico para trabajar la tierra, porque con una burreada (llevar droga a lomo a Estados Unidos) ganan un dineral, unos $3,000 por burreada. Y dentro de lo malo, tú tienes que encontrar lo bueno. Antes, el burrero tiraba todo el dinero al no más regresar, en emborracharse y en drogarse; ahora ya veo que está construyendo sus casitas, comprando sus terrenos, ya la mentalidad empieza a cambiar, por lo menos ya tienen otra manera de invertir el dinero, y eso es muy bueno.
¿Las autoridades mexicanas saben dónde están los narcos y pueden agarrarlos si se lo proponen?
Yo creo que sí. Aunque es muy difícil, porque el gobierno puede tener muy buenas intenciones de cambiar un país, y no lo va a lograr, pero al menos sí puede cambiar esto un poco. El problema es que, como te digo, estos señores manejan mucho dinero, y donde hay dinero hay corrupción. Ahora, si ni Estados Unidos ha controlado esto en la frontera, y se supone que son la primera potencia mundial, menos lo va a poder controlar México. El problema es que esto te arruina también tus lugares, porque antes aquí la droga solo pasaba, hoy se está quedando, y comprar droga es cada vez más como comprar una Coca-Cola, así de fácil. Se está quedando mucha droga, al menos como para que todo este pueblo consuma.
¿Qué poder militar tiene el narco?
Los de esta zona tienen a unas 50 personas bien armadas cada uno de los seis que operan aquí, con armas de gran calibre. Las consiguen muy fácilmente en Estados Unidos, de allá las traen.
La vez anterior que estuve aquí, mataron a dos personas, y las tiraron en plena calle con un cartel en la espalda que adjudicaba el crimen al narco. ¿Un hecho como ese se investiga a profundidad?
No, para nada. No buscan más, sobre todo si se trata de narcotraficantes. Los que llegaron a la escena del crimen dijeron esa vez que no fue el narco. Así, al ratito de haber llegado ya estaban diciendo que no fue el narco, que fue una cuestión de polleros (coyotes). Pero está muy raro, porque tenían el típico mensaje que deja la mafia en otros crímenes, el que dice que no se metan con ellos. Ese tipo de cosas le hacen a uno pensar hasta dónde están metidos, y estoy hablando de la PGR y de los encargados de investigar. Y ahí se cerró el caso, no se arrestó a nadie, no se hizo nada.
Entiendo que a veces los narcos mandan a inmigrantes como carnada para la migra y ellos envían la droga por otro lado.
Es que cambia mucho la situación del migrante, cambia mucho en poco tiempo. Antes se utilizaba eso, mandar emigrantes por otro lado para llamar la atención, pero ahora no. Ya no quieren que pasen más emigrantes, ahora ellos cierran el paso tres días, pasan su droga, y luego permiten que pasen emigrantes durante dos o tres días. Cambia mucho la cosa.
¿Se ha enterado usted de contactos entre el narco y gente de la Patrulla Fronteriza estadounidense?
De hecho, yo conocí gente de esa en Estados Unidos. Me hice amigo de gente de la patrulla, y les preguntaba. “¿Cómo es posible que no se den cuenta de que pasa tanta gente y tanta droga en todo momento?” Y él me contestó: “Sí, sabemos eso, pero tenemos nuestra consigna también, la droga nos hace falta”. Y te hablo de un agente de migración que era conocido mío. Me contó que en ocasiones la droga decomisada no se reportaba, se quedaba en manos del que la decomisó, y sepa uno qué hacía con ella.
¿Le ve solución posible a esto en la frontera o cree que el narco seguirá gobernando?
Es que la frontera está poco vigilada. Mire, no creo, esto no se va a acabar, aquí ya estamos acostumbrados. En la frontera el único gobierno es el gobierno del narco, ese es, y ese va a seguir siendo.