Sentí repugnancia y preocupación. Las imágenes de un policía golpeando al periodista Álex Nolasco —y de otra decena de agentes que no hicieron nada para evitarlo— son un botón más de la prepotencia de unos y de la ignorancia de otros en el tema de derechos humanos.
La respuesta de las autoridades a los incidentes en el cantón Cutumay Camones, Santa Ana, me pareció simplista. Primero, justificaron que el vehículo de los periodistas sobrepasó abruptamente una patrulla policial. Luego dijeron que era un “hecho aislado”.
Aceptemos la hipótesis de que los periodistas realizaron una mala maniobra vehicular. Digamos que fue el apuro por la primicia la que puso en riesgo la vida de los policías. Eso, en todo caso, constituye una falta de tránsito que, desde ninguna perspectiva, justifica la patada certera que mandó a Nolasco por varios días a un hospital.
La segunda explicación oficial, “hechos aislados”, me generó dudas ese mismo 25 de octubre. Anacrónicamente, pensé en el dolor de Juan, Óscar, César y Napoleón. Ellos vivían en Nahuizalco, San Salvador, Tenancingo y Mejicanos hasta que, entre 2005 y 2007, una golpiza policial los mató.
Un buen cuerpo policial no solo es el que captura delincuentes, sino también el que respeta los derechos de los ciudadanos. Eso implica un eficiente filtro de selección y capacitación. Ya dos destacados criminólogos latinoamericanos, Samuel Máynez y Alfonso Quiroz, apuntaron en su libro “Psicoanálisis del magnicidio” que la seguridad “nunca debe ser la función de tipos impulsivos y violentos, sino problema de organización selectiva y rígida a quienes se les encomiendan delicadas misiones”.
La exigencia de respeto a los derechos humanos no implica tratar con flores a los delincuentes. La agresión al fotoperiodista Borman Mármol y las piedras que algunos vándalos lanzaron contra los antimotines es tan censurable como la patada que recibió Nolasco.
La credibilidad de las sociedades democráticas se mide, en buena dosis, por la seguridad. Por eso me preocupa que policías hayan agredido a Nolasco, a Juan, a Óscar, etc... Por situación parecida, en Estados Unidos, el Departamento de Justicia se querelló hace pocos años contra la Policía de Los Ángeles.