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Cuando por alguna de sus frecuentes escapadas
bohemias era relegado al banquillo por el técnico,
la afición amenazaba con insurreccionarse, y aparecía
en las gradas el cartelón enorme: “‘Mágico’,
el hermano indio de Dios. Quien no quiere al ‘Mágico’,
no quiere ni a su madre”.
Veinte mil gargantas coreaban el nombre del ídolo
y no dejaban de hacerlo hasta que el asustado entrenador no
tenía más alternativa que mandarlo al campo.
“El Mágico” mismo sabía que, después
de una juerga prolongada hasta la madrugada, no estaba en
realidad para un partido. Entonces, me aseguran, le decía
al entrenador: “No se preocupe, míster, salgo
al campo, hago mi golito y me largo directo a echar una pestañita”.
Dicho y hecho: dos o tres genialidades y un gol en 15 minutos.
Luego el cambio y a dormir hasta el final del encuentro.
Oigamos algunas de esas voces.
“Mire usted, uno dice ‘Mágico’ y
dos palabras vienen a la mente: arte y polémica. Porque
a ese extraordinario toque de balón, cambio de ritmo
y endiablada visión de juego, ‘Mágico’
unía un sentido de la vida que no cuadraba en el sistema.
Pero, en fin, tanto por aquello como por lo otro es que su
genio caló hondo entre nosotros y así nació
aquí el ‘magiquismo’. Por eso es que ante
‘Mágico’ González hay que quitarse
el sombrero. Hay que venerarlo, honrarlo, amarlo y subirlo
a los altares.”
“¿Cómo no vamos a recordarlo, si ha sido
el jugador más importante, carismático y genial
en toda la historia del Cádiz. Es que para nosotros
él era como un rey, un ídolo al que todos venerábamos
a pesar de sus correrías nocturnas. Y es que cuando
recuerda sus voleas, sus recortes, sus goles, ¡joder!,
uno vuelve a vivir, coño.”
“Quiero decirle que ‘Mágico’ aquí
hizo historia como futbolista, pero también como persona.
Sin ser de esta tierra, él la amó como pocos.
Pudo ganar muchísimo dinero pasando a equipos poderosos,
pero él no cambió al Cádiz por nada del
mundo. Detrás de sus servicios anduvieron el Barcelona,
el Atalanta, el París Saint Germain y otros, pero él
sencillamente dijo que no, que en lugar de todos los millones
prefería el pescaíto frito de la bahía.”
“Hombre, es que ‘Mágico’ González
embelesaba. Hacía que el fútbol cobrara otro
sentido. Él tiene esa indescriptible cualidad de encantamiento,
de dejar un pozo de ilusión cuando se le ve tocar la
pelota. Su forma de ser dentro y fuera de la cancha contribuía
a mitificarlo.”
“Ah, ‘Mágico’ era cosa de levantarnos
el domingo muy temprano y buscar ansiosos la información
en los periódicos y en la radio. Y si efectivamente
alineaba esa tarde, el día entero tomaba otra dimensión...
Una vez adentro del campo, se anunciaban por megafonía
las alineaciones: dorsal y nombre del jugador. A cada jugador
su aplauso, hasta que el locutor decía la ya memorable
frase: ‘Y con el número once, Jorge ‘Mágico’
González’. A partir de ahí todo, era júbilo.
La función había comenzao.”
“Yo sólo voy a decirle a usted que bendito aquél
que nació en esta tierra gaditana y en esta época
porque tuvo el privilegio de ver jugar al ‘Mágico’
. Todo lo demás está de sobra.”
“Jorge ‘Mágico’ González
fue mejor que Maradona, porque el argentino le pegaba sólo
con la zurda, y el salvadoreño, con las dos. Bueno,
de haber sido mejor cabeceador, a ese lo hubieran tenido que
mandar a clonar para bien de la historia del fútbol.
Definitivamente.”
> Lea además: Pero...
(luz y sombra)
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