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Un milagro

Cristian Villalta
deporte@laprensa.com.sv

 
    A la hora convenida, el Marino me presentó en el Buri-buri a Manuel Capote. Era un hombre de unos 55 años, moreno aceitunado, andaluz de cepa quien sin dilación me mostró la foto de un niño de unos 10 años, su único hijo.

El chico padecía asma y sufría crisis cada vez peores. El desenlace fatal no se haría esperar mucho tiempo. En efecto, una noche de 1984 hubo que llevarlo de emergencia al hospital. Lo médicos dijeron que ya no había nada que hacer, que podía incluso regresarlo a casa para que, con el auxilio de una bomba de oxígeno, esperara el fin en el calor familiar.

Con el corazón destrozado, don Manuel no tuvo más alternativa que resignarse. Pero se le ocurrió una idea para darle al niño una última alegría: que conociera en persona y de cerca al ídolo de ambos y de todo Cádiz: “el Mágico”.

El primer milagro, según don Manuel, fue encontrar al “Mágico” en casa en la madrugada (pues ya se sabe que a esas horas seguro estaba de rumba). Jorge escuchó por teléfono la solicitud y media hora después estaba junto a la cama del niño. El chico no se la creía, abría los ojitos desmesuradamente y hasta logró medio incorporarse para recibir el abrazo de su ídolo. “Hoy es miércoles”, le dijo “el Mágico”, “el domingo tenemos partido, y voy ha meter el gol más lindo que haya hecho en mi vida, te lo voy a dedicar, pero quiero verte en el estadio para que lo celebremos juntos”. Le dio otro abrazo y se marchó sin decir una sola palabra más.

“Mi hijo se ha levantao de la cama y se ha pasao el resto de la madrugada y de la semana esperando ilusionao el domingo. Y ‘el Mágico’, en cumplimiento de su promesa, ha hecho un gol de olé y pañuelos... Y ¿sabe usté una cosa, amigo?. Mi niño tiene ahora 26 añitos bien llevaos y felices... ¡Qué no me hablen a mí de ningún lado oscuro, coño, que yo a él, por la vida de mi niño, lo he puesto en un altarcito muy majo.”

¿Mito o realidad? Ese testimonio lo escuchó también otro salvadoreño: Manuel Labor, un técnico del Teatro Nacional que por cuestiones profesionales me acompañaba en ese viaje.

Cuando meses después le pregunté a Jorge por ese acontecimiento, me dijo que no lo recordaba: “A veces alguna gente lo quiere a uno inmerecidamente, y quizá por ese cariño, con buena intención, exageran un poco”, me explicó. “Del ‘Mágico’ se dicen muchas cosas buenas y malas, pero yo sólo soy Jorge. Y no es correcto meterle a nadie la mano en la bolsa con el cuento del ‘Mágico’. Yo fui el ‘Mágico’. Eso pasó. Eso era en la cancha, con la pelota en los pies. Ahora sólo soy Jorge y así debe ser porque a veces llueve y no tiene uno paraguas, ¿no?”

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