| |
|
A la hora convenida, el Marino me presentó
en el Buri-buri a Manuel Capote. Era un hombre de unos 55 años,
moreno aceitunado, andaluz de cepa quien sin dilación
me mostró la foto de un niño de unos 10 años,
su único hijo. El chico padecía asma y sufría
crisis cada vez peores. El desenlace fatal no se haría
esperar mucho tiempo. En efecto, una noche de 1984 hubo que
llevarlo de emergencia al hospital. Lo médicos dijeron
que ya no había nada que hacer, que podía incluso
regresarlo a casa para que, con el auxilio de una bomba de
oxígeno, esperara el fin en el calor familiar.
Con el corazón destrozado, don Manuel no tuvo más
alternativa que resignarse. Pero se le ocurrió una
idea para darle al niño una última alegría:
que conociera en persona y de cerca al ídolo de ambos
y de todo Cádiz: “el Mágico”.
El primer milagro, según don Manuel, fue encontrar
al “Mágico” en casa en la madrugada (pues
ya se sabe que a esas horas seguro estaba de rumba). Jorge
escuchó por teléfono la solicitud y media hora
después estaba junto a la cama del niño. El
chico no se la creía, abría los ojitos desmesuradamente
y hasta logró medio incorporarse para recibir el abrazo
de su ídolo. “Hoy es miércoles”,
le dijo “el Mágico”, “el domingo
tenemos partido, y voy ha meter el gol más lindo que
haya hecho en mi vida, te lo voy a dedicar, pero quiero verte
en el estadio para que lo celebremos juntos”. Le dio
otro abrazo y se marchó sin decir una sola palabra
más.
“Mi hijo se ha levantao de la cama y se ha pasao el
resto de la madrugada y de la semana esperando ilusionao el
domingo. Y ‘el Mágico’, en cumplimiento
de su promesa, ha hecho un gol de olé y pañuelos...
Y ¿sabe usté una cosa, amigo?. Mi niño
tiene ahora 26 añitos bien llevaos y felices... ¡Qué
no me hablen a mí de ningún lado oscuro, coño,
que yo a él, por la vida de mi niño, lo he puesto
en un altarcito muy majo.”
¿Mito o realidad? Ese testimonio lo escuchó
también otro salvadoreño: Manuel Labor, un técnico
del Teatro Nacional que por cuestiones profesionales me acompañaba
en ese viaje.
Cuando meses después le pregunté a Jorge por
ese acontecimiento, me dijo que no lo recordaba: “A
veces alguna gente lo quiere a uno inmerecidamente, y quizá
por ese cariño, con buena intención, exageran
un poco”, me explicó. “Del ‘Mágico’
se dicen muchas cosas buenas y malas, pero yo sólo
soy Jorge. Y no es correcto meterle a nadie la mano en la
bolsa con el cuento del ‘Mágico’. Yo fui
el ‘Mágico’. Eso pasó. Eso era en
la cancha, con la pelota en los pies. Ahora sólo soy
Jorge y así debe ser porque a veces llueve y no tiene
uno paraguas, ¿no?”
> Lea además: Palabra
de Mago
|