| |
|
Con este demonio de hombre uno no sabe si está
hablando con un poeta, un loco, un cantinflas o un filósofo
zen. La primera vez que hablé con él le pregunté
dónde se sentía mejor, en el bar o en la cancha,
y me contestó: “Ésa es una jugada de dos
bandas, y yo sólo juego billar los domingos en el estadio”.
Esta joyita, para más señas, se la tiró
a Carlos Dada, periodista de LA PRENSA GRÁFICA, en
una entrevista concedida en Los Ángeles. “Ese
año (1986) me lo pasé sin hacer nada, sin reflexionar,
sin ningún indicio de reaccionar. Me la pasé
en Tijuana como ido. Me gasté el dinero. Me quedé
a mi rollo. Y de repente, no sé como aparecí
en Los Ángeles. No hice nada. Me regresé a El
Salvador a estar en casa sin hacer nada. Fue fatal, fue horrible,
pero... pero sí lo disfruté, ¿cómo
se le puede llamar a eso?”
Enseguida agregó, como quien le da la hora a otro:
“Lo que pasa es que yo nunca me he considerado un ejemplo.
A mí me gusta vivir la vida muy a mi manera. Creo que
dentro de los cánones, de las actitudes lógicas
y que van acordes a un comportamiento idóneo, adecuado,
pues yo pienso que por ahí no voy. A lo mejor soy muy
poco profesional. Pero ahora me estoy sintiendo con moral,
me estoy sintiendo capaz... Pero quién quita y dentro
de un mes te diga lo contrario. O sea que soy así,
me entendés. Soy espontáneo. Soy bien variante,
bien variable... Uso mucho la paranoia también, la
uso porque no me gusta crear efectos que no vienen al caso.
Me aplico la paranoia, pero es benigna en el sentido de dejar
a la gente tranquila sobre el futbolista ese al que le dicen
‘el Mágico’”.
> Lea además: Caída
y altura
|