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Fue hasta los albores del siglo XX que la sustitución de los gobernantes salvadoreños comenzó a realizarse sin balas. Durante el siglo XIX, lo más normal era que se convirtiera en presidente el ganador de la última sonada militar.
No había partidos políticos, el voto no era secreto y casi todas las elecciones eran manipuladas.
Los bandos en contienda en contienda eran reconocidos por los apellidos del candidato: los regaladistas, los araujistas.
Se vota pero no se elige
Las alcaldías eran las encargadas de inscribir a los ciudadanos que tenían derecho a votar. También organizaban las elecciones en su localidad.
El día de los comicios, los ciudadanos llegaban al recinto municipal, se acercaban a la mesa del registro y uno a uno decía en voz alta a quién daba su voto. Las elecciones duraban tres días consecutivos.
El candidato siempre llevaba las de ganar y los opositores muchas veces optaban por retirarse de la contienda.
Desde 1911, cuando Manuel Enrique Araujo llega al poder, hasta 1931, todos los presidentes son civiles. Durante estos años, ningún golpe de Estado logra interrumpir los periodos presidenciales. Entre 1913 y 1927, los mandatarios llegan al poder por la vía de las votaciones,
pero en realidad aquellas no eran elecciones en sentido estricto, puesto que a la hora de los comicios sólo había un candidato.
En esas condiciones, los ciudadanos no tenían opción real de elegir aunque emitieran su voto.
Aquellos comicios, sin embargo, representan un avance con respecto a la forma tradicional de llegar al poder mediante golpes de Estado, que había imperado durante el siglo XIX.
Además, en esta época se constituyen por primera vez instituciones que sobreviven más allá de una campaña electoral.
Tanto el oficialista Partido Nacional Democrático, como el opositor Partido Constitucional comienzan a adquirir el carácter de permanentes.
Al iniciar las campañas, el partido en el Gobierno enfrenta a uno o dos partidos opositores con amplio respaldo popular. Pero unas semanas antes de las elecciones, los gobernantes maniobran para descarrilar a sus contendientes y despejar la ruta hacia Casa Presidencial.
El primer ensayo de democracia
En Centroamérica y El Salvador no era la excepción los presidentes gustan designar a sus sucesores. Para obtener el triunfo realizan cualquier tipo de argucia al momento de las votaciones populares.
Pío Romero Bosque llega a la silla presidencial el 1°. de marzo de 1927 precisamente con el brazo de apoyo de la familia Meléndez Quiñónez.
Sin embargo, Romero Bosque decide romper con esa práctica. En su mensaje del 1°. de marzo de 1930 anuncia la realización de elecciones presidenciales libres.
La novedad era tal que los primeros cinco candidatos se lanzan a la arena (Alberto Gómez Zárate, Miguel Tomás Molina, Enrique Córdova, Antonio Claramount y Maximiliano Hernández Martínez) se reúnen para discutir cómo llevar a cabo
la campaña electoral.
Arturo Araujo se incorpora hasta el 4 de julio de 1930, representando al Partido Laborista.
Gómez Zárate, por haber sido el ministro de Guerra de Pío Romero Bosque, era para todos el previsible ganador.
Ni el Presidente, ni el gobierno tienen ningún candidato oficial, aclaró Romero Bosque.
Además, llamó a las autoridades civiles y militares a no intentar influir en el ejercicio del sufragio y los resultados electorales. Y así fue.
El 15 de enero de 1931, dos días después de concluidas las votaciones que gana Arturo Araujo, Romero Bosque afirma que esta jornada quedará escrita con caracteres de relieve en las páginas de la Historia.
No se equivocó, pero tampoco se imaginó que ese primer ensayo de democracia terminaría en dictadura.
Poco antes de la medianoche del 2 de diciembre de 1931, un grupo de jefes y oficiales ataca desde el Primer Regimiento de Infantería el edificio de enfrente: Casa Presidencial. El presidente Araujo huye hacia Guatemala. Al día siguiente, un Directorio Militar de siete miembros
acusa a Araujo de haber abandonado el poder y nombra presidente interino a Maximiliano Hernández Martínez.
Desde entonces, la historia política del país comenzaría a escribirse con la pluma de los militares.
El martinato
Cuando Martínez deja el poder, en 1944, democracia es una palabra inexistente en el diccionario político salvadoreño. Y lo seguirá siendo hasta mucho tiempo después.
El martinato se divide en tres partes: De 1931 a 1935 Martínez completa el periodo de Araujo. En 1935, el dictador se elige para ocupar la silla presidencial hasta1939. Este año se emite una Carta Magna y la Asamblea reelige a Martínez para 6 años.
En 1944, una huelga ciudadana obliga al dictador a renunciar y deposita la primera magistratura en el general Andrés Ignacio Menéndez, primer designado de la presidencia.
En octubre de ese año, el coronel Osmín Aguirre y Salinas, vía golpe de Estado, sustituye a Menéndez.
Época de golpes
El 1°. de marzo de 1945, luego de unas elecciones amañadas, asume el general Salvador Castaneda Castro. Su presidencia concluye en 1948, también por golpe de Estado.
Un Consejo de Gobierno Revolucionario gobierna desde el 14 de diciembre hasta el 14 de septiembre de 1950, cuando toma posesión el teniente coronel Óscar Osorio, quien ganó las elecciones a través de Partido Revolucionario de Unificación Democrática
(PRUD).
En las elecciones de marzo de 1956 se impone el candidato prudista José María Lemus, sostenido por el Ejército y el Gobierno.
Cuatro años después, en 1960, el coronel Osorio, quien lo había designado como su sucesor, interviene en el golpe de los mayores que derroca a Lemus. En su lugar, el 26 de octubre de 1960, asume la Junta Revolucionaria de Gobierno.
El 25 de enero de 1961 hay otro golpe de Estado que lleva al poder al Directorio Cívico Militar. Éste convoca a una Constituyente y, después, a elecciones presidenciales. Además, abre otra vez el expediente del partido oficial, al crear el Partido de Conciliación
Nacional (PCN) a imagen y semejanza del difunto PRUD.
Los tiempos de conciliación
La época de oro del PCN la comienza Julio Adalberto Rivera cuando aprueba el sistema de representación proporcional y dirige una liberalización política.
De hecho, fue en este contexto que nace y se institucionaliza el Partido Demócrata Cristiano (PDC).
En tres rondas de elecciones municipales y legislativas (1964, 1966 y 1968), los partidos de oposición obtienen triunfos históricos. Las presidenciales de 1967 siguen un dictado distinto, con más ingredientes del pasado.
Fidel Sánchez Hernández asume el 1°. de julio de 1967 y termina el 1°. de julio de 1972.
El bipartidismo polarizante abrió un juego político más complejo, pero con un límite muy claro: lo que no se permite es la posibilidad de la alternancia. A la oposición se le da un espacio, incluso puede crecer dentro de la representación
proporcional y capturar el poder municipal; pero cuando este ascenso convierte a la oposición en candidato real a la mayoría, o al control del poder ejecutivo, la naturaleza estructural antidemocrática del sistema se vuelve patente y los mecanismos de fraude electoral
y represión política se vuelven abiertos y generalizados, arrinconando cualquier pretensión de apertura democrática., señala el político Rubén Zamora en un estudio titulado: Los Partidos Políticos en la posguerra.
La fórmula opositora para las elecciones del 20 de febrero de 1972, Guillermo Ungo y José Napoléon Duarte, gana las elecciones, pero el proceso se oscurece con diversas maniobras que posibilitan el fraude.
El viernes 25 de febrero se da como ganador al PCN y Arturo Armando Molina es juramentado como nuevo presidente por la Asamblea Legislativa. Termina su periodo en 1977 y le sucede Carlos Humberto Romero, quien es derrocado el 15 de octubre de 1979 por un grupo de militares jóvenes.
El último golpe
Romero sale del país rumbo a Guatemala. Con su partida termina la hegemonía del PCN el último partido de Estado y de la Fuerza Armada en el poder. Una vez tienen el poder en sus manos, publican una proclama de tono fuerte y nombran una Junta Revolucionaria
de Gobierno para que asuma el poder.
La proclama anuncia un programa de reformas que comienza con el compromiso de para la violencia y la corrupción. La primera medida concreta es disolver la temida ORDEN, la organización paramilitar creada en la década anterior como mecanismo de control político.
Además, el respeto a los derechos humanos, amnistía para los reos, libertad de organización y expresión.
En la última parte anuncia una vez más una reforma agraria, esta vez acompañada de otra reforma al sector financiero y programas de desarrollo y empleo.
En una asamblea de oficiales se designa a los miembros de la Junta: el coronel Adolfo Arnoldo Majano Ramos, respetado por sus principios democráticos; y el coronel Jaime Abdul Gutiérrez, unos de los tres cabecillas del golpe.
Los civiles incorporados son el doctor Guillermo Manuel Ungo, en representación del Foro Popular, el ingeniero Román Mayorga Quirós, allegado al clero; y Mario Antonio Andino, quien es escogido entre una terna de propuestas de la Asociación Nacional de la Empresa
Privada (ANEP).
Esos cinco hombres forman un gabinete al que se incorporan reconocidos profesionales. Tanto es así que el derrocamiento de Romero es para algunos el Golpe de la Intelectualidad.
Elecciones bajo fuego
El 28 de marzo de 1982 se celebran elecciones generales para integrar una Asamblea Constituyente. Como todo lo que ocurre en el país, los comicios están llenos de anormalidades. En 65 municipios, la cuarta parte del total, no hubo votaciones.
De todas formas, esos comicios son la antesala de la Asamblea Constituyente. El 15 de diciembre de 1983, los 60 diputados le ponen su firma a la nueva Constitución.
Tres meses después se celebran las elecciones presidenciales. Esta vez, el proceso tiene mayores contorles, aunque ese día no hay transporte ni energía eléctrica.
Ocho candidatos compiten por la silla presidencial, pero dos son los contendientes centrales: José Napoleón Duarte y Roberto d'Aubuisson.
La segunda ronda es necesaria, proque ninguno de los dos obtiene mayoría. Duarte es el triunfador en una competencia reñida.
José Napoleón Duarte se convierte, el 1° de junio de 1984, en el primer presidente del país elegido sin la mancha del fraude, después de más de 50 años.
El desgaste del PDC durante su gestión favorece al partido ARENA, fundado a inicios de los 80 como el primer partido creado directamente por el empresariado de la oposición. En 1988, este instituto político se toma el control de la Asamblea Legislativa y, en 1989,
el del Ejecutivo con la victoria de Alfredo Cristiani.
La plena democracia
Luego de la firma de los Acuerdos de Paz de en 1992, El Salvador vive la transformación política más radical de este siglo. Primero, se desmonta la estructura autoritaria dominada por los militares; en segundo lugar, se crean instituciones prácticas y democráticas,
mientras que las elecciones se instituyen como mecanismo efectivo de acceso al poder.
En 1984, Duarte se convirtió en el primer presidente electo en comicios libres. Cinco años después, Cristiani se convertiría en el primer presidente de la oposición en ganar unas elecciones cuyo resultado se respetó.
Pero no es sino hasta en la década de los noventa, con la incorporación de la ex guerrilla del FMLN, que el sistema se abre a la participación de todas las fuerzas del espectro político y las elecciones terminan de instituirse como el mecanismo legítimo
de acceso al poder.
En las primeras elecciones de la posguerra Armando Calderón Sol, candidato de ARENA, se enfrenta a Rubén Zamora, respaldado por la coalición FMLN-CD-MNR,
El 20 de marzo de 1994, un millón 300 mil salvadoreños el 40 por ciento de los aptos para votar se vuelca a las elecciones del siglo. Calderón Sol obtiene la victoria, sin embargo, no logra conseguir los votos necesarios para ganar en primera vuelta.
El 24 de abril, Armando Calderón Sol duplica el porcentaje de votos obtenido por Rubén Zamora y el electo presidente para el periodo 94-99.
Esta administración se dedica a darle cumplimiento a los acuerdos pactados y a comenzar la reconstrucción.
En 1998, el entonces presidente de la Asamblea Legislativa, Francisco Flores, anuncia el lanzamiento de su precandidatura presidencial por el partido ARENA, ante la sorpresa de diferentes sectores.
Con el 51.3 por ciento de los votos, Flores es electo presidente en primera vuelta el 7 de marzo de 1999. Los Acuerdos de Paz están cumplidos, pero el crecimiento experimentado por la economía a principios de la década de los noventa se ha enfriado.
Fuente: Enfoques del Siglo, publicación de LA PRENSA GRÁFICA realizada durante 1999.
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