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Febrero 3. Luego de hacer público el nombre de la obra y del ganador del certamen de novela convocado por Alfaguara, abordamos a uno de los jurados. Miguel Huezo Mixco, que fue cabeza de la Dirección de Publicaciones e Impresos, conocedor de la realidad literaria nacional
y jurado del certamen Letras Nuevas convocado por LA PRENSA GRÁFICA.
Se ha supuesto que la narrativa no es el fuerte de nuestra literatura, pero con 62 novelas en un concurso, algo habrá que precisar, ¿usted dirá?
La mayor parte de esas 62 obras eran de pocos méritos. Se escogieron sólo nueve finalistas. Entre ésas, fueron tres las que el jurado consideró más meritorias. Lo que te digo es que el conjunto de 62 novelas es valioso como fenómeno, no las novelas
en sí. Hay 62 personas que dedican tiempo a la literatura: hay interés por tomar la literatura como opción de vida.
¿De qué fechas son estas novelas?
Una novela no se improvisa. Me imagino que son novelas que se han venido preparando y depurando durante los últimos tres años y que ahora con el certamen vieron la ocasión de presentarlas.
¿Cómo calificarías el nivel técnico de las que llegaron a finalistas?
Un par de las finalistas, junto con la ganadora, fueron las que a mí me parecieron relevantes. Hay una novela por la que tuve particular simpatía durante el proceso. Esta boca es mía, de Edwin Ernesto Ayala, es escrita con la técnica del monólogo
interior, con un lenguaje depurado, no muy fácil de leer, pero sí con un buen ritmo interno; me pareció una de las mejores novelas. Yo creo que ahí tenemos un escritor en ciernes.
De los cinco finalistas, sólo el ganador es un escritor reconocido, los demás son gente nueva en el panorama; uno se espera más nombres conocidos en estos eventos. ¿La situación podría indicar algo en particular o sólo ha sido coincidencia?
La impresión que tengo es que los escritores connotados no participaron, probablemente consideraron el premio local o de bajo perfil, o bien no tenían obra preparada, o simplemente no quisieron participar. Por otra parte, un premio así se dedica a los noveles escritores.
Pero es significativo que no hayan participado los otros.
¿Se conoció la identidad de todos los participantes o solamente de los nueve finalistas?
Sólo de los nueve.
Pudieron haber participado los connotados...
Sí, es curioso, porque a lo mejor los más nuevos les ganaron a los más veteranos. Aunque yo lo que me atrevo a decir es que estuvieron ausentes.
Los certámenes sirven como vitrina para exhibir obras nuevas, ¿cree que éste tenga resonancia en la escena editorial nacional?
En el país el mundo editorial es un embudo muy estrecho, creo que no hay capacidad editorial, ni capacidad en el mercado para apropiarse de la producción literaria que se tiene. En ese sentido, El Salvador no sólo exporta mano de obra, es un exportador de talento literario,
pues la mayor parte de autores reconocidos, o que están obteniendo reconocimiento, publican fuera del país.
¿Es un problema de capacidad o de interés?
Sí hay interés, pero no hay capacidad económica para absorber lo que se ofrece. Además, el mercado para la literatura nacional no puede soportar la presencia de un grupo de novelistas activos. Este fenómeno habla justamente de la situación del país,
de nuestra economía. Los libros no son un fenómeno exclusivamente literario, tiene que ver con el tipo de país que tenemos.
En cuanto a los géneros literarios, y partiendo del hecho de que las vanguardias se apropian en las sociedades más leídas, ¿qué tan versátil ha sido el uso y el manejo de géneros en este certamen?
Estamos en una corriente muy latinoamericana, y en esto encontramos tanto a Horacio Castellanos Moya como a Roberto Bolaño, que tienen que ver con los temas y las problemáticas latinoamericanas insertadas en el mundo desarrollado. Estamos en esa tendencia, no nos hemos desfasado
tanto, y si así fuera no me preocuparía tanto, cada quien le habla a su mujer con el lenguaje que tiene.
¿Y la guerra?
La gran novela de la guerra la tenemos que esperar todavía, tenemos muchas novelas de la guerra, pero posiblemente habrá que esperar más distanciamiento para poder producir la novela en la que el país pueda reconocer parte de su dolor y de su esperanza.
¿Se le está transmitiendo a los jóvenes la idea de que dedicarse al oficio de escribir puede resultar gratificante?
No lo creo, nunca ha sido así, y nunca será así. La literatura es una actividad que no tiene que esperar ese tipo de estímulo. Sin duda hay varios signos positivos. Estamos viendo este año buenas iniciativas, pero el país no tiene la capacidad de
satisfacer las demandas de los artistas. Es un problema de nación, atender la imaginación y la creatividad.
¿Cuál será el impacto principal de este premio Alfaguara?
Que la novela de un salvadoreño tendrá la oportunidad de entrar en un proceso editorial de forma rápida y con distribución internacional asegurada, lo que la hará una vitrina hacia la novelística nacional. Me parece que es un premio importante,
pero también la obra por sí sola tiene que defenderse.
¿Y cuando alguien diga: ¡Siempre ganan los mismos!?
Yo les diría que no es del todo cierto. David Hernández es la primera vez que gana un certamen. Hubo un jurado profesional que trabajó con los criterios de selectividad, imparcialidad y calidad. Pero el que entre los finalistas se encuentren novelas de autores noveles
debe sugerir la necesidad de abrir certámenes complementarios, específicos para la obra naciente.
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