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Febrero 4. El talento literario de Mariano Enrique Guzmán y de Elena María Salamanca quedó reconocido públicamente al haber sido seleccionados como finalistas en el más reciente certamen de novela promovido en El Salvador.
La noticia se dio a conocer el lunes pasado, cuando se anunció al ganador único del certamen, el escritor David Hernández, y a los cuatro finalistas.
De estos últimos, LA PRENSA GRÁFICA conversó con Mariano y Elena, los jóvenes autores de “Vértigo” y “Pan y leche”, para hablar sobre su adicción a la literatura y sobre cómo surgieron estas novelas que ahora los lanzan públicamente
al mundo de las letras salvadoreñas.
[Elena Salamanca]
La literatura como motor de vida
Tiene 21 años, es bajita, blanca y con un rostro pecoso, y usa frases cortas para presentarse: Me llamo Elena Salamanca, tengo 21 años y estoy confusa.
Es una escritora abundante: cuentos, artículos, investigaciones biográficas, relatos y escenas sueltas llenan sus archivos. Dedica mucho tiempo a escribir y a leer. Ha aprovechado muy bien el tiempo desde que aprendió a leer: Aprendí a leer a los tres
años, pero leo literatura desde los nueve. Mi mamá tiene la culpa, me compraba muchos libros.
Lo de escribir llegó después. Me di cuenta de que iba a escribir toda la vida a los 13; fue una etapa fea, intensa, escribía poemas y poemas, muchas incoherencias. Incluso me deprimía, porque no me sentía igual a los demás. Pero desde los
nueve años entendí que mi vida se iba a vincular a la palabra escrita.
Entonces le interrogo sobre la subsistencia material. La joven escritora lo tiene claro: Quiero vivir escribiendo, pero no sé si voy a comer de lo que escriba. Me alimenta escribir, pero no fisiológicamente. Por eso no estudié Letras ni me quedé sólo
viendo el mundo para escribir. Me busqué una carrera y una universidad porque a mí no me gusta la vida precaria. Además, también quiero hacer otras cosas, aunque el motor de mi vida es la literatura.
Escribo por mí, porque soy Elena
Háblanos un poco sobre Pan y leche, tu novela finalista.
La escribí en un mes. Había días en que no escribía nada, había otros en que sólo transcribía lo que escribía cuando iba en el bus o estando en clases ; y a veces no iba a la universidad, porque tenía que quedarme escribiendo
o porque me había desvelado, porque en la madrugada se me ocurrían las cosas y tenía que empezar a escribir.
¿Cómo surgió la novela?
En enero de 2003, una noche estando acostada, se me ocurrió el inicio de una novela, la que llegaría a ser Pan y leche, la escena en donde una periodista se encuentra con un desaparecido, la escribí, y ahí la dejé. Después, ya era mayo,
leí un libro de la Operación Cóndor (texto sobre la guerra sucia en Argentina), y leyendo el libro llegué a un punto en que lo tiré y me fui a escribir otra escena, porque así escribo yo, por escenas. Entre el 25 de mayo y junio, ya no escribí
nada. El 15 de septiembre empecé a transcribir lo que tenía y, prácticamente, desde esa fecha hasta el 15 de octubre, que tenía que entregarla para el concurso, la completé.
¿Por qué Pan y leche?
Es que la leche y el pan por separados me parecen insípidos, me gustan más juntos.
¿Cómo ves el panorama de los artistas en el país?
Procuro no pensar que estoy en El Salvador. Sé que vivo aquí, y me gusta mi país, pero no me gusta pensar: Púchica, en El Salvador no se puede hacer arte, o pensar que porque soy salvadoreña no podré publicar, o que tengo que escribir
sobre torturados, o que estoy condenada a ser mediocre, y que aquí no me van a apoyar. Todo eso me vale. Escribo por mí, porque soy Elena, no porque sea salvadoreña. Si alguna vez algo me limita, voy a ser yo.
[Mariano Guzmán]
Vértigo literario
Llámese afición a los poemas o a los cuentos cortos, lo cierto es que fue a los 13 años, cuando la mayoría de los adolescentes piensa en fiestas y juegos, que Mariano se comenzó a interesar por la literatura.
Apenas estudiaba octavo grado y ya surgía en sus cuadernos uno que otro verso o pequeñas historias con un estilo que puliría más tarde, a su llegada a la universidad.
Entró a la Universidad Dr. José Matías Delgado; se inscribió en Ciencias Jurídicas en 1995. Meses antes de su ingreso, un grupo de jóvenes fundó el taller literario Tecpan en la Matías.
Allí comenzó a trabajar en serio con las letras y dejó volar su imaginación. Comenzó a escribir poesía, cuentos cortos y novelas. Con nueve años de ejercicio, probó suerte en el premio nacional de novela Embajada de España-Alfaguara,
y su esfuerzo se vio recompensado: fue uno de los cuatro finalistas.
Vértigo, la novela concursante, es una historia ficticia que, como él explica, no tiene una estructura lineal. No es cronológica, pero ésa era mi intención. No quería una novela donde hasta es posible que el lector la haga de vidente
y adivine el final, expresa.
La idea de comenzar el relato surgió a raíz de una de esas bromas que a diario circulan por el correo electrónico. La broma llegó a Mariano y, al leerla, tuvo la certeza de que ésa sería una excelente base para una novela. Y así fue.
Durante 11 meses hizo y deshizo capítulos, se dedicó a escribir diariamente, a corregir y editar su obra, a discutirla con sus compañeros de Tecpan y a tomar ideas de sucesos cotidianos que, con el tiempo, le fueron dando cuerpo a Vértigo.
El argumento, como asegura su autor, está compuesto de dos historias que en determinado momento se entrecruzan, con personajes completamente ficticios (entre humanos y posibles androides) que trabajan en una agencia de detectives y que se enfrentan a situaciones extraordinarias,
por supuesto, sin faltar las dosis de romance, erotismo y sexo que la vuelve más interesante.
Una de las interpretaciones que quizás se le daría a la novela es que trata sobre la amoralidad, porque los personajes no se guían por la moralidad, ellos viven y hacen lo que les parece correcto, afirma el autor, y añade: Pero al final es sólo
una historia.
Estos concursos siempre dejan algo positivo
¿Qué te motivó a participar en el certamen de novela?
La verdad... es que no iba a participar. Traté de justificarme por qué lo iba a hacer y la única justificación era que había dos mil dólares y la publicación del libro. Pero, al final preparé dos novelas (porque participé con
dos) y las envié.
¿Qué opinas sobre este tipo de certámenes?
Creo que estos concursos siempre dejan algo positivo. Estos certámenes pueden ser incentivo, no para los que participan, sino para los que pretenden hacerlo y todavía no se deciden.
¿Crees que con este tipo de concursos se está abriendo el espacio que la novela no ha tenido últimamente?
En parte sí. La primera vez que había oído de un concurso especializado (de novela) fue cuando lo organizó la casa de la cultura del centro, de San Salvador, hace como dos años. Ya con el hecho de que en el certamen haya tres o cuatro personas en un jurado
y que lean tu obra es importante.
¿Habías participado antes en otros concursos literarios o tenías alguna publicación?
No, nunca había participado en concursos. Con Tecpan publicamos un libro, en 2000. Fue una antología, tenía seis poemas de cada integrante y se editó con la editorial Delgado. Luego, varios de nosotros (del grupo) fuimos incluidos en la antología de Ricardo
Lindo, Alba de otro milenio.
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