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Talento literario en San Juan Opico
Un sondeo por algunos municipios del interior nos hace descubrir que el talento literario se halla disperso por todo el país.


Pulso a
Mariano Enrique

El cuento tiene presencia

De los siete alumnos del Instituto Nacional de San Juan Opico, tres escriben solamente cuento.

José Selvin Orellana, Sergio Manuel Franco y Ligia Guadalupe Lovos, del tercer año de bachillerato, prefieren la prosa al verso.

Para ellos la exploración en la literatura comenzó con una tarea requerida por el maestro de Literatura y Lenguaje. A todos se les pidió escribir un cuento y al siguiente día leerlo ante la clase.

Por votación fueron seleccionados los textos de José. Sergio y Ligia participaron luego en el certamen de cuentos y resultaron entre los primeros lugares.

“El negocio de los derechos” “El destino” y “El dinero no lo es todo en la vida” fueron las obras concursantes, respectivamente. La primera aborda el tema de los gobiernos que ignoran las necesidades vitales de sus pueblos; la segunda, sobre un padre y un hijo que se reencuentran, y la tercera, sobre la avaricia en el ser humano.

Hasta ahora, ninguno de los tres alumnos ha optado por escribir más, pero sí están conscientes de que este género literario es el que más les gusta, y por ello continuarán haciendo más intentos narrativos.

Febrero 9. Lucían uniformes impecables, a excepción de los zapatos, un tanto empolvados.

A simple vista parecían solamente siete alumnos y alumnas del Instituto Nacional de San Juan Opico, La Libertad, pero al hablar con todos nos dimos cuenta de que son siete literatos en potencia.

En sus cuadernos gastados, algunos portaban grandes tesoros: sus poemas; mientras que otros, sólo llevaban una hoja con algún poema con el que participaron en un certamen escolar el año pasado.

Muy seguros se presentaron en la Casa de la Cultura del municipio para conversar con nosotros sobre ese talento que casi a diario desbordan sobre hojas en blanco y que, por el momento, no hallan que hacer con él.

La mayoría de ellos oscila entre los 17 y 21 años y son estudiantes de segundo y tercer año de bachillerato técnico, específicamente, de contaduría.

Hablan de autores nacionales como Salarrué o Alfredo Espino como sus principales ejemplos a seguir. Y es que la falta de apoyo para sus metas literarias y los escasos recursos económicos no permiten que tengan acceso a la literatura internacional, ni siquiera a través de Internet, pues sólo existe un lugar en todo el municipio donde pueden navegar, pero hacerlo sería un lujo para ellos.

La razón de escribir

Durante la conversación con ellos descubrimos que algunos comenzaron a escribir gracias a una iniciativa del instituto al convocar a los alumnos a un certamen de poesía y cuento.

Disnarda Guillén Ramírez, de 17 años, había comenzado escribir desde antes. Pero en el certamen del instituto ganó el primero lugar en poesía con el poema “Las drogas” . En él, Disnarda hace ver a los jóvenes el futuro que les espera al consumir estupefacientes.

La joven no recuerda a ciencia cierta a qué edad comenzó a interesarse por la poesía. Confiesa que le gusta escribir versos románticos, pero muchos de sus poemas están orientados a hablar de los problemas sociales, sobre todo en la juventud.

Este mismo tema gusta a Antonia Abigail Rivera, de segundo año de bachillerato, la más veterana de todos en las letras.

Sus inicios se remontan a los 12 años. A esa edad, recuerda, tuvo un problema familiar grave, el cual le hizo volcarse a las letras para vaciar lo que en ese momento sentía.

Ahora ya cuenta con varios poemas, la mayoría de ellos, asegura, con crítica social. En su poema “El mundo del egocentrismo” hace referencia a los jóvenes que toman un mal camino sin importarles el daño que causan a sus familiares y amigos.

Si admira a algún poeta nacional es a Alexander Campos. “Me gusta su estilo porque escribe poemas de amor y critica también a la sociedad.”

De terremotos y guerras

Pero los chicos no se quedan atrás. Los temas sociales y el romanticismo encuentran un canal para transmitirse a través de la poesía de ellos.

Para no ir muy lejos, Elmer Antonio Ruiz, también de segundo año de bachillerato, participó en el certamen del instituto con un poema dedicado a todos aquellos combatientes en la guerra de Iraq. “Lo hice pensando en todas aquellas familias que vieron partir a sus hijos hacia una guerra donde ellos no tenían por qué luchar”, asegura.

Este poema le valió el segundo lugar en el concurso, a pesar de tener poco tiempo escribiendo, pues sus primeros poemas son de enero de 2001, cuando el terremoto de esa fecha le hizo exteriorizar el impacto que causó en él.

Oswaldo Pineda —un ex alumno del instituto, de 24 años y quien ahora trabaja de operario en la zona franca Pipil— es otra de las plumas jóvenes del municipio. La poesía y la novela son sus géneros favoritos. De hecho, tiene escritas dos novelas y una tercera a la mitad.

Entre los autores que ha leído y que han influido en su pasión por las letras están Edgar Allan Poe, Jean Paul Sartre, Giovani Bocaccio, Pablo Neruda y Roque Dalton. Es precisamente de Dalton de quien retoma un poco el estilo en su poema “Y me volveré loco”, una visión de cómo un ser humano inmerso en una dura realidad (sin posibilidades económicas, sin estudio y sin esperanzas) está a punto de perder la cordura y hasta la vida.

Todos estos potenciales escritores ven la literatura como el medio más idóneo para dirigirse a los demás, sea cualquiera el género a usar, pero también están conscientes de que necesitan más incentivos –como certámenes locales– para dedicarse de lleno a las letras. Ellos desean aprender, conocer más sobre la literatura universal y técnicas narrativas, pero muchos se defraudan antes de tiempo, pues no saben si tendrán siquiera la oportunidad de realizar estudios universitarios. Antonia lo resume muy bien: “Mi familia quisiera que después del bachillerato estudiara Literatura en la universidad, pero yo les digo que no, que después de salir voy a trabajar para ayudarles. Más adelante veré si ingreso o no”.