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LETRAS JÓVENES. Natalie, Krisma, Tere y Gerardo son cuatro de los integrantes de los talleres literarios que se realizan en la Casa del Escritor, en los Planes de Renderos.
Por amor a la poesía
Francisca Guerrero
cultura@laprensa.com.sv

Seis jovencitos integrantes del taller literario de la Casa del Escritor se reúnen cada fin de semana en este centro cultural. Su meta: ser poetas.


Febrero 12. La Casa del Escritor, Los Planes de Renderos. Domingo por la tarde. Una fresca brisa y alegres risas juveniles le dan vida al recinto.

Como en el pasado, cuando era la casa de Salarrué y recibía a muchos intelectuales, en el presente la misma casa recibe a jóvenes promesas de la literatura, que se reúnen para discutir sus textos y aprender sobre cómo elaborarlos.

Son siete los miembros del taller literario que dirige el escritor Rafael Menjívar y que se hallan en plena formación. De éstos, seis tienen entre 15 y 25 años: Natalie Yamileth Castillo, Tere Andrade, Gerardo Alexander Chávez, Vilma Osorio, Nancy Gutiérrez y Krisma Mancía.

Conversan con entusiasmo sobre su experiencia en el taller y sus más recientes creaciones, que depuran y trabajan a conciencia los fines de semana en este punto de encuentro.


Proceso de evolución

Krisma es la primera en hablar. Ella califica su experiencia dentro del taller —que casi alcanza los dos años— como todo un proceso evolutivo de su obra. “Estar aquí me ha enseñado a manejar mejor el lenguaje, he aprendido mucho y me he comunicado con las personas a través de la poesía. Eso es una gran satisfacción para mí.”

Tere, de 19 años y estudiante de comunicaciones en una universidad privada, opina que ha aprendido muchísimo, ya que no sólo se trabaja la poesía, sino otras ramas literarias como la novela y la dramaturgia.

“En lo particular, (el taller) me ha ayudado a crecer en la poesía, a valorar lo que escribo. He aprendido a tener disciplina, a mantenerme constante en el trabajo, he conocido personas. Es un proceso constante de aprendizaje y evolución”, asegura Tere.

Otra miembro del taller es Natalie, de apenas 15 años, pero quien desde que comenzó a escribir (alrededor de los nueve años) tuvo el privilegio de que el escritor Álvaro Menéndez Leal revisara sus trabajos, todo gracias a que fueron vecinos.

“Yo escribía cosas pequeñas y se las llevaba a Álvaro para que las revisara. A veces me calificaba con 10, o me decía qué cosas tenía que mejorar, pero nunca pensé en ser poeta de verdad, hasta ahora”, expresa.


Cambios en el estilo

“La era del llanto” fue el primer poemario de Krisma. Un trabajo que ella misma califica de elevado y complejo, con uso de muchas imágenes, lenguaje rebuscado y con una temática que intentó abordar los inicios de la vida o, incluso, intentos suicidas.

Dos años después, la misma autora de “La era del llanto” indica que ha decidido cambiar su estilo. Lo que hoy busca es expresarse a través de un lenguaje sencillo, claro y con temas cotidianos. Sus más recientes poemas, asegura, hablan, por ejemplo, de los diferentes oficios que una persona puede realizar a diario.

El más joven del taller es Gerardo. Su gusto por la poesía viene desde la infancia y, además, es lo que más escribe. A él le gusta que el lector de sus poemas obtenga una interpretación completamente diferente a la que él le dio a los versos.

“Lo que quiero (con mi poesía) es quizás dar una especie de mensaje, que las personas se identifiquen con el poema, que entiendan algo diferente a lo que yo escribí, es algo que creo que sólo lo puedo alcanzar con la poesía y no con otro género literario”, asegura el menor del grupo.

A Tere el taller también le ha hecho cambiar el estilo literario. Antes solía escribir poemas “claustrofóbicos”, dice, y eso ahora lo adjudica al momento que anteriormente vivía.

“Hablaba mucho sobre la muerte, la soledad, eran cosas muy introspectivas, oscuras, bastante deprimentes.”

Sin embargo hoy, se esfuerza más por expresar lo que observa a su alrededor: “Ahora veo lo nuevo, lo que está fuera, lo que pasa a diario en la calle. Ahora escribo lo que siento y me provoca escribir también sobre lo que otras personas sienten”, asegura.

Y, en palabras de Rafael Menjívar, el director, cada uno de los jóvenes está escribiendo temáticas acordes a su edad.

“La diferencia quizás es que lo están haciendo con una técnica cada vez más depurada, no sólo hablan de sus problemas o de las cosas que les preocupan, hay ocasiones en que la técnica (usada en sus trabajos) de algún modo supera sus edades y temáticas.”