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Por amor a la
poesía
cultura@laprensa.com.sv
Seis jovencitos integrantes del taller literario
de la Casa del Escritor se reúnen cada fin de semana en este
centro cultural. Su meta: ser poetas. |
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Febrero 12.
La Casa del Escritor, Los Planes de Renderos. Domingo por la tarde.
Una fresca brisa y alegres risas juveniles le dan vida al recinto.
Como en el pasado, cuando era la casa de Salarrué
y recibía a muchos intelectuales, en el presente la misma casa
recibe a jóvenes promesas de la literatura, que se reúnen
para discutir sus textos y aprender sobre cómo elaborarlos.
Son siete los miembros del taller literario
que dirige el escritor Rafael Menjívar y que se hallan en plena
formación. De éstos, seis tienen entre 15 y 25 años:
Natalie Yamileth Castillo, Tere Andrade, Gerardo Alexander Chávez,
Vilma Osorio, Nancy Gutiérrez y Krisma Mancía.
Conversan con entusiasmo sobre su experiencia
en el taller y sus más recientes creaciones, que depuran y
trabajan a conciencia los fines de semana en este punto de encuentro.
Proceso de evolución
Krisma es la primera en hablar. Ella califica
su experiencia dentro del taller —que casi alcanza los dos años—
como todo un proceso evolutivo de su obra. “Estar aquí me ha
enseñado a manejar mejor el lenguaje, he aprendido mucho y
me he comunicado con las personas a través de la poesía.
Eso es una gran satisfacción para mí.”
Tere, de 19 años y estudiante de comunicaciones
en una universidad privada, opina que ha aprendido muchísimo,
ya que no sólo se trabaja la poesía, sino otras ramas
literarias como la novela y la dramaturgia.
“En lo particular, (el taller) me ha ayudado
a crecer en la poesía, a valorar lo que escribo. He aprendido
a tener disciplina, a mantenerme constante en el trabajo, he conocido
personas. Es un proceso constante de aprendizaje y evolución”,
asegura Tere.
Otra miembro del taller es Natalie, de apenas
15 años, pero quien desde que comenzó a escribir (alrededor
de los nueve años) tuvo el privilegio de que el escritor Álvaro
Menéndez Leal revisara sus trabajos, todo gracias a que fueron
vecinos.
“Yo escribía cosas pequeñas y
se las llevaba a Álvaro para que las revisara. A veces me calificaba
con 10, o me decía qué cosas tenía que mejorar,
pero nunca pensé en ser poeta de verdad, hasta ahora”, expresa.
Cambios en el estilo
“La era del llanto” fue el primer poemario
de Krisma. Un trabajo que ella misma califica de elevado y complejo,
con uso de muchas imágenes, lenguaje rebuscado y con una temática
que intentó abordar los inicios de la vida o, incluso, intentos
suicidas.
Dos años después, la misma autora
de “La era del llanto” indica que ha decidido cambiar su estilo. Lo
que hoy busca es expresarse a través de un lenguaje sencillo,
claro y con temas cotidianos. Sus más recientes poemas, asegura,
hablan, por ejemplo, de los diferentes oficios que una persona puede
realizar a diario.
El más joven del taller es Gerardo.
Su gusto por la poesía viene desde la infancia y, además,
es lo que más escribe. A él le gusta que el lector de
sus poemas obtenga una interpretación completamente diferente
a la que él le dio a los versos.
“Lo que quiero (con mi poesía) es quizás
dar una especie de mensaje, que las personas se identifiquen con el
poema, que entiendan algo diferente a lo que yo escribí, es
algo que creo que sólo lo puedo alcanzar con la poesía
y no con otro género literario”, asegura el menor del grupo.
A Tere el taller también le ha hecho
cambiar el estilo literario. Antes solía escribir poemas “claustrofóbicos”,
dice, y eso ahora lo adjudica al momento que anteriormente vivía.
“Hablaba mucho sobre la muerte, la soledad,
eran cosas muy introspectivas, oscuras, bastante deprimentes.”
Sin embargo hoy, se esfuerza más por
expresar lo que observa a su alrededor: “Ahora veo lo nuevo, lo que
está fuera, lo que pasa a diario en la calle. Ahora escribo
lo que siento y me provoca escribir también sobre lo que otras
personas sienten”, asegura.
Y, en palabras de Rafael Menjívar, el
director, cada uno de los jóvenes está escribiendo temáticas
acordes a su edad.
“La diferencia quizás es que lo están
haciendo con una técnica cada vez más depurada, no sólo
hablan de sus problemas o de las cosas que les preocupan, hay ocasiones
en que la técnica (usada en sus trabajos) de algún modo
supera sus edades y temáticas.”
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