| Febrero 27.
Las promesas son palabras, y la literatura es
la promesa cumplida de las palabras. En El Salvador, el cumplimiento
de las promesas a la literatura se ha deletreado muy lentamente.
La salud literaria de un país no sólo
se refleja en la cantidad y calidad de sus escritores, sino también
en la cantidad y calidad de sus lectores. Los síntomas en
El Salvador han sido delicados: se lee poco, y como se publica también
poco, y a pocos, no sabemos con exactitud ni cuántos escriben,
ni cómo.
Para ilustrar: entre la Dirección de Publicaciones
e Impresos (editorial del Estado) y la editorial de la Universidad
Centroamericana José Simeón Cañas, arman un
catálogo con un aproximado de 320 títulos, repartidos
entre todos lo géneros, desde 1993. Esto significa un promedio
de 22 libros por año, entre clásicos y contemporáneos
ya famosos. Los autores jóvenes y nuevos talentos
no caracterizan a estas editoriales, que son las más grandes.
Letras nuevas
A escribir se aprende leyendo. Esta
es la frase pedagógica más utilizada por los que asumen
la tarea de educar en literatura.
A sabiendas de tal axioma, LA PRENSA GRÁFICA
quiere desempeñar un rol activo en las aventuras sobre papel
y ofrece el cause idóneo para darle salida a la nueva obra.
El certamen literario Letras Nuevas busca proyectar el trabajo de
escritores menores de 24 años. Un reconocimiento económico
y la publicación de la obra en nuestras páginas son
algunos de los estímulos ofrecidos, aparte del juicio orientativo
de un exigente jurado.
Aparte de este incentivo y con el afán de
recetar buenas dosis de información literaria a los lectores,
LA PRENSA GRÁFICA tuvo un enviado especial en Madrid, España,
durante el anuncio del Premio Internacional de Novela Alfaguara
2004.
Otro aporte del periódico hacia la literatura
será el lanzamiento del coleccionable El mes del autor
en nuestra Revista Dominical, también con el apoyo de Editorial
Santillana, en el cual se publicarán tanto cuentos como perfiles
y entrevistas de autores nacionales y extranjeros.
Deletreando optimismo
Una librería por aquí, una editorial
por allá, una buena novela, un cuentista revelador, una poeta
original y buenos certámenes: todos son paliativos, como
cucharadas medicadas para que un enfermo se vaya sintiendo mejor
y, de hecho, mejora.
De cara al mundo, la influyente Editorial Alfaguara,
publicó A-B Sudario, de Jacinta Escudos, y Los
centroamericanos, con cuentos de Alfonso Kijadurías,
Claudia Hernández y Horacio Castellanos entre otros .
David Hernández es el próximo salvadoreño
en pasar por las prensas de Alfaguara con su novela Berlín
años guanacos, ganadora del Primer Certamen Nacional
de Novela convocado por Alfaguara.
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La cuestión del producto editorial
La Dirección de Publicaciones e Impresos (editorial nacional)
ha publicado en los últimos 14 años, según
su portal en internet, 266 libros en diferentes colecciones de literatura
nacional, biografía y ensayos académicos e históricos.
La editorial del Estado destaca su esfuerzo con
la Biblioteca Básica de Literatura Salvadoreña,
en la que se publicaron 30 títulos claves de la literatura
de El Salvador, entre 1996 y 1998. Esta colección abarca
a los escritores nacidos entre 1863 y 1940. Según la DPI,
esta colección significó la puesta en circulación
de alrededor de un millón de libros.
Otra de las más importantes editoriales
nacionales es la de la Universidad Centroamericana José Simeón
Cañas, que en su catálogo de 2003 ofrece 58 libros
dedicados a la literatura nacional, entre testimonios, cuentos,
novela y poesía. Esta casa es la que da mayor cobertura editorial
a la obra de Roque Dalton.
Otras, como Editorial Universitaria (de la UES),
Istmo Editores, Roxsil y Arcoiris también realizan importantes
esfuerzos.
Pero no sólo editoriales nacionales han
dedicado oficio a autores salvadoreños. Las editoriales españolas
Tusquet y Casiopea han publicado obras de Horacio Castellanos Moya.
Espasa Calpe recientemente publicó una biografía de
Alfonsina Storni de la salvadoreña Tania Pleitez.
Muchas librerías han ido creciendo y ampliando
su oferta, de modo que el acceso a la literatura internacional es
cada vez menos difícil, aunque aún no se supera el
fenómenos de los best seller, como se puede verificar en
los catálogos de librerías como La Casita, La Ceiba
o Librería UCA.
Lo bueno es que en todas puede verificarse
la presencia de autores nacionales.
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