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Poesía con sello de Añil
Francisca Guerrero
cultura@laprensa.com.sv

Un taller se esfuerza desde hace cinco años por detectar el talento literario de los jóvenes de La Palma, en Chalate.

“Me despojo”
Me despojo de mi vida para vivir mi poesía.
Me despojo de toda materia y fantaseo en el amanecer de un papel

Me despojo de mis sueños y vuelvo a nacer como un poema acechado por los espíritus errantes de viejos y tristes versos. El Conde de Montecristo.

Las reuniones se realizan cada tarde de lunes. Diez jóvenes acuden puntualmente a la cita en el Instituto Nacional de La Palma, en Chalatenango. Entre alumnos, ex alumnos y particulares integran el taller literario Añil, que está por cumplir cinco años.

Fue en 1999 cuando se formó con apenas cuatro miembros, de los cuales sólo el poeta Pedro Valle insiste en darle continuidad.

La mayoría tiene entre 16 y 19 años. Los más veteranos llevan tres años en el taller y tratan de incentivar a los más nuevos, que apenas llevan un mes y medio.

Los visitamos hace un par de semanas, cuando los vientos y el frío estaban haciendo de las suyas en la ciudad de artesanos más conocida del país, charlamos un buen rato y escuchamos los poemas de algunos “añileros”. Así transcurrió el tiempo, entre anécdotas, poesía y sueños juveniles.


Diferentes estilos

Sus nombres son Glendy, Salvador, Willberto, Alex, Jesús, Sandra, Ruth, Milton, María Marta y Doris, todos tienen un estilo poético que desean seguir puliendo.

Ellas se inclinan más por la poesía romántica, ellos con los temas de la realidad social; más de alguno siente también un gran interés por la narrativa, específicamente, por el cuento.

Ruth tiene sólo 18 años y lleva dos de participar en Añil. Tímidamente nos cuenta que la poesía le sirve para expresarse, sobre todo cuando se halla en problemas. “Cuando esto sucede, sólo me hace falta agarrar un papel y un lápiz para poder decir lo que pienso sobre los demás y lo que en ese momento siento”, enfatiza.


Poesía, ¿para qué?

Pero, ¿cómo es visto el desempeño del taller tanto por los estudiantes como por la comunidad de La Palma? Valle responde: “Hay que ser realistas. A nuestro pueblo aún le falta tener un conocimiento artístico y cultural”.

Y se refiere a que a los jóvenes de Añil no reciben mucho apoyo para dedicarse a la literatura. Pero los miembros de Añil han hecho “oídos sordos” de estas “palabras necias” y no piensan retirarse.

Al contrario, siguen preparando obras que algún día esperan publicar y sueñan con llegar a conocer muchos poetas salvadoreños de quienes seguir el ejemplo.

“Lo que yo quiero en el taller es aprender más, porque muchas veces uno dice que va a escribir, pero no sabe cómo; mientras que al aprender algo, uno se desarrolla mejor y después da frutos”, expresa Glendy Rosibel Carrera, de primer año de bachillerato.


Motivación literaria

Sólo tres de los discípulos de Valle han logrado obtener algún premio en diferentes certámenes poéticos: Willberto, Alex y Salvador, quienes han participado en concursos organizados dentro de la institución educativa.

Sin embargo, esto no desmotiva al resto. Saben que algún día les llegará su turno. Mientras, se esfuerzan por ser disciplinados y absorber el conocimiento a través de la obra de grandes poetas.

Jesús Fuentes es uno de los que dice estarse alimentando de la obra de Cortázar y que entre sus poetas favoritos están Roque Dalton, Alfonso Quijada Urías y el francés Rimbaud.

Luego de un breve silencio aclara: “Pero, en primer lugar está Roque porque me identifico con él, me lo imagino escribiendo y llorando –a lo mejor un poco pasado de copas– en una taberna o algo así”.

Al igual que Jesús, sus compañeros de taller tienen sus preferencias literarias, leen y se cultivan, interesándose cada día más por profesionalizar el talento que ya les pertenece.