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Me despojo
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Me despojo de mi vida para vivir mi poesía.
Me despojo de toda materia y fantaseo en el amanecer de un papel
Me despojo de mis sueños y vuelvo a nacer como un
poema acechado por los espíritus errantes de viejos
y tristes versos. El Conde de Montecristo.
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Las
reuniones se realizan cada tarde de lunes. Diez jóvenes acuden
puntualmente a la cita en el Instituto Nacional de La Palma, en Chalatenango.
Entre alumnos, ex alumnos y particulares integran el taller literario
Añil, que está por cumplir cinco años.
Fue en 1999 cuando se formó con apenas
cuatro miembros, de los cuales sólo el poeta Pedro Valle insiste
en darle continuidad.
La mayoría tiene entre 16 y 19 años.
Los más veteranos llevan tres años en el taller y tratan
de incentivar a los más nuevos, que apenas llevan un mes y
medio.
Los visitamos hace un par de semanas, cuando
los vientos y el frío estaban haciendo de las suyas en la ciudad
de artesanos más conocida del país, charlamos un buen
rato y escuchamos los poemas de algunos “añileros”. Así
transcurrió el tiempo, entre anécdotas, poesía
y sueños juveniles.
Diferentes estilos
Sus nombres son Glendy, Salvador, Willberto,
Alex, Jesús, Sandra, Ruth, Milton, María Marta y Doris,
todos tienen un estilo poético que desean seguir puliendo.
Ellas se inclinan más por la poesía
romántica, ellos con los temas de la realidad social; más
de alguno siente también un gran interés por la narrativa,
específicamente, por el cuento.
Ruth tiene sólo 18 años y lleva
dos de participar en Añil. Tímidamente nos cuenta que
la poesía le sirve para expresarse, sobre todo cuando se halla
en problemas. “Cuando esto sucede, sólo me hace falta agarrar
un papel y un lápiz para poder decir lo que pienso sobre los
demás y lo que en ese momento siento”, enfatiza.
Poesía, ¿para qué?
Pero, ¿cómo es visto el desempeño
del taller tanto por los estudiantes como por la comunidad de La Palma?
Valle responde: “Hay que ser realistas. A nuestro pueblo aún
le falta tener un conocimiento artístico y cultural”.
Y se refiere a que a los jóvenes de
Añil no reciben mucho apoyo para dedicarse a la literatura.
Pero los miembros de Añil han hecho “oídos sordos” de
estas “palabras necias” y no piensan retirarse.
Al contrario, siguen preparando obras que algún
día esperan publicar y sueñan con llegar a conocer muchos
poetas salvadoreños de quienes seguir el ejemplo.
“Lo que yo quiero en el taller es aprender
más, porque muchas veces uno dice que va a escribir, pero no
sabe cómo; mientras que al aprender algo, uno se desarrolla
mejor y después da frutos”, expresa Glendy Rosibel Carrera,
de primer año de bachillerato.
Motivación literaria
Sólo tres de los discípulos de
Valle han logrado obtener algún premio en diferentes certámenes
poéticos: Willberto, Alex y Salvador, quienes han participado
en concursos organizados dentro de la institución educativa.
Sin embargo, esto no desmotiva al resto. Saben
que algún día les llegará su turno. Mientras,
se esfuerzan por ser disciplinados y absorber el conocimiento a través
de la obra de grandes poetas.
Jesús Fuentes es uno de los que dice
estarse alimentando de la obra de Cortázar y que entre sus
poetas favoritos están Roque Dalton, Alfonso Quijada Urías
y el francés Rimbaud.
Luego de un breve silencio aclara: “Pero, en
primer lugar está Roque porque me identifico con él,
me lo imagino escribiendo y llorando –a lo mejor un poco pasado de
copas– en una taberna o algo así”.
Al igual que Jesús, sus compañeros
de taller tienen sus preferencias literarias, leen y se cultivan,
interesándose cada día más por profesionalizar
el talento que ya les pertenece.
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