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Entrevista con Daniel Samper Pizano
"La literatura es un pacto con el lector"
José Víctor Huezo
cultura@laprensa.com.sv

Daniel Samper Pizano fue uno de los jurados del VII Premio Alfaguara de Novela. Este escritor y periodista colombiano considera que aún no se ha publicado la novela que rompa el hechizo del boom latinoamericano.


Hoja de vida

Daniel Samper Pizano nació en 1945 en Bogotá, Colombia.
Reside en Madrid, España, desde 1986.
Es Doctor en Derecho por la Universidad Javeriana de Bogotá y Máster en Periodismo de la Universidad de Kansas.
Ha sido periodista, guionista de cine y televisión, y profesor universitario.
Fue director de la unidad investigativa del diario “El Tiempo”, de Colombia.
De 1987 a 1994 fue editor de la revista “Cambio 16”, de España.
Ha colaborado con medios de comunicación como “El País” y “La Vanguardia”, en España; “Il Manifesto”, Italia; “L’Evenemente de Jeudi”, París, Francia; y el “Miami Herald”, Estados Unidos.
Ha obtenido en tres ocasiones del Premio Simón Bolívar de Periodismo en Colombia.
Ha sido galardonado con el Premio Rey de España y con el Mario Moors Cabot de la Universidad de Columbia.
Es miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.
Es autor de más de una veintena de libros de artículos de humor, selecciones de periodismo y ensayos literarios.
Su primera novela es “Impávido coloso”, publicada con Alfaguara en 2003.


  Aznar es un sátrapa de Bush, que actúa de espaldas a lo que le piden los españoles.”

Daniel Samper Pizano

 
Marzo 4. Madrid, España. Nos cita en un café. En el Monteagudo de la calle Ortega y Gasset de Madrid. “Si no me encuentras, pregunta por Teo, es un mesero que ya me conoce, y me esperas”, dice dos horas antes, cuando concertamos la entrevista por teléfono. Pero allí estaba a la hora acordada, en la barra, de chaqueta beige, con su bufanda y sombrero en mano, tomando un expreso.

Nos recibe con un apretón de manos y nos invita a sentarnos mientras hace algunos comentarios sobre “Delirio”, la obra que le valió a su paisana Laura Restrepo el Premio Alfaguara de Novela de este año. Ya que tocó el tema, aprovechamos para comenzar.

¿Qué sabor le dejó “Delirio”?

Es una buena novela. En lo que tiene que ver con la literatura contemporánea actual de Colombia, marca un cambio interesante.

¿Cuál es este cambio?

En los años 50, la violencia política generó un buen número de novelas que no fueron tan importantes, pero en la década siguiente la violencia quedó un poco atrás en los argumentos y se produjeron las obras más importantes de nuestra literatura. Ahora pasa algo semejante, cuando después de una violencia muy explícita sobre sicarios y narcotráfico, ésta ha dado unos pasos atrás y los protagonistas unos pasos hacia adelante, y estamos viendo esas historias de gente que está por ahí, que no ha matado a nadie y que sufre las consecuencias de la violencia. Eso es lo que encontramos en “Delirio”.

Habla de gente como Agustina, la protagonista de esta novela.

Precisamente, una de ellas es Agustina Londoño, que es una protagonista adorable, estupenda, entrañable, uno le coge cariño fácilmente.

¿Qué fue lo que más le llamó la atención de esta novela?

Dos cosas. Uno, el lenguaje, que siendo ni siquiera muy colombiano, sino muy bogotano, muy local, no estorbaba en lo absoluto su universalidad. Y por otra parte, la forma de hilvanar las historias, porque ocurren en distintas épocas a distintas generaciones, pero están muy bien amarraditas.

¿Qué sensaciones le produjeron los personajes?

Hay algunos personajes abominables, que responden a algunos de la Colombia actual y a los de cualquier país en situación de violencia. Pero hay otros adorables, me encanta Agustina, su compañero y la tía Sofía.

¿Qué le parece la imagen que se presenta de la sociedad colombiana?

Me gusta el retrato de las capas de la sociedad, la enorme hipocresía que se maneja en las altas capas, donde hay cosas que no pueden ocurrir, y si ocurren hay que darles otro nombre y disimularlas para que la vida siga. Toda esta suma de cosas la hacen una obra muy interesante.

Se ha escrito mucho sobre la violencia, ¿qué de nuevo tiene “Delirio”?

Que la violencia suena atrás. Por ejemplo, hay un atentado de Pablo Escobar contra el Departamento Administrativo de Seguridad que produjo setenta y pico de muertos en una zona que se llama Palo Quemado, ese estallido lo oímos en la novela, sabemos que se trata de Palo Quemado, pero no es una novela sobre la bomba de Palo Quemado, sobre los sicarios que la ponen o sobre el que la manda a poner, aquí eso está, pero está atrás. La novela tiene esos elementos de violencia, pero sólo son un telón de fondo.

¿Cómo ve el mapa literario de Latinoamérica?, ¿cree que se ha superado el efecto del boom?

Creo que hay una serie de figuras nuevas importantes, pero ha sido muy difícil salir del boom, porque fue un fenómeno extraordinario, aparte de lo comercial que pudiera tener, sería una tontería negar que esa coincidencia de autores de arriba hasta abajo del continente, comenzando por Juan Rulfo en el norte y terminando por Julio Cortázar y Ernesto Sábato en el sur, es difícil que se vuelva a dar, son autores de una fuerza poderosísima, que cambian la literatura no sólo de América Latina, sino de habla española.

¿Será posible superar este impacto en algún momento?

Se puede hacer mal garciamarquismo, mal vargallosismo, mal cortazarismo o se puede intentar algo distinto, que creo que es lo que ahora se está tratando de hacer, una cosa diferente, una literatura más urbana, se están buscando caminos.

¿Y cree que alguno ha encontrado el camino?

No creo que haya en estos momentos ninguno que haya encontrado la luz, pero están buscándola y se han encontrado reflejos muy interesantes.

¿Qué autores le llaman la atención ahora?

Me llaman más la atención los que toman pedacitos de la realidad, los que escriben a partir de realidades y las mezclan con ficción. Me gusta Tomás Eloy Martínez en Argentina, Héctor Aguilar Camín o Ángeles Mastretta en México, Roberto Bolaño en Chile y Francisco Goldman de Guatemala. Hay muchos nombres y aunque no haya aparecido un nuevo García Márquez, un nuevo Vargas Llosa o un nuevo Cortázar, hay una generación muy interesante de gente para leer.

¿Cuál fue la última novela que le sorprendió?

No hay ninguna que me haya arrebatado el corazón como lo hicieron los del boom que la pueda mencionar con la boca llena de letras, como mencionaba a “Rayuela” (de Cortázar) o a “Tres tristes tigres” (de Guillermo Cabrera Infante).

Usted es periodista, ¿qué le ha aportado el periodismo a la literatura y qué le ha aportado la literatura al periodismo?

En una época, hace 80 ó 50 años, la literatura era el paradigma del periodismo, el periodista aspiraba a escribir muy bien. Pero a partir de los años sesenta la literatura empieza a aplicar recursos del periodismo para afianzar su credibilidad y los novelistas se dan cuenta de que la realidad te da mejores materiales, pero el periodismo también comienza a tomar recursos literarios para contar sus historias. Los lenguajes se han acercado mucho.

¿Qué se necesita para hacer literatura?

Lo importante es creerse la historia, la literatura es un engaño que permite llegar a la realidad, pero hay que creérselo. La literatura es un pacto con el lector, en el que se dice: “Voy a mentir y tú vas a creérmelo, y los dos vamos a pasarlo sabroso”. Pero si no estás convencido de eso es difícil que convenzas al lector.


Una mirada a la dictadura brasileña

Daniel Samper Pizano publicó en 2003 su primera novela, que tituló “Impávido coloso”. En ésta narra el viaje de unos periodistas a Brasil, que llegan invitados por el Gobierno para mostrar las maravillas de una nación que resurgía campante de la dictadura, pero ellos no se dejan seducir por la grandilocuencia de sus anfitriones y comienzan a cuestionar el nuevo sistema y a investigar lo que hay detrás de esa fachada, lo cual los vuelve indeseables. En toda esta trama se dan historias de amor, de tensión y drama intenso en cada personaje.

“Procuro hacer una mirada externa sobre una dictadura que ha pasado muy inadvertida, que es la dictadura brasileña, la pionera, la mamá de las dictaduras del cono sur. Luego fueron tan atroces las que siguieron que ésta ha quedado en un rinconcito con su delantal muy limpio, lo cual no debería ser así. Sobre estas dictaduras se han escrito muchas cosas desde adentro, pero ésta es desde afuera.”

Esta mirada es la del grupo de periodistas que llega a Brasil, “cuando quisieron venderlo como el gran país del futuro, como la meca de lo que es capaz de hacer el capitalismo revuelto con el genio tropical, pero detrás de esa máscara lo que había era más de lo mismo: opresión y pobreza”.

Todo esto sirve de trasfondo para contar historias humanas, “de personas que a partir de la aparente indiferencia o nimiedad toman una posición de dignidad en un momento dado”.

La obra surge a partir de una experiencia personal. Como periodista, Samper estuvo en una de estas invitaciones. “Había dos posiciones que uno podía tomar: dejarse atender y pasarla bien, o ir más allá y pasarla menos bien.”

Con algunos de sus colegas se dedicaron a investigar cifras que no eran divulgadas o no les eran proporcionadas, a visitar lugares menos favorecidos por la bonanza económica y a entrevistar personas que vivían en la pobreza. “Esto nos volvió un poco indeseables, pero nos permitió conocer situaciones que jamás nos hubiera sido posible ver”, señala Samper.

A través del periodista Carmelo Camacho y sus colegas, Samper retoma elementos de esta experiencia personal para crear una historia de ficción con matices de suspenso, drama, romance y humor.

Y, ¿qué tanto hay de Daniel Samper en Carmelo? “Realmente poco”, responde el autor. “Es mucho más cínico y tiene más suerte con las mujeres”, remata con una risa de complicidad.