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Algunas obras
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Crónica del desamor (1979)
La función Delta (1981)
Te trataré como a una reina (1983)
Amado amo (1988)
Temblor (1990)
El nido de los sueños (1991)
Bella y oscura (1993)
La vida desnuda (1994)
Historias de mujeres (1995)
Las barbaridades de Bárbara (1996)
El viaje fantástico de Bárbara (1997)
La hija del caníbal (1997)
Bárbara contra el Doctor Colmillos (1998)
Amantes y enemigos. Cuentos de parejas (1998)
Pasiones (1999)
Las madres no lloran en Disneylandia (1999)
El corazón del tártaro (2001)
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Marzo 5. Madrid, España. El nombre de Rosa Montero resuena
con fuerza en las lides literarias peninsulares. En las librerías
madrileñas aún se mantiene en los estantes de “los más
vendidos” con su novela “La loca de la casa” (Alfaguara, 2003) y sus
artículos publicados cada martes en el diario “El País”
son devorados religiosamente por sus “fieles”.
El prestigio no es gratuito, es el resultado
de 34 años en el oficio periodístico y 25 desde la publicación
de su primera novela, “Crónica del desamor” (Debate, 1979),
aunque aclara: “Primero fui escritora, desde los cinco años,
lo que pasa es que empecé a publicar antes como periodista
que como narradora”.
Da igual qué fue primero, escritura
y periodismo los ha forjado con igual pasión, porque si de
algo puede jactarse es de su carácter pasional. “Soy una persona
tremendamente apasionada”, afirma y se percibe cuando uno conversa
con ella.
Nos recibe con un caluroso “¡hola!, ¡encantada!”,
una sonrisa y nos invita a sentarnos. “Llámame de tú,
¿no?”, nos pide mientras nos acomodamos. Pide un té con leche,
un café y comienza a hacer garabatos con el tique de entrada
del Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde tiene lugar esta
entrevista. “¿Dónde está el micrófono?, ah, aquí,
vale.”
Hablemos de “La loca de la casa”, tu última
novela, es una mezcla de autobiografía, novela, ensayo...
Los libros son siempre criaturas caprichosas,
realmente, yo siempre digo que no escojo las novelas, sino que las
novelas me escogen a mí. Tú te propones una cosa y luego
el libro sale por otro lado. “La loca de la casa” ha sido un caso
clarísimo de eso.
¿Cómo y cuándo surgió?
Surgió como otra cosa completamente
distinta hará 15 ó 20 años. Entonces, pensé
que algún día escribiría un libro de ensayo sobre
el hecho de escribir y empecé a tomar notas en cuadernitos,
y empezó a crecer y a crecer. Hace como tres años dije:
“Esto es lo que voy a hacer”. Recogí los cuadernitos, empecé
a mirar todas las anotaciones y de repente se me hizo otra cosa en
la cabeza, se hizo el libro solo.
¿Con todo y título?
El título se me encendió como
si estuviera escrito en letras de neón en la cabeza y es esa
frase de Santa Teresa de Jesús: “La imaginación es la
loca de la casa”, que es una frase preciosa. Y en ese mismo momento
me di cuenta de dos cosas: una, que el libro no iba a tratar fundamentalmente
sobre la escritura, sino sobre la imaginación, y (dos) que
no sólo sería de la imaginación del escritor
o del artista, sino de la imaginación de todos nosotros.
¿Qué papel juega la imaginación
en la vida del ser humano?
El ser humano es un animal fundamentalmente
creativo, todos dependemos de la imaginación para sobrevivir;
de hecho, el relato que todos hacemos de nuestras vidas, que es donde
se aposenta nuestra identidad, es un cuento, es una novela. Todos
los seres humanos somos novelistas de una única novela que
es nuestra historia, en la cual nos reservamos el papel protagonista.
¿Qué sería de esa novela
de la vida sin la imaginación?
Sin esa imaginación que nos da un cierto
sentido de destino en nuestras vidas y que da una coherencia a lo
que vivimos, pues el mundo sería inhabitable, sería
puro ruido, puro estruendo, un caos completamente insoportable.
Y, ¿dónde entra la locura en el
juego de la imaginación?
La locura es la frontera de esa imaginación
salvadora, es allí donde la imaginación constructora
se convierte en imaginación destructora. Todos llevamos dentro
de nosotros una frontera con la locura, yo no conozco a ningún
individuo que no le haya tenido miedo a la locura, porque la locura
forma parte de nosotros.
La pasión es una constante en tu
literatura, ¿también aquí?
También habla de la pasión, porque
la pasión amorosa es la única locura socialmente admitida
y tan es así que lo decimos en nuestra manera de expresarlo,
decimos: “Me volví loca por ese tío”, “me volví
loco por esa mujer”; y luego habla también de la vida y de
la muerte, porque todo eso está entremezclado con la sustancia
misma de la vida y la muerte, y por supuesto con la escritura. Así
que me di cuenta de que el libro iba a tratar de otra cosa que no
era la escritura.
¿Qué libro resultó ser entonces?
Puesto que era un libro que celebraba la imaginación,
quería hacer un libro imaginativo, un juguete creativo que
yo ofreciera al lector para que jugara conmigo el juego de la imaginación.
Hay un verso de (Vicente) Huidobro que dice: “¿Por qué cantáis
a la rosa?, oh, poetas, hacedla florecer en el poema”, y eso es lo
que yo he querido: hacer florecer la imaginación en el libro.
Así que se convirtió en una cosa completamente distinta
de lo que yo había pensado. Así funciona siempre, los
libros tienen su propia realidad.
Y, ¿qué libro seguirá ahora?
Estoy recuperando notas de una novela de género
fantástico que sucede en el siglo XII, y estoy releyendo libros,
porque de eso empecé a tomar notas hace cuatro años.
Así que estoy releyendo libros de la época y me he dado
tres meses para releer y retomar notas. Estoy recolocando cosas para
ver si arranco con la novela.
Si perdemos la imaginación envejecemos
¿Cuándo descubriste a la loca de tu casa?
Siempre, desde muy pequeña. Los niños vienen al mundo
con una imaginación desbordante y creo que el proceso de
educación y de socialización pasa justamente por la
castración de la imaginación. La única diferencia
es que yo no he mutilado esa parte.
Para los artistas, en general, está prohibido cortar esa
parte, ¿no?
Para mí el arte es una de las facetas del ser humano, todos
somos artistas, todos tenemos esa tendencia a lo creativo, sólo
que algunos nos profesionalizamos en ello y otros no. Yo tengo la
suerte de poder dedicarme a una cosa en la que la imaginación
sigue siendo vendible, que me permite seguir siendo niña
y no ser marginada por ello.
Y, ¿qué pasa cuando coartamos esa imaginación?
Pues que el mundo se empobrece y envejecemos. Perder la imaginación
es dejar morir el niño que llevamos dentro y eso es sinónimo
de la vejez. Si perdemos la imaginación nos hacemos más
pobres, envejecemos de verdad, no es que se te caiga el culo o que
te salga celulitis, no, envejeces por dentro, te conviertes en algo
mucho menos vital.
En el libro hablas de que los escritores están obsesionados
con la muerte, ¿tú también?
La mayoría de los novelistas somos gente obsesionada con
la muerte, es bueno y es malo. Es bueno porque al estar pendiente
del paso del tiempo vives las cosas con esa plenitud que te da esa
conciencia de vivir, porque normalmente no somos conscientes de
que vivimos. Quizás escribimos para detener el tiempo, es
un arma muy válida para matar la muerte.
¿Qué hay que hacer para estar conscientes de que vivimos?
Vivir más pausados, parar y tener un ratito de reflexión.
Es lo que decía John Lennon: La vida es eso que sucede
mientras nosotros nos dedicamos a otra cosa. Pues hay que
intentar no dedicarse todo el rato a otra cosa, y fijarse un poco
en lo que uno es.
Desdichado aquél que nunca ha sentido la pasión
Y, de inmediato, aclara: “Pero desdichado
aquél que sólo siente pasiones, porque entonces está
condenado a repetirse, porque la pasión es un espejismo que
vas inventando y siempre se repite de la misma manera. Lo bueno
es tenerlas pero aprender a pasar a otra cosa”.
En su caso, habla de una gran pasión
en su vida: escribir. “Es lo único que he encontrado que
es parangonable a la pasión amorosa, que tiene la misma sensación
de inmortalidad, de estar salido de ti mismo”.
Pero hace una diferencia: “La escritura es
una pasión perdurable que no se desgasta, mientras que las
pasiones amorosas se devoran a sí mismas”.
Es la gran desventaja, y señala: “Vives
absolutamente en una fantasía, porque la pasión se
acaba y hay que saber pasar a otra cosa, yo llevo 15 años
con la misma persona intentándolo y te digo que cuesta”.
Y lo ha comprobado también desde fuera.
En 1999 publicó “Pasiones”, una recopilación de historias
de parejas famosas, que surgió de su afición por leer
biografías: “Porque me parece que son como cartas de navegación
de la existencia, te permite ver cómo otras personas han
solventado cosas que también a ti te pasan en la vida, cómo
han vivido la vejez, el éxito, el fracaso, el amor, el desamor,
y aprendes, porque uno aprende la propia observación”.
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