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Entrevista con Rosa Montero
Todos los seres humanos somos novelistas
José Víctor Huezo
cultura@laprensa.com.sv

Conversamos con Rosa Montero, reconocida periodista y escritora española. El año pasado salió su última novela, “La loca de la casa”, una obra en la que confluyen autobiografía, narrativa, ensayo, en fin, “un juguete creativo que ofrezco al lector para que juegue conmigo el juego de la imaginación”.

Algunas obras

“Crónica del desamor” (1979)
“La función Delta” (1981)
“Te trataré como a una reina” (1983)
“Amado amo” (1988)
“Temblor” (1990)
“El nido de los sueños” (1991)
“Bella y oscura” (1993)
“La vida desnuda” (1994)
“Historias de mujeres” (1995)
“Las barbaridades de Bárbara” (1996)
“El viaje fantástico de Bárbara” (1997)
“La hija del caníbal” (1997)
“Bárbara contra el Doctor Colmillos” (1998)
“Amantes y enemigos. Cuentos de parejas” (1998)
“Pasiones” (1999)
“Las madres no lloran en Disneylandia” (1999)
“El corazón del tártaro” (2001)

Marzo 5. Madrid, España. El nombre de Rosa Montero resuena con fuerza en las lides literarias peninsulares. En las librerías madrileñas aún se mantiene en los estantes de “los más vendidos” con su novela “La loca de la casa” (Alfaguara, 2003) y sus artículos publicados cada martes en el diario “El País” son devorados religiosamente por sus “fieles”.

El prestigio no es gratuito, es el resultado de 34 años en el oficio periodístico y 25 desde la publicación de su primera novela, “Crónica del desamor” (Debate, 1979), aunque aclara: “Primero fui escritora, desde los cinco años, lo que pasa es que empecé a publicar antes como periodista que como narradora”.

Da igual qué fue primero, escritura y periodismo los ha forjado con igual pasión, porque si de algo puede jactarse es de su carácter pasional. “Soy una persona tremendamente apasionada”, afirma y se percibe cuando uno conversa con ella.

Nos recibe con un caluroso “¡hola!, ¡encantada!”, una sonrisa y nos invita a sentarnos. “Llámame de tú, ¿no?”, nos pide mientras nos acomodamos. Pide un té con leche, un café y comienza a hacer garabatos con el tique de entrada del Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde tiene lugar esta entrevista. “¿Dónde está el micrófono?, ah, aquí, vale.”

Hablemos de “La loca de la casa”, tu última novela, es una mezcla de autobiografía, novela, ensayo...

Los libros son siempre criaturas caprichosas, realmente, yo siempre digo que no escojo las novelas, sino que las novelas me escogen a mí. Tú te propones una cosa y luego el libro sale por otro lado. “La loca de la casa” ha sido un caso clarísimo de eso.

¿Cómo y cuándo surgió?

Surgió como otra cosa completamente distinta hará 15 ó 20 años. Entonces, pensé que algún día escribiría un libro de ensayo sobre el hecho de escribir y empecé a tomar notas en cuadernitos, y empezó a crecer y a crecer. Hace como tres años dije: “Esto es lo que voy a hacer”. Recogí los cuadernitos, empecé a mirar todas las anotaciones y de repente se me hizo otra cosa en la cabeza, se hizo el libro solo.

¿Con todo y título?

El título se me encendió como si estuviera escrito en letras de neón en la cabeza y es esa frase de Santa Teresa de Jesús: “La imaginación es la loca de la casa”, que es una frase preciosa. Y en ese mismo momento me di cuenta de dos cosas: una, que el libro no iba a tratar fundamentalmente sobre la escritura, sino sobre la imaginación, y (dos) que no sólo sería de la imaginación del escritor o del artista, sino de la imaginación de todos nosotros.

¿Qué papel juega la imaginación en la vida del ser humano?

El ser humano es un animal fundamentalmente creativo, todos dependemos de la imaginación para sobrevivir; de hecho, el relato que todos hacemos de nuestras vidas, que es donde se aposenta nuestra identidad, es un cuento, es una novela. Todos los seres humanos somos novelistas de una única novela que es nuestra historia, en la cual nos reservamos el papel protagonista.

¿Qué sería de esa novela de la vida sin la imaginación?

Sin esa imaginación que nos da un cierto sentido de destino en nuestras vidas y que da una coherencia a lo que vivimos, pues el mundo sería inhabitable, sería puro ruido, puro estruendo, un caos completamente insoportable.

Y, ¿dónde entra la locura en el juego de la imaginación?

La locura es la frontera de esa imaginación salvadora, es allí donde la imaginación constructora se convierte en imaginación destructora. Todos llevamos dentro de nosotros una frontera con la locura, yo no conozco a ningún individuo que no le haya tenido miedo a la locura, porque la locura forma parte de nosotros.

La pasión es una constante en tu literatura, ¿también aquí?

También habla de la pasión, porque la pasión amorosa es la única locura socialmente admitida y tan es así que lo decimos en nuestra manera de expresarlo, decimos: “Me volví loca por ese tío”, “me volví loco por esa mujer”; y luego habla también de la vida y de la muerte, porque todo eso está entremezclado con la sustancia misma de la vida y la muerte, y por supuesto con la escritura. Así que me di cuenta de que el libro iba a tratar de otra cosa que no era la escritura.

¿Qué libro resultó ser entonces?

Puesto que era un libro que celebraba la imaginación, quería hacer un libro imaginativo, un juguete creativo que yo ofreciera al lector para que jugara conmigo el juego de la imaginación. Hay un verso de (Vicente) Huidobro que dice: “¿Por qué cantáis a la rosa?, oh, poetas, hacedla florecer en el poema”, y eso es lo que yo he querido: hacer florecer la imaginación en el libro. Así que se convirtió en una cosa completamente distinta de lo que yo había pensado. Así funciona siempre, los libros tienen su propia realidad.

Y, ¿qué libro seguirá ahora?

Estoy recuperando notas de una novela de género fantástico que sucede en el siglo XII, y estoy releyendo libros, porque de eso empecé a tomar notas hace cuatro años. Así que estoy releyendo libros de la época y me he dado tres meses para releer y retomar notas. Estoy recolocando cosas para ver si arranco con la novela.


“Si perdemos la imaginación envejecemos”

¿Cuándo descubriste a la loca de tu casa?
Siempre, desde muy pequeña. Los niños vienen al mundo con una imaginación desbordante y creo que el proceso de educación y de socialización pasa justamente por la castración de la imaginación. La única diferencia es que yo no he mutilado esa parte.

Para los artistas, en general, está prohibido cortar esa parte, ¿no?
Para mí el arte es una de las facetas del ser humano, todos somos artistas, todos tenemos esa tendencia a lo creativo, sólo que algunos nos profesionalizamos en ello y otros no. Yo tengo la suerte de poder dedicarme a una cosa en la que la imaginación sigue siendo vendible, que me permite seguir siendo niña y no ser marginada por ello.

Y, ¿qué pasa cuando coartamos esa imaginación?
Pues que el mundo se empobrece y envejecemos. Perder la imaginación es dejar morir el niño que llevamos dentro y eso es sinónimo de la vejez. Si perdemos la imaginación nos hacemos más pobres, envejecemos de verdad, no es que se te caiga el culo o que te salga celulitis, no, envejeces por dentro, te conviertes en algo mucho menos vital.

En el libro hablas de que los escritores están obsesionados con la muerte, ¿tú también?
La mayoría de los novelistas somos gente obsesionada con la muerte, es bueno y es malo. Es bueno porque al estar pendiente del paso del tiempo vives las cosas con esa plenitud que te da esa conciencia de vivir, porque normalmente no somos conscientes de que vivimos. Quizás escribimos para detener el tiempo, es un arma muy válida para matar la muerte.

¿Qué hay que hacer para estar conscientes de que vivimos?
Vivir más pausados, parar y tener un ratito de reflexión. Es lo que decía John Lennon: “La vida es eso que sucede mientras nosotros nos dedicamos a otra cosa”. Pues hay que intentar no dedicarse todo el rato a otra cosa, y fijarse un poco en lo que uno es.


“Desdichado aquél que nunca ha sentido la pasión”

Y, de inmediato, aclara: “Pero desdichado aquél que sólo siente pasiones, porque entonces está condenado a repetirse, porque la pasión es un espejismo que vas inventando y siempre se repite de la misma manera. Lo bueno es tenerlas pero aprender a pasar a otra cosa”.

En su caso, habla de una gran pasión en su vida: escribir. “Es lo único que he encontrado que es parangonable a la pasión amorosa, que tiene la misma sensación de inmortalidad, de estar salido de ti mismo”.

Pero hace una diferencia: “La escritura es una pasión perdurable que no se desgasta, mientras que las pasiones amorosas se devoran a sí mismas”.

Es la gran desventaja, y señala: “Vives absolutamente en una fantasía, porque la pasión se acaba y hay que saber pasar a otra cosa, yo llevo 15 años con la misma persona intentándolo y te digo que cuesta”.

Y lo ha comprobado también desde fuera. En 1999 publicó “Pasiones”, una recopilación de historias de parejas famosas, que surgió de su afición por leer biografías: “Porque me parece que son como cartas de navegación de la existencia, te permite ver cómo otras personas han solventado cosas que también a ti te pasan en la vida, cómo han vivido la vejez, el éxito, el fracaso, el amor, el desamor, y aprendes, porque uno aprende la propia observación”.