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Hoja de vida
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Juan Cruz es periodista, escritor y editor.
Nació en Puerto de la Cruz (Tenerife) en 1948.
Estudió Periodismo e Historia en la Universidad de
La Laguna.
Comenzó a escribir en prensa a los 13 años,
en el semanario Aire Libre.
Trabajó en los rotativos La Tarde y El
Día.
Fue uno de los fundadores del diario El País,
para el que ha sido corresponsal en Londres, jefe de Opinión
y redactor jefe de Cultura.
Ha sido coordinador de proyectos del Grupo Prisa.
Su trayectoria literaria comenzó con la novela Crónica
de la nada hecha pedazos, que ganó el premio
Benito Pérez Armas de novela en 1972.
Obtuvo el premio Azorín en 1988 con El sueño
de Oslo.
Otras obras: Edad de la memoria, Naranja,
Retrato de humo, Cuchillo de arena,
En la azotea, Exceso de equipaje y
El territorio de la memoria.
Este año publicará una nueva novela titulada
La playa del horizonte.
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Marzo 8. Va de un lado a otro. El domingo lo encontramos en
una tertulia sobre el nuevo libro de Juan Luis Cebrián (escritor
y periodista español), “El fundamentalismo democrático”,
en la librería Crisol. El lunes dirige el anuncio del fallo
del Premio Alfaguara de Novela para toda España y Latinoamérica.
El martes va a una conferencia sobre cine en la megatienda Fnac. El
miércoles viaja a Barcelona. El jueves, marca su agenda: “1:00
p.m. Entrevista con Víctor, de El Salvador”.
Un día después, el viernes, lo
encontraríamos presentando la nueva novela del escritor bilbaíno
Unai Elorriaga, “El pelo de Van’t Hoff”, en la Fnac.
Jovial, alegre, muy activo y sumamente amistoso,
Juan Cruz dirige la Oficina del Autor de editorial Alfaguara, se maneja
en el mundo editorial como pez en el agua y es colaborador habitual
del diario “El País”, cuya fundación lleva su impronta
junto a la del grupo que empezó esa aventura periodística
que se ha convertido en decano del oficio en español.
Hablamos con él del panorama literario
latinoamericano, al que le augura un “futuro mejor”, siempre y cuando,
“los escritores decidan trabajar más e involucrarse”.
¿Cuál es el panorama literario de
Latinoamérica, cómo lo ven como mercado?
Es un mercado difícil, porque es un
mercado no compacto, como tendría que ser, tampoco el mercado
europeo es compacto, pero lo que pasa es que tenemos una sola lengua...
(Suena el teléfono) Perdón...
(contesta) ¿Millás? ¿Qué tal estás?, me alegro
de oírte...
Sí, decía que es una pena que
una lengua compacta como el español no haya generado mercado
literario único con las diferencias que tenga que haber. Nos
cuesta muchísimo convencer a los distintos gobiernos de los
distintos países de que hay que hacer con la lengua un mensaje
único, un mensaje compacto, pero no lo hemos podido conseguir.
¿Por qué no se ha podido conseguir?
Esto no es sólo un problema editorial,
es también un problema cinematográfico, es un problema
televisivo, y yo creo que es un problema de sensibilidad también,
en un sentido: las sensibilidades son distintas, pero también
ha habido falta de sensibilidad para llegar a llevar los libros de
los escritores en español a cotas de venta que serían
extraordinarias.
Y, ¿a qué se debe que no sea compacto
el mercado?
Se debe, primero que nada, a una tradición.
Nosotros nunca lo hemos intentado antes y se ha puesto de manifiesto
que los países culturalmente están muy separados unos
de otros, es muy difícil que un escritor chileno viaje a Venezuela,
o que un venezolano viaje a Colombia, mientras que todos quieren viajar
a Madrid, y ése es un error, porque yo creo que los mercados
literarios se hacen insistiendo desde el punto de vista de los creadores
siendo conocidos.
¿Qué criterios priman a la hora
de fichar a un autor?
Uno de los criterios que se utilizan es precisamente
la posibilidad que tiene el escritor de ser global y, luego, que en
efecto nosotros tengamos derechos para venderle en todas partes, eso
es fundamental.
¿Quién evalúa esto?
Los editores, los directores editoriales, tienen
sus lectores y sus asesores, y son ellos los que evalúan.
Hay autores consagrados, pero en el caso
de los menos conocidos, ¿cómo trabajan estas apuestas?
Tenemos casas en 18 países de América
Latina, y en gran parte de esos países tienen su propia editorial
que, siguiendo unos parámetros generales, hacen apuestas locales
para ver cómo funcionan. Luego, esas apuestas, si han funcionado
bien o si han tenido una repercusión suficiente, viajan. Publicamos
libros de autores locales prácticamente de todos los sitios.
¿Cómo enfocan el mercado, como un
todo o por país?
Nosotros lo quisiéramos enfocar como
un todo, pero es muy difícil. Lo podemos enfocar como un todo
con el premio Alfaguara, con una novela de Pérez Reverte, con
una novela de Vargas Llosa, con una novela de Carlos Fuentes, allí
sí se enfoca como un todo, si no el trabajo es más duro,
pero más interesante también porque se están
abriendo caminos.
¿Ha habido un caso excepcional de éxito
después del boom?
Ha habido algunos casos extraordinarios en
América Latina, pero nunca tan sólidos como el éxito
que tuvo el boom. Creo que se ha unificado la literatura a pesar de
que hay muchas diferencias y ahora lo que ha habido es un boom de
la literatura en español, eso es importante, cada día
hay más escritores globales.
¿Qué casos valdría la pena
destacar?
Yo destacaría a un escritor español,
que es Arturo Pérez Reverte. Su caso o el de Rosa Montero,
los escritores españoles que han viajado, y latinoamericanos
como Tomás Eloy Martínez, Antonio Skármeta, son
escritores que ahora tú los nombras y son conocidos en todas
partes, eso no es un boom, pero es consecuencia del boom. Hoy sí
se puede hacer una nómina de escritores latinoamericanos importantes.
Cada día la nómina es más grande, yo vislumbro
un futuro mejor, pero este no se puede hacer sólo con los editores,
allí o se implican los escritores o nuestra lengua será
un vehículo para hablar y para hablarnos, pero no para leernos.
Y, ¿de qué manera se tienen que
involucrar los escritores?
Viajando, poniéndole menos peros a viajar
a cualquier sitio, y no sólo viajar a México, a Buenos
Aires o a Madrid, que es lo que les gusta, hay que ir a El Salvador,
a Nicaragua, a Chile, a Perú, a Uruguay, a Colombia, a Venezuela,
y hay que galvanizar a la opinión pública en favor de
la literatura, si no es un desastre.
La literatura ha sido algo natural en mi vida
¿Cómo comenzaste a meterte en la literatura?
Yo era un niño muy débil, y era muy enfermizo y
cuando era chico escuchaba la radio y la radio me dio como una sintaxis
y me llevó a escribir, luego aprendí a leer muy tarde
y aprendí a escribir al mismo tiempo gracias a la radio.
La literatura ha sido algo natural en mi vida, una manera de ser.
¿Cuándo publicaste por primera vez?
A los 13 años publiqué mi primer texto periodístico,
era la crónica de un partido de fútbol, y después
hice de inmediato artículos poéticos y literarios,
con lo cual a los 16 años ya estaba en un periódico
trabajando en la redacción. Luego escribí mi primera
novela, que se llamaba Crónica de la nada hecha pedazos.
¿Cómo ha venido evolucionando tu literatura a
nivel de temas y de lo que quieres transmitir?
Ha evolucionado hacia lo que fue al principio, mucha libertad,
sentimiento y libertad, creer en la gente para poder contar lo que
anida en su memoria y en su alma.
¿Qué libro viene ahora?
Mi nuevo libro va a salir en mayo, se llama La playa del
horizonte y es un relato autobiográfico en el que cuento
mi relación con personas, vivas o muertas, que de alguna
manera han influido en mi manera de ver a la gente cuando se despide.
¿Cómo nació este libro?
Este libro nace de una mirada o de varias miradas de personas
que han influido mucho en mi vida, como mi padre, por ejemplo, y
que yo nunca he podido olvidar su mirada cuando he encontrado que
están débiles o que han sido heridas por alguna cosa.
¿Cuándo lo comenzaste a escribir?
Yo creo que lo comencé hace tres años, pero los
libros no se comienzan en un momento, están en la cabeza,
van viniendo.
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