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Ernesto el embobado

Por José María Méndez
rdominical@laprensa.com.sv


 

Elena Estévez —española extremadamente efusiva— era elegante, exquisita. Emanaba efluvios enervantes, evidenciaba espíritu extraordinario. En escueto elogio: encantaba. En encontrándola, empezaba el embrujo. Esto exactamente experimentó Ernesto Echegoyén, emigrante europeo, ex embajador estoniano.

Enamoróse.

Encontrábase entonces Ernesto en el Ecuador, en “El Exeter”. Ella emergió en el espejo, esplendente, escotada, envuelta en encajes. Efectivamente estaba en la escalera.

Enardecido, exaltado, Ernesto empezó espetándole exabruptamente escandaloso exordio:

—¡Espléndido ejemplar!

Enseguida emitió explicaciones.

—Excúseme. Experimenté encantamiento. Estoy enfebrecido. Eres escencia, elíxir, estandarte. Estoy embrujado, enajenado, encadenado.

Ella, endiablademente elástica, escapó, envolviéndolo en enigmático estupor. Ernesto estaba eufórico, ebrio en eclipse, en el Edén.

Elena empezó esquivándolo. Empero, enseguida entendiéronse. Escarceos. Esporádicos encuentros. Enternecidas epístolas. Enojos, explicaciones. Epílogo: enlace.

Ernesto extremadamente encariñado escribía: “Estamos embelesados. Estaremos eternamente en esta etapa. Elegí estupendamente. Es esposa excepcional”.

Espejismo. Encanto, embriaguez, esfumáronse evanescentes. En el enlunamiento ella esperaba emociones extraordinarias. El encandilamiento, en escarpadura en el empiezo, estropeóse enteramente. Él eludía encuentros, escalonaba excesivamente embestidas. Ella era extrovertida; él, ensimismado. Ella era erótica; él, esotérico. Ella era eléctrica; él, esquimal.

Empezaba enero, Ernesto engolfado evitando escoltas, emprendía excursiones, examinaba ermitas enruinadas, entrenábase en esgrima, enterábase estrenos. Entreteníale especialmente el escenario. En el “excelsior” exhibían “Electra”. Ellos estarían –expuso Ernesto– en el espectáculo. Elena evadióse explicando encontrábase enferma. Ernesto, empero, enfrentaba estigma, encuernadura.

En el encuentro, entreviendo Enrique Echeverría, ella estremecióse. Él, exteriorizó estupefacción.

En época extinguida, Enrique engrosaba elenco equipo endamados Elena. Estaba Elías –el enano–, Edelmiro –el equívoco–, Evelio –el energúmeno–, etcétera, etcétera.

Encendióse el enamoramiento Enrique estimaba extirpado, erradicado. Empero estaba exuberante, enaltecido. Escuchando excusa Elena, enseguida empeñóse en embrujarla, en escamotearla Ernesto. Empezaría exhumando episodios eróticos, enardeciéndola.

Escuchando excusa Elena, Enrique esbozóle estratagema , encaminándola encuentro escorpiónico.

—En el estreno Electra espérame evocaremos era esplendorosa. Evade espionaje.

Elena ejecutó encargo eficazmente, excluyendo encargados escudarla, escoltadores, espías.

Enrique entró estancia esposos ensorbecido. Eliminó expresiones enmohecidas. Entrometióse engallado, en exacta ejecución.

Ensanchóle escote. Elevóle enaguas. Empujóla. Empelotáronse, enlazáronse enredando extremidades. Encajáronse, enchufáronse.

Encabritados exageraron el engolosamiento. Ergo extenuáronse. Entonces, encalmados, estipularon escaparse, evaporarse. Enviarían emisario enterara Ernesto engañifa, explicándose esconderíanse en espacios exóticos: Esmirna, Estambul, etcétera, evitando encontrar entes estorbosos.

Emisario encargóse explicar Ernesto engaño Elena.

Elena era... (evitemos expresiones espinosas).

Enterado el encuernado, entristecióse, empuñó estilete envenenado, empujó... Ennegrecióse epidermis... Expiró.

De “Cuentos del Alfabeto”.