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La plática de cuatro palabras
Pronto queda acordado cómo juzgar en Letras Nuevas. Las trabas se solucionan rápido. Por tanto, queda tiempo para charlar de lo que gusta, de lo que es vida para estos jueces amantes de la palabra. Pero los temas no rehúyen a ningún tipo de combate.

 

Marzo 15. Hay cuatro hombres bajo la montaña de papel. Uno de ellos, el más sobrio, hace malabares con un cigarro. Es Geovani Galeas.

Los otros tres se enfundan en trajes y adquieren talante de próceres, pero de igual modo dibujan sonrisas ante los temas que les apuntan.

Hay que hablar de todo, y el interés por la “crisis educacional” no se escapa de la mesa: “Los pocos recursos y el decaimiento enorme en la educación de la escuela secundaria son los motivos por los cuales existe tanta deficiencia en los jóvenes”, dice quien se sienta en la silla principal, como haciendo de patriarca: Sergio Ramírez. Y dice que se refiere a Nicaragua. Aunque, claro, la sonrisa de ironía se percibe en Miguel Huezo, David Escobar y Galeas, como diciendo que no es un caso privativo de los nicaragüenses.

La escritura y sus problemas

El agua no baja en los vasos servidos, y la conversa amarra al lenguaje y sus problemas. “En general el lenguaje se ha vuelto más funcional. Categorías como la elegancia han sido relegadas, incluso porque la música popular, que fue antes una fuente de incentivos, ya no tiene el mismo lugar. Los textos son más pobres”, señala Galeas. Pero Miguel Huezo lanza una estocada: “Es que ahora todo es más ‘nice’, ya no es lo mismo”.

¿Y la función creadora?, ¿y cómo aprender a escribir? Obviamente, bajo la etiqueta de conocedores, cada uno aparece con su visión: “Es todo muy personal, ahí no creo que haya recetas”, dice David Escobar, y al paso le sale Huezo, quien adquiere mayor protagonismo en el debate: “Yo creo que uno debe dejarse influenciar mucho, para saber cuáles son sus impulsos. Uno mismo se puede encontrar de esa forma, porque las influencias son magníficas”.

Galindo ha revalorado su postura, y con un discurso revisado añade: “No hay que dramatizar. Hay una mezcla de lectura, de conocimiento, de temperamento; pero no hay una forma específica en este caso”.

Cuándo se es escritor

“Hay algunos autores que llegaron a ser escritores por accidente”, ha dicho Ramírez, y absorbe de pronto la suavidad de su silla. Escobar ha agarrado la carpeta y los papeles que lo acompañarán, pero parece ahora más interesado en el tema: “Imagínese: uno se pone a pensar que la novela que mejor se lee del siglo XIX es ‘María’, y de alguien que ni era novelista. Esta cosa es tan personal”.

De pronto se sigue hablando de casos particulares, como queriendo dejar sellada la visión de Escobar Galindo. “Saramago empezó a escribir a los 60 años, pero eso no quiere decir que eso no se puede empezar a crear desde antes”, indica Sergio Ramírez, que inclina su cuerpo y sus codos sobre la mesa brillante.

Los grandes sesenta

La literatura es el eje en la vida de los conversadores. En ella se sienten cómodos, libres de cualquier atadura. Y pronto acomodan su nostalgia, y regresan a “la mejor época”, los sesenta. “La mejor generación de todos los tiempos fue la de los sesenta.” Es Ramírez quien habla, y su vista se pierde en acontecimientos que por qué no habrían de tocarle a él, que también vivió el momento: “Los Beatles, el Che Guevara, los Stone, París del 68, Kennedy, Luther King, Tlatelolco, la descolonización ... Estamos hablando como viejitos”, remata el nicaragüense, mientras la risa de Galeas adquiere resonancia. “No, estamos hablando como adultos contemporáneos; fue un momento muy especial”, refuta Escobar, quien actúa, casi, como un moderador. Pero Galeas vuelve a romper el esquema: “Las drogas también fueron de los sesenta”.

De qué escribir en esta era

“Siempre hay de qué escribir, siempre hay un parque donde pasear, un maquilishuat, siempre. Uno no sabe la cantidad de cosas hermosas que hay en este país. No es excusa decir que hoy no se escribe como antes porque la vida ha cambiado”, comienza la nueva parte de la tertulia David Escobar. Pero la interrogante de cómo se puede ser “literario” con tanta pobreza y tantas necesidades le sigue picando.

“Pero si el mundo nunca ha sido bueno, y las cosas no están vedadas para nadie. Es como que a uno le dijeran que no se puede enamorar sólo porque no hay dinero... ¿y por qué no pues?”, termina el argumento David Escobar y Miguel Huezo ríe con estrépito.

Pronto Galeas retoma con fuerza su cigarro, es hora de partir.