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POEMA DE AMOR Roque Dalton
Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como silver roll y no como
gold roll),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en las cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
(me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser
salvadoreño),
los que llenaron los bares y los
burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
(La gruta azul, El Calzoncito, Happyland),
los sembradores de maíz en plena
selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o la
barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraron borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos,
los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo,
los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.
AY TATA, FELICIANA AMA
¡Ay, tata Feliciano Ama,
ay, que te van a colgar!
De lo alto de una rama,
tata, te van a colgar.
Tus duros labios callaban
con tan tremendo callar
que los mismos que te odiaban
no te podían mirar
y hasta del alma temblaban
cuando te iban a colgar
Los que de la cuerda halaban,
¿cómo pudieron halar?
cuando tus ojos miraban,
¿cómo pudieron halar?
pues si tus labios callaban,
¿cómo pudieron halar?
Tus hondos ojos hablaban,
¿cómo pudieron halar?
si hasta del alma temblaban
cuando te iban a colgar,
los cobardes que te odiaban
¿cómo pudieron halar?
¡Ay, tata Feliciano Ama,
ay, que te van a colgar!
De lo alto de una rama, tata,
te van a colgar.
De Tutecotzímit venía
tu sangre en terco golpear,
tu altivo mirar tenía
profundidades de mar.
¿A qué acento respondía
tu despiadado callar?
¿Qué amanecer presentía
tu incansable batallar
en el alma de ese día
cuando te iban a colgar?
Si el alto volcán rugía
¿cómo pudieron halar?
en el alba de ese día
¿cómo pudieron halar?
si de tu raza bravía
todo el tremendo callar
en tus ojos refulgía
¿cómo pudieron halar?
¡Ay, tata Feliciano Ama,
ay, que te van a colgar!
De los alto de una rama,
tata, te van a colgar.
¡Ay, tata, qué pena dura!
Pero no voy a llorar
junto a tu muerte madura.
Tu nombre no voy a gritar,
tu nombre de fruta oscura,
tu verde nombre de mar,
y tu semilla segura
en mi canto he de llevar
hasta la tierra madura
donde la ha de cultivar
otra mano firme y pura.
Pero nadie va a llorar
por esta pena tan dura,
¿cómo pudieron halar?
Si en tu muerte se asegura,
¿cómo pudieron halar?
la firma semilla oscura,
¿cómo pudieron halar?
de otra vida digna y pura
¿cómo pudieron halar?
¡Ay, tata, qué pena tan dura
la que hoy me hace cantar!
¡Ay, tata, fruta madura,
nunca te podré llorar!
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