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“Escribir una novela me salvó la vida”
Elmer L. Menjívar
cultura@laprensa.com.sv

La novelista costarricense Anacristina Rossi visita el país durante la celebración de los 40 años de Alfaguara, y por invitación de LA PRENSA GRÁFICA, como parte de las actividades del certamen de cuento y poesía Letras Nuevas.


Es dueña de un nombre compuesto, que suena a dos pero que es uno. Anacristina Rossi. Su año de nacimiento es una incógnita, sólo llega a decirnos que fue en la década de los 50. El lugar, casual, según explica, fue San José. Pero fue en Puerto Limón donde creció. Sus estudios los realizó en Londres y en París.

Anacristina publicó el primero de sus cuatro libros en 1985, en España, era una novela llamada “María la noche”. Le siguió, en 1993, una selección de cuentos que tituló “Situaciones conyugales”. Ambos tuvieron buenas ventas en su país. Pero fue “La loca de Gandoca” la que la hizo figurar como una de las escritoras ticas más relevantes. “Limón blues”, publicada por Alfaguara en 2001, la internacionalizó.

Rossi llega hoy a El Salvador para realizar dos conversatorios y una conferencia por invitación de LA PRENSA GRÁFICA y Grupo Santillana.

¿Dónde nació?

Por pura casualidad, nací en San José, capital de Costa Rica. Pero después me fui a vivir a Puerto Limón, que de ahí eran mis papás.

Busqué en libros y en internet, y nunca aparece el año de su nacimiento, ¿cuál es?

Sólo diré que fue en los años 50.

¿Y el año del nacimiento de su primer libro se puede saber?

Ese sí, fue en 1985. Se publicó en España, en la editorial Lumen Tusquets, y luego se hizo una segunda edición en Costa Rica.

¿Por qué primero en España?

Estaba viviendo en Europa. Aunque lo que yo quería era publicarla aquí en EDUCA, la mandé en 1984, pero ni me la leyeron.

¿Será porque no vivía en Costa Rica? ¿Por qué vivía en Europa?

Yo salí de Costa Rica en 1973, y me fui por estudios, primero a Londres y luego a París. Regresé en 1985, luego de publicar la novela en España.

¿Le resultó más fácil publicar en España?

La envié a Tusquets, ahí sí la leyeron, y me la aceptaron en el primer momento.

¿Qué estudió en Europa?

Estudié de todo. Lingüística, literatura, psicoanálisis. Estudié traducción e interpretación. En Londres, danza y teatro.

¿Cuándo empezó a escribir con aspiraciones profesionales?

Cuando llegué a Francia, en 1976, y publiqué “María la noche” hasta en 1985. Para que vea lo que cuesta escribir.

¿Cuál era su búsqueda literaria en “María la noche”?

Era una búsqueda poética del lenguaje, una búsqueda muy femenina, de romper tabúes, es una novela muy onírica. Cuando me preguntan si es autobiográfica, les digo que eso es intrascendente, es una propuesta literaria, eso es lo importante.

Pero usted tiene también una novela autobiográfica.

La novela mía que es autobiográfica, y tenía toda la intención de serlo, es “La loca de Gandoca”.

¿Y los cuentos?

Con los cuentos no estoy muy satisfecha. Es más, los reescribí, y al publicarlos de nuevo saqué algunos que me parecían realmente malos. Es un género distinto, no por poder hacer novela se puede hacer cuento.

Ese libro de cuentos tuvo un título muy sugerente y polémico, “Situaciones conyugales”, ¿cómo lo recibió la gente?

Fue genial, tuvo una recepción genial, sobre todo entre los hombres, que conocieron mejor a las mujeres leyendo esos cuentos.

¿Tenía alguna pretensión social?

Hay dos libros míos con pretensiones políticas y sociales, y las cumplieron. Uno son estos cuentos, y en particular “Pasión vial”, que detuvo la construcción de una carretera perjudicial para el ambiente de San José. “La loca de Gandoca” tiene detrás un episodio de mi vida: yo estaba amenazada de muerte, y si no contaba la historia y un día amanecía muerta, nadie iba a saber por qué. Era una causa ecologista contra una multinacional petrolera, y ya habían muerto varios porque no le hicieron caso a las amenazas, yo decidí protegerme y una manera fue publicar el libro y que se supiera con nombres y apellidos quiénes me amenazaban. Suena exagerado, pero escribir una novela me salvó la vida.

La literatura la convirtió en una especie de heroína nacional.

Por un tiempo sí. Después de que salió “Limón blues”, ya no, y menos mal, porque el lugar de la heroína es muy pesado. Pero en algún momento serví para concentrar impulsos que andaban dispersos.

Su obra se considera literatura erótica, ¿ha sido su bandera?

No, es algo inevitable. Tal vez en “María la noche” sí era bandera, pero luego no, uno no escoge lo que escribe, en unas cosas sale mejor que en otras.

¿Es feminista?

Si feminismo se define como estar consciente de que las mujeres debemos ser tratadas con igualdad de derechos, soy plenamente feminista.

¿Cómo es la relación que mantiene con los escritores de su país y de la región?

Hay una cosa de la que siempre hablo y es la vanidad de los escritores, es terrible. Los escritores nos relacionamos a matar, como son competencia no hay que leerlos, no hay que ayudarlos. Eso yo lo he hablado con otros centroamericanos y están de acuerdo, hay una cosa bien mezquina entre los escritores. Sobre eso hablaré en Santa Ana, como uno de los obstáculos que no permite difundir la literatura centroamericana.

¿Usted se mantiene económicamente de lo que escribe?

Hay años en que lo logro. El año pasado lo logré. Este año no sé si lo lograré. No tengo salario fijo, pero escribo para periódicos y con eso me redondeo, doy conferencias y a veces me las pagan, y a veces bien. “La loca de Gandoca” ha sido muy generosa conmigo, ya va por los 100 mil ejemplares vendidos.

¿Tiene un mapa para seguir su trayectoria como escritora?

El único mapa que tengo es el de las ganas de escribir. Sé lo que quiero hacer, pero más allá de eso no hay mapa.