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Anacristina Rossi (izquierda) junto a Ismael Sermeño, durante el conversatorio en Los Tacos de Paco.

La ruta de Rossi
Elmer Menjívar/Erick Rivera
cultura@laprensa.com.sv

Durante su estancia en El Salvador la novelista costarricense Anacristina Rossi estuvo presente en diversos espacios culturales y con distintos públicos.


De Los tacos de Paco a la librería La Ceiba, pasando por el Centro de Artes de Santa Ana. Fueron dos días, miércoles 15 y jueves 16, pero Anacristina Rossi plantó palabra donde le dispusieron oídos.

El Grupo Santillana y LA PRENSA GRÁFICA organizaron estas visitas con el objetivo de poner en contacto directo a la autora con sus lectores y también con los jóvenes inquietos por la creación literaria.

En estas tertulias, la tica habló de literatura, de los literatos, del erotismo, del mercado editorial, de feminismo, de ecología, de Costa Rica, de Centroamérica y también, a su pesar, de ella misma.


Interrogatorio picante

La primera cita con Anacristina fue en la Peña Cultural de los Tacos de Paco, en “Los miércoles de poesía”, de la Fundación Cultural Alkimia.

Por una vez, el miércoles se desvió a la narrativa, “como deferencia para nuestra amiga Anacristina”, explicó Héctor Sermeño, presidente de Alkimia y anfitrión de la noche.

El formato de la noche fue la entrevista. Sermeño, experimentado conductor de entrevistas televisivas, sentó a Anacristina en una mesa sobre el escenario y entabló con ella una amena y picante plática salpicada de diversos temas, algunos nada comunes entre escritores: la integración centroamericana, el ejército, la sexualidad, el racismo y la lucha contra la explotación ambiental de parte de las multinacionales.

El público también preguntó. “¿Hay amores mayores en tu vida?”, preguntó un joven poeta que al parecer buscaba una posibilidad. La novelista respondió como se debe: “Sólo hay amores mayores, si no es mayor, no es amor”, y dejó en el ambiente algo así como una duda.

Fue una noche de vientos, “de niños perversos”, que mostró el lado serio y el tinte lúdico de la novelista.


A tierra que fueres...

El segundo destino de la gira literaria fue la ciudad de Santa Ana. El lugar era el Centro de Arte, que está alojado en un señorial edificio en restauración. Un salón de techo muy alto, con ribetes, frisos, ventanas y arcos barrocos enmarcaron la charla.

Anacristina tenía preparada una conferencia sobre la dinámica literaria en Centroamérica, sin embargo, al constatar que un alto porcentaje de sus oyentes eran menores de 15 años, optó por charlar en un lenguaje “menos tremendo”.

Aquí habló del origen de la literatura y su importancia en el desarrollo humano. También, al responder preguntas, dio su versión de porqué su país no tiene ejército y por qué se mantiene al margen del resto del itsmo en algunos temas. Se manifestó integracionista.

Esta parte de la jornada cerró con un recorrido por la ciudad heroica. “No hay ciudades con tanto pasado en mi país”, comentó, para beneplácito del ego de los santanecos.


La investigación en la literatura

El jueves por la noche, en la librería La Ceiba de Galerías, Anacristina hizo tiempo –de nuevo– para un conversatorio con lectores y curiosos.

Frente a ella, un ejemplar de “Limón blues”, su novela más reciente. Con tono serio, pero afable, no duda en exhortar: “El Salvador tiene que hablar, es el momento de hacerlo”. Hace alusión a la necesidad de producir literatura.

“Con ‘Limón blues’ he aprendido a darle más libertad a los personajes y con ella descubrí un mundo”, dice Anacristina, quien mantiene que es ésta su novela preferida.

Y en ella no sólo hay inspiración, también un proceso investigativo que busca garantizar la verosimilitud de la obra: “Aunque en ‘Limón blues’ no hubo una investigación académica como tal, la historia nació cuando leí los periódicos de los afrodescendientes en Limón, luego me senté a hablar con mi padre tardes enteras sobre el Limón de otras épocas”, señala la novelista.

Este fue el viaje de una novelista centroamericana en nuestro territorio. Dejó algunas respuestas, pero también dejó el gusto por las letras.