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Un pulsito |
| Dirección de Publicaciones:
un buen trabajo.
Cortázar: no lo he leído, pero creo que
es bueno.
Sueños: escribir.
Vida: aprovecharla.
Dalton: significativo en el pasado.
El asco: me gusta.
UES: mi centro de estudios.
Rock: compañero de la vida.
García Márquez: un maestro.
Violeta: mi vida.
Padres: sostén.
Grotesco: sentimientos.
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El cabello liso cae sobre los hombros
(a lo hippie, dirán los amantes de los lugares comunes) y hay
ropa floja. Las piernas se cruzan sobre el sillón rojizo y
la conversa se ve venir para develar la “verdad” de Karla Suchit Chávez.
“No pensé que iba
a ganar”, dijo hace unos días, cuando la impresión aún
la consumía. Ahora, con la victoria menos vacua, ella se sabe
glamorosa y vencedora, y no le rehúye al combate con la grabadora.
Literatura es lo que ha
buscado desde niña cuando oía la risa de su padre con
los textos releídos. “Porque a él siempre le gustó
leer de todo, se divertía mucho con eso: yo soy, en verdad,
una imitación suya.”
Violeta, la vida “Mi hija
es mi vida entera”, dice la madre de 23 años, a quien nunca
le impusieron una carrera, a quien los padres la “dejaron ser”.
“No vi a mi hija hasta los cuatro
días después del parto porque las cosas se complicaron;
pero nunca veré ese suceso como algo negativo, pues no lo es”,
añade. Pero hay
que saberla de frente y conversar. La autora del cuento “Grotesco”,
aunque cansada por la fama furibunda y repentina, se expone... todavía
más. ¿Es Karla
tan violenta como sus letras?
Siempre me ha gustado el tema de la violencia y las cosas más
oscuras. Pero me llama la atención a partir de la conducta
humana, de cómo se puede llegar a ser un violador, un asesino
o alguien que ejerza violencia contra sus semejantes. Toda persona
tiene experiencias que le provocan ira interna, siempre hay un detonante
para ello. ¿Y en tu
caso hay algún detonante?
Pues... creo que hay cosas que uno resiente, como desengaños
o malentendidos con la gente que lo rodea a uno.
¿Algo en particular?
No, sólo son cosas que forman
parte de la vida cotidiana, como acabar una relación o los
roces de siempre con familiares o amigos, pero nada muy fuerte.
¿Te mirás como escritora
en el futuro o no es un proyecto de vida la literatura?
Sí me veo como una escritora
en el futuro, pero no sólo como escritora, sino desarrollando
otras actividades. El periodismo, el teatro, etc., son cosas que están
ahí aún. Lo que sé es que si uno nunca se mete
de lleno en algo no lo hace bien nunca. El periodismo escrito me apasionaría
mucho. ¿Y cuál
es tu visión del periodismo nacional?
Creo, por ejemplo, que la violencia está
muy metida en el periodismo, pero porque hay que entender que refleja
lo que pasa en la calle. Aunque hay un problema: en el país
(y quizá en otros también), la premisa de que el morbo
vende está bien asentada; algunos medios utilizan la violencia
para proyectarse, se aprovechan de ella.
Vivís con tu compañero y tus padres, y no sos casada...
Liberal la relación...
Mi familia es conservadora, y ha habido un par de choques por ahí.
Yo no es que tenga una idea liberal en su totalidad de la vida, pero
me parece que no es necesario el matrimonio para estar con una persona.
El amor es lo más importante. Si una mujer ama a un hombre,
pues no veo el pero para acostarse con ese hombre, si se aman. Una
mujer adulta, claro, porque las relaciones adolescentes no me parecen
tan correctas. ¿Cuál
es tu panorama de la literatura salvadoreña actual y de la
de otras épocas?
Seré sincera: no he estudiado profundamente la literatura salvadoreña.
Salarrué es una excepción porque sí que lo he
leído, y me gusta, y me llama la atención su vida artística
más íntegra que los demás. Horacio Moya, Melitón
Barba y otros también me parecen interesantes. A Moya lo leo
porque escribe sobre violencia, sobre un reflejo de lo actual (y perdón
por volver a lo mismo).
Pero en la realidad hay otras cosas aparte de la violencia.
Sí, claro, yo no
me centro exclusivamente en la violencia, y me gustaría algún
día plasmar historias románticas y de alegría.
Hay un escritor español, Luis Landero, que le he releído
un libro, “Juegos de la edad perdida”. Un libro sencillo y bueno,
y ahí la violencia no es lo más importante.
Hablame de la relación
con tu familia. Yo
me he llevado mejor con mi papá en mi familia. A veces quizás
hay choques, pero todo marcha bien. Lo que se debe imponer en toda
relación familiar es el respeto por el otro y por lo que a
éste le interesa. En la adolescencia tenía más
problemas con mis hermanos; ahora, ya casi no.
¿La noticia de que tendrías una
hija fue un “golpe familiar” en su momento?
Sí, sí... Pero más que
todo al principio, porque cuando ya vieron el bodoquito, ya todos
lo quisieron. Yo estaba decidida a decirles, y me presenté
un día con Óscar (compañero y padre de Violeta)
para informar a mis papás. Todo se resolvió para bien
al final (ríe).
La experiencia del primer parto siempre es dura. ¿Cómo
te fue a vos? El mío
fue particularmente difícil. Pasé cuatro días
sin ver a mi hija porque tuve complicaciones. Estuve con sondas y
aparatos porque me habían provocado los dolores los médicos
y las cosas se pusieron muy difíciles. Pero creo que cuando
uno tiene ya a su hijo en brazos, todo el esfuerzo se esfuma y queda
sólo la satisfacción y el nuevo amor.
En el cuarto vecino, Violeta ha empezado
a llorar. Se ven las manos de un hombre que la sostienen en alto.
Es Erick Chávez, el filósofo-poeta, hermano de Karla.
Y la charla se apaga. |