|
Su vida ya no es la de aquella jovencita que iba a la universidad, salía
con sus amigos y veía televisión en casa. Desde el
momento en que el maestro de ceremonias pronunció su nombre, otorgándole
el título de Miss El Salvador, la vida de Irma dio un giro radical, lo
que la obligó a realizar algunos ajustes en su vida personal. En
los últimos tiempos le ha tocado vivir días muy intensos, lidiar
con agendas saturadas de eventos, realizar ensayos agotadores... Y eso que la
prueba más dura aún está por venir. Todo el sacrificio,
el esfuerzo y las intensas horas de preparación a las que se ha sometido
por meses se medirán cuando se enfrente al jurado calificador de Miss Universo,
allá en la mística Tailandia. Sin embargo, toda esa vorágine
de eventos no ha logrado borrarle a Irma Dimas su cautivadora sonrisa, la misma
que hechizó a miles de televidentes que la conocieron en el reality
Rumbo a la corona. Prepararse para ser nuestra representante
de belleza ha sido para Irma una especie de curso intensivo de disciplina. Tengo
la responsabilidad de ser el reflejo no solo de la belleza de mi país,
sino también de sus valores y su cultura, recalca. Nueva vida Con
esto de convertirse en una reina de belleza, algunas cosas han cambiado en la
vida personal de Irma; otras, siguen inalterables, entre ellas, la relación
con los miembros de su clan familiar. Con mis hermanos nada ha cambiado,
seguimos como si yo no fuera Miss El Salvador; nos peleamos, por momentos nos
odiamos (como cualquier relación entre hermanos), pero somos muy buenos
amigos también; y en cuanto a mis padres, pues siempre mantengo una relación
muy especial, asegura. Sin embargo, reflexiona y se queda pensativa
ante la pregunta de qué tan difícil es ser nuestra representante
de belleza sin dejar de ser ella misma. Siento que extraño
lo que era antes de ser Miss El Salvador, es decir, ser una amiga para mis amigas
y amigos, ir a la universidad, ver televisión... Antes veía películas,
las noticias, hoy no tengo tiempo; pero no me arrepiento, porque siento que cada
día estoy haciendo algo diferente, cada día hay un nuevo reto por
realizar. Sus temores Como salvadoreña, Irma tiene
sus preocupaciones. Sabe que no es fácil, incluso para los profesionales,
encontrar oportunidades laborales. Sin embargo, está convencida de que
la dedicación y aplicación en los estudios es clave para que el
panorama se pinte de mejor color. Yo estoy segura de lo que me gusta.
Cuando decidí estudiar Derecho, mucha gente me cuestionó debido
a la gran cantidad de profesionales que egresan y que no encuentran dónde
ubicarse. Creo que en las condiciones en las que está el país, a
cualquier persona le cuesta encontrar trabajo; por eso quiero ser una buena estudiante,
porque si soy buena, encontraré trabajo en cualquier lado, dice muy
convencida. Qué ama y qué cambiaría Irma sostiene
que ama a su país y que ha aprendido a quererlo mucho más que antes. Mi
país es bello, tiene muchos lugares que aún nos falta explotar,
pero lo más especial que tenemos es lo que somos nosotros: tenemos cualidades
y capacidades para salir adelante. Somos trabajadores, entusiastas y poseemos
ciertos valores que en otros países ya no existen, asegura. Lo
que le gustaría recuperar, y es quizá un pensamiento que refleja
el sentir de la juventud en general, son los valores que se han ido perdiendo. Hay
mucha violencia. A los niños les hace falta amor desde pequeños,
sufren de maltratos, de descuidos. Ellos son el futuro del país, y si hay
buenas raíces en esos chicos, cuando crezcan serán alguien. Si crecen
en hogares desintegrados, se perderán, enfatiza. Es por eso
que Irma va más allá y sueña con cambiar el pensamiento de
los salvadoreños. Tenemos que aprender a querer a nuestro país.
Los jóvenes hoy en día estudian para luego irse al extranjero. Pensamos
que el país no vale la pena, pero tampoco hacemos nada por él; debemos
todos poner de nuestra parte, finaliza. Me gusta, no
me gusta... Aunque la naturaleza le dio belleza, dice que hay ciertas
cosas que le gustaría cambiar. A veces soy haragana (risas),
porque divago mucho, mi mente piensa en muchas cosas a la vez, me cuesta concentrarme.
Físicamente, me gusta mi rostro... Y lo que no me gusta, son mis pies (se
ruboriza y ríe). ¡Son muy gorditos! Me considero
bondadosa, por eso quiero trabajar con los niños, me identifico con ellos.
Y, ¿qué ve en los hombres? Que tengan una linda sonrisa,
una mirada cautivadora. ¿Cómo me pueden conquistar?
Siendo auténticos, que no traten de ser lo que no son. Adoro la sencillez.
La bella habla de belleza Cómo no hablar de la belleza, ese rasgo
del ser humano que el diccionario define como conjunto de cualidades cuya
manifestación sensible nos produce un deleite espiritual y un sentimiento
de admiración. Por supuesto que Irma tiene su propia percepción
de la belleza: considera que esa cualidad es capaz de abrir caminos, pero que
si no va unida a la inteligencia no sirve de nada. Una persona puede
ser bella e inteligente, pero a la vez soberbia. Creo que, ante todo, vale más
la belleza interior, asegura la guapa salvadoreña. Para ella,
en los últimos tiempos el concepto de belleza ha ido ligado a la palabra
estereotipo; por eso, Irma cree que la belleza está en el hecho de que
una persona sea alegre y segura de sí misma. Acá,
entre nos... Cuando Irma ganó el certamen de belleza nacional,
muchas personas le preguntaron por qué no había llorado, como le
ha ocurrido en otras ocasiones a las ganadoras. Dimas dice que ella, aunque
se emocionó, se consiguió controlar para que no se le obstruyeran
los pensamientos. Sin embargo, reconoce sin tapujos que una de sus
válvulas de escape es el llanto. Cuando siente que hay algo con lo que
no puede más, deja escapar sus lágrimas; eso sí, no le gusta
que nadie la vea llorar. Ya se está acostumbrando a los piropos,
y aunque reconoce que ha habido de todo, uno de los que más en gracia leha
caído es este: ¿Te dolió cuando te caíste del
cielo?. Recientemente, Irma fue nombrada por Cancillería como
embajadora de El Salvador en misiones especiales, por lo que hoy en día
cuenta con un pasaporte especial, como diplomática. Su refugio Irma
comparte habitación con su hermana mayor, y han puesto sus propias reglas. No
me gusta que toquen mis cosas. Mi cama y mi almohada son intocables, en ese sentido
sí que soy pilosa, reconoce. Si hay desorden, se deprime y
se retira. Su cuarto está compuesto por un espejo grande, un tocador,
un gavetero y un clóset, también compartido. En su guardarropa
predominan los pantalones, las blusas y el maquillaje. Sus perfumes favoritos:
Ralph Lauren, Elizabeth Arden. En su habitación también hay
libros y discos. Oye música de todo tipo, menos la grupera. |