Ni la madre ni su bella hija pudieron pegar los
ojos durante toda la noche y la madrugada; es
que los vuelos desde Los Ángeles, California,
a El Salvador no por gusto son considerados “matadores”.
Aun así, con todo y unas ojeras disimuladas con
corrector, Irma Dimas, quien quedó en el 19.º
lugar entre 81 concursantes, apareció radiante
con su traje blanco y orgullosa, atravesada en
su pecho, la banda que le da el título de Miss
El Salvador.
“Estoy emocionada porque ya estoy de regreso
y puedo ver a mi familia y amigos, ya podré descansar
tranquila. Tengo el sentimiento de haber vivido
una experiencia muy linda que no se va a repetir,
pero de la que me quedará un gran recuerdo”,
decía una Irma que mostraba los ojos algo “chinitos”
por el sueño.
Mientras, en la salida de pasajeros estaban
su hermana mayor, Iliana, sus abuelos paternos,
su amiga Flor Machado y muchas otras personas
ajenas a ella, pero que no se perdieron detalle
alguno de la llegada de la simpática joven.
Y claro, luego de las sonrisas ante las cámaras
y de conversar con una reportera de televisión,
vino lo inevitable, que rodaran lágrimas de alegría
y emoción al abrazar a los queridos abuelitos.
“Estoy feliz de verla, gozosa, porque
hizo un gran papel, la esperábamos con los brazos
abiertos”, expresaba doña Irma, la abuelita
paterna de quien la joven heredó el nombre.
Mientras, Iliana —que es tan guapa como
su hermana—, decía: “La extrañaba
mucho, ya me hacía falta Irma, ¡hasta para pelear
un poco!”, decía Iliana en broma y con una
sonrisa en elrostro.
“Fue emocionante estar en un país lejano,
con una rica cultura y con gente maravillosa.
Verla participar en un concurso como Miss Universo
y vivir la experiencia en el propio lugar. La
vamos a seguir apoyando, porque esto sigue y ella
está dispuesta a seguir adelante”, expresaba
doña Marina, la mamá de Irma.
Por su parte, Flor Machado, su amiga de infancia,
también estaba allí, orgullosa de Irma: “Estoy
superemocionada de volverla a ver y feliz por
lo que hizo”.
Un pick up de la organización Miss El Salvador
esperaba por el equipaje de Irma: un total de
seis maletas y dos cajas conteniendo, además de
todo su vestuario, los muchos recuerdos que se
trajo del país de la sonrisa. Por suerte, no se
le quedó ninguna valija, todo su equipaje llegó
sano y salvo.
En el calor del hogar
No menos cálida que la bienvenida en el aeropuerto
fue el recibimiento que “Mimita” (como
la llama cariñosamente su familia) recibió en
su casa, en Antiguo Cuscatlán, a eso de las 7:30
a.m., de una mañana pintada con perezosas nubes
grises y un poco de calorcito veraniego.
Allí también, amigos y demás familiares la esperaban
con globos, pan dulce, café, jugo de naranja y
algo que no podía faltar en un hogar salvadoreño:
las tradicionales pupusas de arroz por las que
Irma se moría.
Durante una buen parte de la mañana, muchos familiares
de Irma hicieron acto de presencia, mientras doña
Marina narraba sus aventuras en Bangkok, mostraba
recortes de periódico o contaba cómo la gente
reconocía a una popular Irma en los centros comerciales
tailandeses.
Ayer, el tema de conversación durante todo el
día en el seno del hogar Dimas fue la participación
de la “Mimita” en un certamen de ensueño,
en una tierra marcada por el misticismo, la religiosidad,
el misterio y el encanto oriental.