De repente, todo el mundo se pregunta: - "¿Qué harás para la época de Semana Santa?".
Y escuchamos respuestas variopintas, inclusive quienes cuentan: "Es costumbre en la familia ir al pueblo de mis abuelos a ver las tradicionales alfombras, a disfrutar de comida original y de oficios propios con amigos y vecinos". O, "nos quedaremos a vivirla en la capital..."
Bajo el sol del verano, en la campiña o en la playa, al ritmo de las peregrinaciones cristianas y reuniones familiares, tenemos la oportunidad de iniciar amistades nuevas en una época envuelta en tradiciones ancestrales de comida típica, velas, caminatas de rodillas y apreciaciones profundas de la fe cristiana.
Al calor de las raíces de bisabuelos y abuelos, entre la gente joven, nacen amistades que duran para siempre, llegando algunos a descubrir el primer amor y el de toda la vida...
En medio de esta época de momentos especiales, -"¿Cómo saber si he conocido a la persona correcta?".
-"¿Cómo saber si el novio conseguido es la elección acertada si quisiera casarme?".
Para empezar, no debemos caer en dos tentaciones muy comunes: Primero, no ser sinceros en ver los defectos y cualidades de la persona, es decir, no ver las cosas como son, sino como uno quisiera que fueran. Segunda tentación: "Fulano (a) tiene tal defecto, pero cuando llegue al matrimonio, con amor, lo(a) voy a cambiar"... Después de la boda, el fulano(a) sigue siendo como era, o peor.
Un matrimonio de psicólogos, Carmen y Luis Riesgo Menguez, nos sugieren cuatro preguntas para estudiar sinceramente a alguien antes de tomar la decisión de formar un hogar estable para toda la vida:
1. ¿Qué actitud tiene mi novio(a) en relación con sus padres? Si una persona no respeta a las personas mayores y sus ideas, o no tiene una actitud amable, de la misma forma lo será con los suegros, presentándose así problemas desde el comienzo de la vida matrimonial. Quien es mal hijo o hija lo seguirá siendo después con suegros y papás.
2. ¿Qué talante o actitud tiene en relación con el trabajo? Los expertos señalan que hay que pensar en la importancia que el trabajo va a tener para la buena marcha del hogar. No sólo porque de él provienen los ingresos económicos, sino porque trabajar tiene un influjo de primer orden en el modo de ser de un hombre y de una mujer, en la actitud ante la vida y ante los demás. Hay que profundizar: ¿Toma interés en sus obligaciones o busca la menor disculpa para evadirse? ¿Cuál es su actitud ante las tareas del hogar: Las valora como algo digno o las desprecia y no ayuda o las rehuye?
3. ¿Qué conducta tiene conmigo? ¿Es cariñoso(a), delicado(a), comprensivo(a), o más bien exigente, terco(a) en cuanto a la imposición de sus ideas? ¿Soy mejor persona junto a él o ella, o es fuente continua de peligros?
El noviazgo lleva consigo muestras de cariño, pero la entrega del propio cuerpo en aquellos actos que van directamente orientados a la generación de los hijos es algo específico del matrimonio, por lo tanto, deben darse hasta entonces.
4. ¿Cuál es su actitud religiosa o de fe? Compartir la misma fe en el matrimonio es algo decisivo para la buena marcha del hogar, porque se comparten los mismos criterios ante las dificultades. Tener las mismas creencias facilita la educación y la orientación de los hijos. Es importante que no haya silencio o burla sobre las ideas o actividades piadosas de parte de un cónyuge sobre el otro cuando los hijos están de testigos.
El noviazgo es un período de prueba para conocerse y saber si es la persona indicada para ser la madre o el padre de nuestros hijos, sino, es mejor cortar. Y hacerlo sin miedo al qué dirán o a las presiones de amigos y de la familia.
El matrimonio es un proyecto maravilloso que tiene sus reglas: Que sea de una con uno y para siempre. Estas preguntas dan buenos indicios cuando se inicia un noviazgo al calor del sol, la amistad y en ocasión, de las tradiciones cristianas de Semana Santa.
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