- ¿Estás a cargo y en control de lo que comunicas con tu imagen?
- ¿Te pueden confundir entre cómo te ves y cómo eres?... ¿Tienes una imagen elegante para darte a conocer mejor?
La imagen no debe verse como algo superficial, que sale como de casualidad al elegir lo que está de moda, o por una necesidad de vestirse bien para ir a trabajar o ir a la universidad.
Me parece que hay que tomarla como una herramienta de comunicación, un lenguaje no hablado, para brindar información “verdadera” personal. Por ejemplo, del tipo de trabajo que tienes o la carrera que persigues; tu estilo de vida, personalidad, valores y principios. Así, consciente o no de esto, tu atuendo, gestos, accesorios, forma de combinar los colores, la limpieza, orden y armonía de las prendas, el talle adecuado y la voz, de cada día, es decir, tu imagen, transmite mensajes acerca de cómo eres.
Debido al fenómeno de la globalización, presentar una imagen elegante que fortalezca el prestigio, es un conocimiento útil para hombres y mujeres de todas las edades y de todos los sectores. Una imagen elegante es un lenguaje universal que fortalece áreas tales como: la Comunicación Estratégica, las Relaciones Públicas, la Negociación, la Imagen Institucional, el Marketing, la Política, etc.
Por la experiencia de consultora en valores éticos y estéticos, pienso que la moda favorece cuando es expresión auténtica del alma. Esto se logra si te ves elegante. Nunca olvidemos, en especial las mujeres, que el modo de presentarnos ante los demás, está íntimamente vinculado con lo que somos, con nuestra dignidad de personas.
En la era de las comunicaciones, presentar una elegante le interesa a todos: Al comerciante que desea agradar a sus clientes; al ejecutivo que busca una promoción; al diputado que quiere ganar votos o a un cliente que busca dar una buena impresión para conseguir fondos en un banco para un proyecto de estudios o de negocios.
Ricardo Yepes, un filósofo, señala que existen dos tipos de elegancia: “Una tiene un sentido más bien negativo, como para sólo preservar lo vergonzoso. Es la compostura. La otra es la elegancia “de verdad”, plena de sentido positivo, que incluso podría definirse como la belleza personal. La compostura o modestia, es el sentido negativo de la elegancia en cuanto designa ausencia de fealdad en la figura y conducta personales... Esta última nota se opone a lo vulgar, lo que tiene ya connotaciones de cierto desaliño y suciedad. Distinguido es lo que sobresale, lo elevado, lo señorial”.
Normalmente nos vestimos según la ocasión. Ser elegantes permite estar a la altura y festejar mejor, pues “adornar es una necesidad y una costumbre humana que no responde a la manía, o a la simple conveniencia de cubrir lo desnudo o lo vacío. Tiene que ver más bien con la idea de festejar. Todo adorno tiene, en efecto, una doble función: Es a la vez representativo y acompañante...”
Un traje de boda, por ejemplo, queremos sea extraordinario, superabundante, lujoso, y de color simbólico. Realiza una transformación de la novia, dice Yepes, y la acompaña, la reviste de atmósfera solemne y festiva, al tiempo que significa y realiza su condición nupcial...
La elegancia es la máxima expresión de comunicación no verbal, porque implica armonía interna y externa. Elegancia es una actitud permanente por tratar de elegir lo mejor, lo más bello, lo que perfecciona. Ser elegante es ser atractivo, alegre y agradable. Implica vanguardismo. Una persona anticuada nunca es elegante.
No significa vestirse con prendas de marca o caras, es parecer lo que se es, porque el cuerpo humano, visible, refleja cosas invisibles: Afectos, sentimientos, actitudes interiores, ideas: Mi alma.
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