Archivo
Revista ELLA

VIVENCIAS

“Siempre soñé trabajar la madera como mi padre lo hacia. Recuerdo que cuando era pequeña me sentaba a ver como él (papá) hacia roperos, juegos de comedor, sala, y con los trozos que sobraban jugaba de armar sillas o lo que se me ocurría… Aprender el oficio de carpintería ha sido muy satisfactorio para mí, no solo recuerdo a mi padre cada vez que martillo, sino que me siento muy útil, pese a que no ha sido fácil ya que tuve que luchar con muchas personas que me decían que este oficio no es para mujeres, pero creo que les he demostrado que si puedo”. Estas son las palabras de Josefina P., una hábil mujer de 35 años y madre soltera de tres hijos, que con su trabajo los ha sacado adelante.

Desempeñarse en una labor considerada “masculina” es para la mujer salvadoreña un estigma, ya que se le cataloga no solo incapaz de ejércela, sino que se le cuestiona hasta sus preferencias sexuales. Esto va acompañado con discriminación, abusos y mala paga. Para la doctora Margarita Mendoza-Burgos, Directora del Centro de Apoyo al Desarrollo Integral (CADI), esta situación se da porque “los hombres se sienten asustados y sorprendidos al ver a la mujer realizar el mismo trabajo que ellos. Acá tiene mucho que ver el machismo, la frustración y los celos de cada hombre, y dependiendo de ello será el trato que él de a su compañera de trabajo”.

Lucha de todos los días

Sandra Elizabeth P. de 25 años está por terminar su carrera de ingeniería eléctrica, faena que realiza paralelamente con su trabajo en el departamento de electrónica de una empresa influyente. “Soy la única mujer en el área, y desde que inicie este trabajo, hace más de tres años, las cosas han cambiado bastante, al principio todos me veían como un ser de otro planeta, mi jefe inmediato me mandaba hacer las tareas más fáciles… Me trataban con “especial” cuidado, pero con el tiempo y al demostrar que yo soy tan capaz como cualquiera de mis nueve compañeros me he posesionado en un lugar igualitario. A mis compañeros se les olvida que soy mujer y me tratan como a uno más de su camada, claro he tenido que parar a más de alguno por sus comentarios fuera del lugar”, relató Sandra haciendo énfasis en que uno de los mayores problemas que ha tenido que enfrentar es el trato igualitario. Muchas han vivido amargas e indignas experiencia que las hace cobijar sentimientos de rechazo y frustración al saber que ellas son capaces de ejercer una tarea sin importar su sexo. Para la especialista el que la mujer demuestre que es competitiva al desarrollar con eficiencia su trabajo es la clave para aniquilar los estereotipos y ganarse el respeto de todos sus compañeros. Si todas las mujeres actuaran de esta forma los casos de abuso y discriminación laboral mermaran.

Otro de los puntos con los que las asalariadas luchan es el bajo salario, muchos piensan que por ser mujer y ejercer una labor “masculina” merecen una pago mínimo, siempre con la idea de que la mujer debería estar en la casa al cuido de los hijos y los hombres trabajando fuera. Por dicha este pensamiento ya quedo en el pasado, hoy la mujer no solo realiza las tareas del hogar, sino ha demostrado que puede ejercer otras fuera de casa, con igual destreza. Esto ha hecho que la mujer avance, al ocupar, puestos estratégicos al igual que los hombres sin importar su sexo (de cada diez jefes, cuatro son mujeres). Sin embargo, la tarea no es fácil, ya que la remuneración económica sigue siendo inferior a la de los hombres en un 58% menos, según el informe de la Situación Económica de la Mujer en El Salvador realizada por el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer, ISDEMU en abril de 2004.

En general, resulta incongruente afirmar, como muchos lo hacen, que hay trabajos que solo pueden ser ejercidos por hombres o solo por mujeres basándose únicamente en el factor biológico, cuando el origen de este pensamiento es dotado por la cultura y la sociedad a donde se está inmerso.

Igual capacidad

Sin importar la función que la mujer realice, jamás deja de ser femenina, claro no usará medias y zapatos de tacón alto para manejar un montacargas o construir una pared, pero sí es necesario que su delicadeza innata sobresalga en todo lo que hace y no por esto, ella es incapaz de hacer cualquier tarea que se le asigne. Asimismo, es importante el apoyo e incentivo hacia las mujeres jóvenes que optan por estudiar una carrera mecánica, eléctrica o aprender un oficio, este sería el comienzo para acabar con la desigualdad laboral entre hombres y mujeres.

De igual forma, resulta esencial que la mujer al ingresar a una empresa converse con sus compañeros para que haga valer su opinión y dejar claras las cosas que no le agradan, es decir, desaprobar los comentarios vulgares, toqueteos y faltas de respeto. Estas situaciones son tan comunes en todas las áreas de trabajo, y se deben, sostiene la especialista, “a que los hombres temen ser desplazados por las mujeres”, aferrándose a estereotipos impuestos por la sociedad, que golpean la libertad, capacidad y desenvoltura de cientos de mujeres capaces de realizar todo tipo de trabajo. Es necesario entender que no es una lucha entre sexos por excluirse unos a otros, sino que se den las oportunidades para demostrar las capacidades que cada uno posee.