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ESTILOS

Lenguaje global: La simpatía

POR KALENA DE VELADO

En el ámbito de la empresa, y de acuerdo al tipo de trabajo, es fundamental la aptitud de comunicarse, de manera que se puedan transmitir claramente las ideas sobre nuevos proyectos, defensa de líneas de acción y para lograr negociaciones exitosas.


Muchas veces me preguntan qué significan las diferentes formas de expresión corporal a la hora de querer darnos a entender con colegas, amigos o personas a nuestro cargo. Los diferentes estudios sociales, antropológicos, médicos, sicológicos y filosóficos, sugieren que la misteriosa y profunda unión entre el cuerpo y el alma permite que el cuerpo humano, visible, refleje cosas invisibles, es decir, afectos, sentimientos, actitudes interiores e ideas. En una palabra: El interior de la persona, su corazón.

En la mujer, ocurre que ella se siente más identificada con su cuerpo que el hombre, porque su cuerpo desempeña un papel mucho mayor que el hombre como órgano de la vida; por estar muy fuertemente unida a lo vital. De allí la necesidad de un lenguaje elegante exterior, que sea reflejo de su elegancia interior o dignidad. Pienso que de esta realidad surge parte del interés por querer expresarse de la mejor manera, por aprender un lenguaje corporal armonioso. Por querer tener lo que la gente describe como "porte de reina".

En el ámbito de la empresa, y de acuerdo al tipo de trabajo, es fundamental la aptitud de comunicarse, de manera que se puedan transmitir claramente las ideas sobre nuevos proyectos, defensa de líneas de acción y para lograr negociaciones exitosas.

Por ejemplo, cuando el público participa de una conferencia o presentación de productos o campañas, se fija más en el mensaje que se comunica gestualmente, que en lo que está escuchando del que habla. De acuerdo al doctor y psicólogo Mehrabian, los participantes a un evento son impactados con los gestos de la siguiente forma:

- 55% por la mirada del expositor hacia el público o interlocutor.

- 38% por los gestos (vestuario, sentarse, pararse, caminar, uso de los colores, etc.)

- 7% por las palabras que dice (discurso).

Consecuentemente, se tienen mayores posibilidades de convencer con una mirada que con dar la mano o con sermonear largamente.

Estos porcentajes anteriores explicarían porqué un compañero o un familiar que nos pide un favor y se lo hacemos con buena cara, siente que lo hacemos con gusto, y no tanto por lo que decimos.

En cambio, si con la voz aceptamos realizarlo, pero hacemos un gesto de desagrado con la boca o la cara, el que necesita el favor piensa que nos molesta.

Llevar esta hipótesis a la vida diaria en la oficina o el hogar, implica poner cuidado de mirar a la cara y a los ojos cuando alguien nos habla. No vale seguir mirando el periódico o la computadora cuando viene nuestro jefe, compañero laboral, cónyuge o hijos a contarnos los sucesos del día y no le volteamos a ver. De hecho, los niños nos toman de la barbilla cuando quieren que los "escuchemos".

Esta teoría podría explicar también cómo un saludo por la mañana es tan importante, en especial si es el jefe el que llega temprano, mirando a quien se encuentra en el camino a su oficina, deseándole buenos días alegremente.

Otros estudios, como el realizado en la Universidad de Harvard, revela que "la gente percibe por intuición, en los 30 primeros segundos de un encuentro, qué impresión básica tendrá del otro, pasados apenas 15 minutos o hasta 5 meses... Por ejemplo, cuando observamos fragmentos de una clase o seminario apenas 30 segundos, es posible evaluar la eficiencia del conferencista con un 80% de exactitud". (Rocío Anaya M, Conalep, México).

Algunos significados asignados a las diferentes posturas y movimientos, de acuerdo a especialistas son: Las manos en las caderas pueden percibirse como una posición enjuiciadora o autoritaria; dentro de los bolsillos indican nerviosismo o desinterés; tomadas por detrás del cuerpo implican nerviosismo o que ocultamos algo que causa desconfianza; agarradas por enfrente, señalan tensión; los brazos cruzados hacen pensar que estamos a la defensiva y con actitud cerrada.

Una postura elegante y natural es lo mejor: Los pies deben estar a la altura de los hombros, con las puntas hacia el frente, evitando bailar y moverse mucho de un lado a otro.

La simpatía, como parte de la elegancia, es un lenguaje global y se demuestra con los gestos, la mirada y la sonrisa, más que con un idioma extranjero hablado a la perfección.