En 1893, a los 18 años, su obstinación logra convencer a su padre. Con una buena recomendación, Ferdinand Porsche abandonó su ciudad natal para trabajar a orillas del Danubio en la compañía eléctrica Bala Egger, donde demostró rápidamente una genial capacidad de invención que lo llevó a niveles insospechados.
A Ferdinand, hombre de gran rigor intelectual, le costó soportar las jerarquías y la inercia de las enormes estructuras. Poco después de abandonar Daimler Benz para irse a Steyr, creó su propia oficina de investigación en Stuttgart cuando tenía 55 años. Con la ayuda de un puñado de amigos y de su hijo Ferry, Porsche empezó a estar muy solicitado, pues su fama había sobrepasado las fronteras de Austria y Alemania.
Stalin le propuso el puesto de director nacional de una ruinosa industria automovilística que deseaba impulsar. Porsche rechazó la oferta y prefirió seguir trabajando sobre el concepto de auto pequeño, que le apasionaba.
Esto no le impidió crear grandes monstruos de la velocidad, como los Auto Union de 16 cilindros con motor central, o el artefacto récord animado por un enorme V12 de 3,000 HP que le había encargado el Tercer Reich para demostrar la supremacía tecnológica del régimen nazi. En 1934, Hitler conoció la fama del genial técnico. Le hizo ir hasta Berlín, donde le encargó el diseño del "coche del pueblo", el que sería el legendario Sedán. Cuando por fin estaba listo, y ya se había construido una fábrica gigantesca en Wolfsburg para su producción, estalló la II Guerra Mundial. Durante estos años, Porsche y su equipo trabajaron en la versión militar del Beetle y desarrollaron, entre otros, el terrible carro Tigre. Cuando llegó la liberación, los norteamericanos no acusaron a Porsche, pero los franceses lo encarcelaron. El alemán estaba en medio de hilos que manejaban manos que tiraban en distintas direcciones: Una pretendía producir el Beetle en Francia, con lo cual no todos estaban de acuerdo; otra, impedir su renacimiento en Alemania.
Pero era demasiado tarde: Los británicos ya habían conseguido relanzar la producción en la fábrica que había quedado devastada.
Encarcelado durante 22 meses en Francia, a Porsche se le encargó supervisar la preparación del futuro 4 CV Renault, muy parecido a su gran invento. Finalmente fue liberado el 1 de agosto de 1947, libre de toda acusación. Pero Porsche ya era un hombre viejo y enfermo que regresó a Gmünd para reunirse con su hijo Ferry, quien no había perdido el tiempo: Había diseñado un pequeño spider sobre la base del Beetle que vería la luz en 1948.
Rápidamente, el spider, apoyado por el proyecto de un coupé, fue bien acogido por el público. Por primera vez, después de 50 años de trabajo, un coche llevaba la marca Porsche.
El 30 de enero de 1951, Ferdinand Porsche murió a los 76 años, dejando su nombre a una marca más que emblemática. |