Juan Pablo Montoya puede sentirse feliz por haber tomado la decisión de emigrar a Nascar a partir de 2007 -así lo aseguró y reiteró ya varias veces-, pero internamente es consciente de que esta fue una de las pocas salidas que le quedaban para su futuro deportivo, al ver que las puertas de la Fórmula 1 comenzaban a cerrarse para él.
El acuerdo para competir en la principal categoría estadounidense lo alcanzó completamente a escondidas de McLaren, que recién se enteró cuando Juan Pablo ya había sellado el contrato con Chip Ganassi. Allegados al piloto colombiano revelaron a la revista británica "Autosport" y luego lo publicó la revista especializada argentina "One", que Montoya inició los contactos con su ex jefe de escuadra en el Champ Car tras verse desilusionado sobre sus alternativas de continuar en la F-1 en 2007.
"Cuando la gente escucha que dejo la F-1 para irme a Nascar, algunos creen que estoy loco, pero creo que es algo excitante. Creo que es un gran desafío para mi carrera" aseguró Montoya, con una visión que pocos comparten, y que más bien ven como un retroceso, incluidos varios de sus hasta hace días, colegas en la máxima categoría.
Para entender la reacción de Montoya de cortarse en soledad, incluso por sobre su manager Julian Jakobi, a fin de negociar con Ganassi, vale traer al recuerdo el GP de Francia de 2003. En aquella carrera, Juan Pablo creyó que Williams, su equipo, pretendía favorecer la estrategia de Ralf Schumacher por sobre la del colombiano, promoviendo la victoria del germano. Enojado, Montoya insultó a todo el staff del team de Grove vía radio desde su monoplaza. Lógicamente, días después en la sede del equipo, Frank Williams y compañía le hicieron un serio llamado de atención por la actitud que había tenido, la que por si fuera poco, se había hecho de conocimiento público. A los pocos días, se cree que Juan Pablo ya se había contactado con Ron Dennis para acordar su ingreso a McLaren desde 2005, cuando todavía quedaba por delante la temporada 2004. Con esa misma determinación y quizá en forma algo arrebatada, producto de su carácter impulsivo, fue que Montoya se enojó con McLaren por su recriminación tras el choque de Indianápolis 2006 y, ante las pocas posibilidades de conseguir una butaca en otro equipo de F-1, se contactó de inmediato con Ganassi.
Aunque la decisión de Montoya prácticamente puso fin a su carrera en la F-1, se cree que el colombiano estaba en avanzadas negociaciones con su antiguo equipo, Williams, en 2007. "Tuve un par de opciones y estaban abiertas para que las firmara. Pero estar en Norteamérica es excitante y no podía rechazar esa alternativa. Un par de años más adelante quizá no iba a tener este chance y no quería perderla" apuntó JP.
Desde la otra vereda, Sir Frank Williams negó que hubiese ofrecido un contrato a Montoya. "Puedo negar categóricamente que Williams le haya ofrecido un contrato a Juan Pablo para el próximo año" aseveró, antes de reflexionar: "Juan es un piloto con mucha determinación y cuando estaba realmente en forma, su habilidad para sobrepasar coches era formidable. Pero siempre le gustó correr en Estados Unidos y en cierto modo esta decisión indica que está regresando a casa. Será interesante ver cómo Juan Pablo se lleva con los viejos muchachos del Nascar. Estoy seguro de que será capaz de manejar esos autos más rápido que todos una vez que entienda la técnica".
Las reacciones en el paddock de la F-1 fueron disímiles. Michael Schumacher dijo: "No veo ningún desafío en Nascar, yo no lo haría y no lo veo interesante", mientras Jacques Villeneuve afirmó: "Es una buena alternativa, interesante, divertida, una vez que se deja la Fórmula 1". Problemas de adaptación
Desde el momento en que desembarcó en la F-1, Montoya debió afrontar un gran problema: Sus inconvenientes para adaptarse a la conducción de un monoplaza con tendencia subvirante. La padeció en Williams-BMW, pero fundamentalmente en McLaren-Mercedes. "Todo auto de McLaren que conduje se sintió un poco desbalanceado. Con subvirancia, principalmente. No me malinterpreten, el MP4-20 y el MP4-21 fueron coches veloces, pero si hubiese tenido esa subvirancia en un Williams, habría terminado en cualquier lado. Los McLaren habrían sido incluso más rápidos si hubieran sido más cómodos para manejar" confiesa Juan Pablo. Y luego dice: "Honestamente, la subvirancia hace todo muy difícil. Debí aprender a adaptar mi estilo a estos coches. El año pasado intenté principalmente acercar el auto a mi forma de pilotaje y no funcionó. Este año hice al revés, yo me acerqué al carro. Pero incluso así, tuvimos muchos problemas".
Por el contrario, según analiza el periodista Matt Bishop en F1 Racing, no caben dudas de que estando en su día, con la puesta a punto que lo hacía sentir cómodo, Montoya era sumamente rápido. En esas ocasiones: Interlagos 2004 y 2005 y Silverstone 2005, se mostró en igualdad de nivel con Räikkönen y quizá incluso más rápido que él. Pero Juan Pablo ha sido inconsistente a lo largo de su carrera y ha cometido muchos errores. No en el sentido de estamparse contra un guard-rail o generar un choque en cadena (aunque para haber llegado a su sexta temporada en F-1 tuvo bastantes de esas fallas), pero sí en lo que se refiere a un radio de curva mal tomado, a una rueda bloqueada por algunos metros... Esa clase de deslices pero reiterados.
Todo esto, sin duda, fue poniendo signos de interrogación en los demás equipos sobre la conveniencia de contratar a un piloto que ya tiene 30 años, que demanda un salario alto y que, además de cometer errores, no logró demostrar o plasmar todo aquello que prometía cuando desembarcó en la F-1, marcado como el hombre que le mojaría la oreja a Michael Schumacher. "Tengo varias visiones sobre Juan Pablo -confiesa Pat Saymonds, director de ingeniería de Renault-. Es un piloto muy, muy veloz, ganador de carreras, pero todavía se ven muchos errores en él. Lo dije al final de 2004 y lo reitero ahora".
Así, la posibilidad de un pase a Renault, que no habría sido tan mal visto por Flavio Briatore por el peso del nombre de Montoya, se fue cerrando. Lo mismo ocurrió con Williams, quien seguramente no olvidó los insultos de Francia 2003 y la forma en que Juan Pablo se marchó a McLaren. Red Bull pensó en él, pero luego se convenció de que no era lo más indicado. En Toyota no lo veían con buenos ojos, y lo mismo ocurría en BMW Sauber. ¿Ferrari? Era algo que Montoya nombraba al final de su lista de posibilidades, pero inconscientemente reflejando el orden inverso a su nivel de deseo... Ahora bien, con Michal Schumacher próximo a renovar y la posibilidad de cruzarse nuevamente con Räikkönen allí, no era potable, más allá de que Ferrari nunca se mostró interesado en él.
Un desafío difícil
Montoya no es el primer piloto de F-1 que decide correr en Nascar, o que haya competido en esta categoría y luego desembarcara en la máxima.
Pese a estos antecedentes, la nueva aventura de Montoya en Nascar no será fácil. Ya se lo advirtió Paul Tracy, el canadiense que fue rival del colombiano en Champ Car y que ha probado suerte en la serie Busch, algo así como la división "B" del gran circo "yanqui". Y está en lo cierto Tracy, ya que no es fácil pasar de un coche de 1,330 libras a uno de 3,400 y ser de entrada tan veloz como antes. "Montoya no podrá ir todo el tiempo con la velocidad que puede desarrollar porque 'matará' las llantas. Cuando uno llega a Nascar, prácticamente hay que retroceder a los niveles de velocidad en curva y poder de frenado de una categoría de promoción como la Fórmula Ford. Juan Pablo deberá llevarse bien con esa forma de manejar, no pelearse con ella. Montoya es muy veloz en óvalos, tiene buenas reacciones, manos rápidas, gran instinto, pero un carro de Nascar no responde de esa forma. Hay que manejarlo con finura, y Juan Pablo no es precisamente conocido como un piloto delicado" analizó Tracy, quien por si fuera poco agregó: "Además, los autos de Nascar se caracterizan por tener mucha subvirancia". Sí, justo eso... |