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Fórmula Uno

¿La salida de Montoya?
Se apagó la estrella de Juan Pablo
 

No tiene nada en común con la F-1

¿Cómo es Nascar, el nuevo hogar de JPM?

Los autos poseen 850 caballos de fuerza, cantidad similar a los de la F-1, pero pesan más del doble: un poco menos de 3,400 libras frente a las 1,330 de los F-1. El calendario, de 36 fechas, se desarrolla de febrero a noviembre, casi en su totalidad en circuitos del tipo óvalo, donde los coches desarrollan más de 300 km/h.


Montoya volverá a correr en los Estados Unidos, donde forjó los inicios de su carrera deportiva y donde también consiguió dos de sus principales logros: El título de la CART en 1999, y la victoria en las 500 millas de Indianápolis en 2000. Pero esta vez el colombiano se introducirá en otro mundo, distinto del de los monoplazas. NASCAR, siglas de "National Association for Stock Car Auto Racing" es, por lejos, la categoría más popular de los Estados Unidos, con 58 años de historia oficial (arrancó en 1949) y capaz de congregar a lo largo de una agotadora temporada de 36 fechas, disputadas de febrero a noviembre, a nada menos que nueve millones de espectadores en los circuitos, contabilizando el público que asiste a las carreras de sus tres divisiones: Nextel Cup, Busch Series y Craftsman Truck Series.

Montoya correrá en 2007 en la categoría principal, Nextel Cup, aunque paralelamente y quizá desde este año intervendrá en algunas fechas de la Busch Series (división telonera) a modo de entrenamiento. La Nextel Cup cuenta con un parque que ronda los 45 autos y los modelos participantes son Chevrolet Montecarlo y Montecarlo SS, Dodge Charger e Intrepid, y Ford Fusion y Taurus (en 2007 se sumará Toyota con el modelo Camry). Sin embargo, un mismo chasis es común a todas las marcas, ya que son de estructura tubular. Los motores son V8 de 5.8 litros, con carburador y 850 HP a 9,000 r.p.m., acoplados a una caja de cuatro velocidades, lo cual les permite alcanzar unos 320 km/h. A excepción de dos pruebas: Infineon Raceway, en California, y el clásico Watkins Glen, que se corren en circuitos mixtos, los demás escenarios son óvalos o superóvalos. Para este nuevo desafío, Montoya se unió al equipo de su viejo conocido Ghip Ganassi, con el cual corrió y fue campeón en CART. Desde 2001, el Ganassi Racing corre en Nascar tras asociarse con el empresario Felix Sabates. Hasta el momento la escuadra consiguió cinco victorias, seis poles y un tercer puesto como mejor resultado en campeonatos (2001). Sus actuales pilotos son David Stremme, Reed Sorenson y Casey Mears. El Dodge Charger núm. 42 de este último será el que conducirá Montoya el próximo año.

¿Qué queda en el archivo?

Sin despedirse, Juan Pablo Montoya se fue de la F-1, que casi tampoco lo despidió. Estuvo tan rápido el colombiano para adelantarse a su posible cesantía de la categoría, como rápida fue la reacción de McLaren para ni siquiera darle posibilidades de correr las carreras que quedaban del calendario. "Si quieres irte, vete ya" fue el duro mensaje más allá de las palabras de ocasión de Ron Dennis destacando sus virtudes y deseándole suerte... Palabras calcadas cada vez que un piloto se va o "lo van"... Palabras huecas e hipócritas que son moneda corriente en la F-1.

Montoya se va así de la F-1, en distintas circunstancias pero con el mismo estilo espectacular con el que ingresó en 2001. En aquel tiempo apareció como el gran desafiante del todopoderoso Michael Schumacher, y Juan Pablo arrancó como para responder a esas expectativas con aquel recordado y ajustado sobrepaso al germano -toque incluido- en la "S" de Senna en Interlagos. Después hubo más fuego cruzado en las palabras que en la pista, aunque ninguno de los dos dirigió nunca al otro. Tampoco la F-1 empezó a ver con agrado a este colombiano en la medida que su personalidad arrogante y problemática no se adecuaba a los parámetros de sobriedad y dependencia que exige la categoría mayor. Y poco ayudó su origen de un país sudamericano no poderoso, y con escasos antecedentes automovilísticos. Algo que no es un detalle menor en el análisis fino marcha a contramano de la imagen mercantilizada de la F-1 actual. Por eso, si bien es cierto que Montoya se equivocó y bastante, también es cierto que casi siempre le hicieron las cosas más complicadas que al resto de los pilotos "top". "¿A quién piensas que le van a dar prioridad en la lucha por el título? ¿A un rubio finlandés o a un morocho colombiano?", preguntó alguien en los boxes de Interlagos en la carrera final de 2004, cuando todos palpitaban el áspero duelo que en McLaren provocaría la llegada de Montoya en 2005 como flamante coequipero de Räikkönen, e imaginaban por dónde podría desequilibrarse en un ambiente gobernado por intereses extradeportivos. No se supo si Juan Pablo lo escuchó. Ni tampoco si sus errores, contratiempos o los mejores resultados de Kimi fueron determinantes para que el finlandés fuera el único en condiciones de poner en peligro la primera coronación de Alonso. Sí se vio un año más tarde, en ese mismo Interlagos, a un Montoya con una sonrisa de oreja a oreja cuando con su triunfo y el tercer lugar de Alonso, Kimi perdió toda posibilidad al título. Un Montoya auténtico que ya sea por su origen, su personalidad o sus deseos, nunca se llevó bien con esta Fórmula 1.

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