Félix preocupa. Las lluvias asociadas a su presencia en Centroamérica llevaron ayer a la Comisión Nacional de Protección Civil a decretar la alerta naranja y a paralizar todo el sistema educativo salvadoreño. Son dos síntomas claros de que el Gobierno cree que El Salvador se enfrenta a una situación que no se vivía desde octubre de 2005. Entonces, preocupó Stan.
El lunes se había declarado la alerta amarilla, y ayer se elevó a naranja, el paso previo al rojo. Alerta roja es territorio impactado. El Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET) habla ya abiertamente de temporal para hoy y mañana, en vez de la “situación atemporalada” que pronosticó el lunes. Aunque parecido, temporal es más agua, y más agua es más riesgo de inundaciones y deslaves.
Y si en el país lo que más preocupa es lo que pueda suceder, en Honduras y Nicaragua Félix ya golpeó, y lo hizo con fuerza. Los primeros reportes nicaragüenses —donde el ciclón ingresó con categoría 5— hablan de muertos, desaparecidos y desplazados (ver páginas 10 y 11).
Falta lo peor
Siguiendo el guion que el Centro Nacional de Huracanes (CNH) trazó el domingo, Félix se estrelló a las 6 de la mañana de ayer al sur del cabo Gracias a Dios, el que comparten Nicaragua y Honduras. Como era de esperar, en apenas 12 horas, Félix dejó de ser un categoría 5 en la escala Saffir-Simpson para convertirse en una tormenta tropical, pero no por ello dejó de ser un problema.
Para El Salvador, de hecho, lo peor está por venir.
Incluso el presidente de la República, Antonio Saca, se pronunció ayer por la mañana en un tono de preocupación no escuchado antes en boca de ningún otro funcionario: “Puede ser muy grave, podemos tener deslizamientos, podemos tener derrumbes, inundaciones de ríos”.
Degradado ya a depresión tropical, Félix llegará esta tarde a la parte norte del departamento de Santa Ana. Lo hará tras transitar todo el día al norte de la frontera con Honduras. Así lo cree el CNH, aunque el SNET se atrevió a contradecir al prestigioso centro estadounidense: “Existe otra trayectoria posible, y es que el sistema se dirija hacia aguas del Pacífico atravesando el golfo de Fonseca y bordeando la costa”.
Pase por encima o por debajo del país, las consecuencias no varían en nada. Esa cercanía dejará intensas lluvias sobre toda la región, y El Salvador, por su ubicación, se perfila como una de las zonas más afectadas.
La cantidad esperada sí cambia. En su comunicado sobre Félix de las 9 de la mañana de ayer, el CNH mencionaba por primera vez El Salvador, y las noticias no eran alentadoras: “Se espera que pueda producir de 8 a 12 pulgadas de lluvia a través del norte de Nicaragua y El Salvador, y de 10 a 15 sobre gran parte de Honduras”. Una pulgada equivale a 25.4 milímetros de lluvia, por lo que las precipitaciones estimadas por Miami dejarían unos 250 milímetros sobre el país.
El SNET matiza esas cantidades. Habla de 100 milímetros en 24 horas, “sin descartar valores más altos aislados”.
Los aguaceros, por lo tanto, llegarán cuando ya no existe el huracán. Esta aparente paradoja tiene una explicación: ocurre siempre. En 1974, el huracán Fifí se estrelló contra Belice el 19 de septiembre, y los mayores aguaceros sobre territorio salvadoreño cayeron el 20 y el 21 de ese mes. En 1998, cuando le tocó el turno a Mitch, impactó en Honduras el 28 de octubre, pero el mayor aguacero sobre territorio salvadoreño cayó el 31 de octubre. Mucho más cerca en el tiempo, hace apenas dos semanas, Dean se estrelló contra la península de Yucatán el 20 de agosto, y La Unión amaneció bajo el lodo dos días después.
Esto se debe al poder succionador que cualquier baja presión que pasa al norte de El Salvador tiene sobre la llamada Zona de Convergencia Intertropical. Es esa humedad situada sobre el océano Pacífico la que se espera que caiga sobre el país hoy y mañana, y lo hará aunque el sistema deje de ser depresión.
Hasta que finalice la semana no se sabrá con exactitud qué ocurrirá, pero Félix reúne condiciones para ser uno de esos fenómenos cuyo nombre permanecerá en la memoria colectiva, como Fifí, Mitch, Adrián o Stan.