Se acusan mutuamente de ser desordenadas y dormilonas. Durante la semana se levantan tarde y no alcanzan a desayunar. Sin embargo, inician el día escuchando al británico Phill Collin o a la estadounidense Janis Joplin. “Para animarnos”, aseguran. El fin de semana es diferente. Pamela prepara los platillos favoritos de su hija: Pollo con crema, espagueti y ensaladas. Además van al cine o alquilan películas para verlas en casa.
Andrea cursa el sexto grado.
Pamela cuenta que es una niña muy estudiosa y que nunca ha obtenido malas notas. “En eso no nos parecemos, yo no era tan aplicada”, recuerda esta mamá, quien ahora ayuda en las tareas a su hija y se siente orgullosa de los buenos resultados cada vez que asiste a las reuniones de padres de familia.
Si Andrea se porta mal se queda sin computadora, sin televisión y sin música. Aunque generalmente es una niña bien portada. “Cuando estaba más chiquita, mi mamá me pegaba porque era berrinchuda”, dice Andrea, a quien Pamela llama cariñosamente “Sapito”.
Cuando mamá está de gira la comunicación es constante. Se ponen de acuerdo para chatear. “Ella me cuenta los chambres de la escuela”, dice Pamela entre risas. Andrea no acompaña a su mamá cuando le toca cantar en algún bar, “esta muy chiquita”, pero de vez en cuando, algún fin de semana y si el concierto es de día, sí la acompaña.
A Pamela lo que le gusta es bailar y según su mamá lo hace muy bien. Aunque ya no está en clases, siempre baila y hace presentaciones. Pamela asegura que inclusive a ella misma la ha aconsejado en sus movimientos “me dice ‘mamá, no te movás así, mejor probá esto’”.
Pamela dedica su última producción musical “Transición” a su pequeña hija. Dice que su hija sabe que ella hace muchos sacrificios para que estén juntas. “Mi hija no es una excusa para decir que no hice, al contrario, por mi hija es que hago todo lo que hago”. |