Nora Monge de Quiteño tiene tres hijos: Cristian de 18 años, Sara, de 13, y María José, de 10. Es socorrista voluntaria en la Cruz Roja Salvadoreña desde el 2001. Los terremotos de aquel año le despertaron la vocación de servicio que hoy la llena de satisfacción.
Sus hijos, que conocen los riesgos de la profesión, aceptan con orgullo el trabajo de su madre. “Lo principal es que a ella le gusta. Cuando la llaman por alguna emergencia y se va, nos preocupamos; pero ese es su espacio y eso nos reconforta”, opina Cristian.
“Sé que está ayudando a otras personas y al país. No me preocupa que venga tarde porque sé que, de todas maneras, va a venir”, agrega María José.
A Sara le gustaría estudiar medicina y ayudar a mucha gente, “como mi mamá”.
Esta es una mamá valiente y, además, muy hogareña: Lleva a las niñas al colegio, hace la limpieza y cocina.
El platillo predilecto de la casa es la gallina en salsa.
“Mi esposo dice que yo tengo la culpa de que él esté tan gordito. Yo le digo que no le meto la comida a la fuerza, pero él dice: ‘puesi, pero cocinas bien rico y, quiérase o no, tengo que comer’”, comenta Nora entre risas.
También está pendiente del rendimiento escolar de sus hijos. “Si hay reuniones llega puntual y está pendiente de que haga las tareas”, dice Sara.
Aunque esté prestando servicio, esta mujer de 44 años nunca descuida a su familia: Se mantiene en comunicación constante, avisa cuando llega y pregunta si está todo bien.
En varias ocasiones, la emergencia ocurre en casa. “Uno de mamá conoce la salud de sus hijos, sabe qué es lo que les va a dar, cuando eso ha pasado me vienen a dejar y los atiendo a ellos”.
Sara y María José no descartan la posibilidad de convertirse en voluntarias. Nora explica que, si les gusta, tienen permiso para hacerlo. Cristian, sin embargo, no cree que pudiera seguir sus pasos porque considera que se necesita una vocación de servicio muy profunda.
El joven inició este año la carrera de comunicaciones en la Universidad Tecnológica. En el futuro le gustaría ser comentarista deportivo.
En un principio, el esposo de Nora se oponía a que fuera voluntaria, sin embargo hoy lo acepta y contribuye al cuido de los hijos.
Cuando ha estado en situaciones de mucho riesgo, como la evacuación del volcán de Santa Ana, hace tres años, se decía: “Si supieran mis hijos dónde ando...” eso ocurrió de su propia voz.
La valiente mamá dice que continuará en la Cruz Roja “hasta que Dios me lo permita”.
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