El papa Benedicto XVI se despidió ayer de Estados Unidos con una misa ante 57,000 espectadores que abarrotaron el estadio de los Yanquis, en Nueva York. El pontífice recibió el calor de los feligreses en una tarde que comenzó desde muy temprano para los que tuvieron que hacer una espera de hasta cinco horas para escucharle.
El acto final de una cuidadosamente calibrada visita papal tuvo, como era de esperarse, un indiscutible sabor latino. Dos horas antes de que la misa comenzara, el cantante puertorriqueño José Feliciano deleitó a los asistentes que esperaban ya sentados en el estadio, con un concierto de su producción religiosa, mayoritariamente en español. También, como en la misa celebrada en Washington el pasado jueves, varias de las lecturas y los cánticos litúrgicos fueron dirigidos en español.
El mismo Benedicto XVI ha dirigido la parte final de su homilía en español, casi una hora después de que el cardenal de Nueva York, Edwar Egan, saludase también en español al pontífice en nombre de “la importante comunidad del Centro y Sur de América y del Caribe”.
Pero a diferencia de su mensaje en Washington, el Papa no ha hecho mención a la dura situación de los migrantes indocumentados, sino que se ha centrado más en la esperanza que la feligresía hispana representa para el catolicismo en Estados Unidos.
“Aquí, en este país de libertad, quiero proclamar con fuerza que la Palabra de Cristo no elimina nuestras aspiraciones a una vida plena y libre, sino que nos descubre nuestra verdadera dignidad de hijos de Dios y nos alienta a luchar contra todo aquello que nos esclaviza, empezando por nuestro propio egoísmo y caprichos”, exhortó el pontífice, ante los aplausos y el grito espontáneo de “Viva el Papa”, que se escuchó en el estadio.
Pero Benedicto XVI también aprovechó el último acto en EUA para lanzar uno de los mensajes que ha reiterado en todo su viaje: la necesidad de defender la vida y condenar el aborto. Así, invitó a los fieles a “garantizar el respeto de la dignidad y de los derechos humanos de todo hombre, mujer y niño en nuestro mundo, incluidos los de los más indefensos, como los niños que están aún en el seno materno”. La defensa de la vida, la educación de los jóvenes, la atención a los pobres, enfermos y los extranjeros tiene que ser la base de la Iglesia en América, expresó.
También remató, en otro de los temas recurrentes en sus mensajes, que la fe y la razón no tienen por qué estar divorciadas, sobre todo en la esfera pública. “Ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios”, dijo.
La última ceremonia fue ante una 3,500 personas en el aeropuerto JFK, en la cual Benedicto XVI fue despedido por el vicepresidente de EUA, Dick Cheney.