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El primer trabajo de
María Hernández fue...




Leticia M. Serrano@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 4/14/2008

Desde 1943, cuando apenas tenía 17 años, María Elena de Hernández, propietaria de Teokal, casa de banquetes, ya “sudaba la gota gorda”, dice.

Una vez se graduó de su carrera secretarial en la Escuela Nacional de Comercio y se afiló con un curso especial de taquigrafía, y se convirtió en la secretaria de la principal cabeza del Ministerio de Salud. En aquel entonces el ministro era Humberto Escapini.

Hernández comenta que sus primeras entraditas de dinero (unos ¢180 mensuales) fueron gracias a su destreza en la taquigrafía. Esas palabras “vaya a probar que ya usted está capaz y capacitada para ejercer la carrera no solo de secretaria, sino que taquígrafa”, de parte del Ministerio del Trabajo, fueron las frases que la empujaron con entusiasmo a ejercer su labor. Escribir un dictado (200 palabras por minuto) fue su destreza que la llevó a su primer puesto. Era solicitada y querida por todos. “Cada jefe se peleaba por tenerme como secretaria, pero gracias a Dos estuve con la cabeza en las jefaturas”, dice con orgullo. Unos cinco según recuerda, entre ellos los doctores Roberto Masferrer, Juan Ollwood Paredes, Daniel Olivares, Luis Escalante.

A pesar de su juventud, siempre se consideró responsable en sus actividades

“Siempre fui una niña que aunque sea pequeña siempre colaboraba en las actividades de la casa. No me costó adaptarme, más bien me sentí liberada porque me fui a sentar a un escritorio y en aquella época imagínese usted, era un bonito trabajo. Yo siento que siempre me ayudó Dios a mí con esos trabajos, siempre tuve buenos trabajos, siempre fui responsable, no problemática, deseosa de mejorar. Yo veo para atrás y digo, no cambiaría la vida que tuve”, aseguró.

Su segunda labor años más tarde fue de secretaria en la Asamblea Legislativa y luego del presidente del congreso. Siendo miembro de la Asociación de Secretarias Ejecutivas de El Salvador, promovió que la maternidad no fuera solo de 40 días de aquel entonces, sino de tres meses como es actualmente. En 1994 se jubiló para escribir otro capítulo de su vida como empresaria.