Realizada. Así dice sentirse la Ministra de Educación Darlyn Meza por haber tenido la dicha de estrenarse en el mundo laboral con lo que más anhelaba. Su primer trabajo remunerado, que tuvo cuando estaba en lo mejor de su juventud, a los 20 años, fue como maestra de educación especial en el Hogar de Parálisis Cerebral, Roberto Callejas Montalvo.
Para esa época ya había culminado sus estudios de bachiller pedagógico con título de maestra de parvularia, y el de maestra en Educación Especial en La Universidad Francisco Gavidia y empezaba la licenciatura en esa misma rama. Lo que más anhelaba era cumplir su máximo sueño. Trabajar con niños con de parálisis cerebral.
Meza ahora la analiza como una labor “más estresante que la de ser ministra”, ya que encerraba una gran responsabilidad. Tenía que entregar los niños “sin ningún morete” a sus padres. Pero eso no quiere decir que no lo catalogue como el año más significativo de su vida.
Eso sí, recuerda algo negativo que le marcó para toda la vida, aunque ahora aclara, lo afronta con madurez. Cuando le salió una nueva oportunidad laboral como maestra de parvularia en un nuevo lugar donde ganaría el triple de lo que percibía en el hogar (en el hogar ganaba ¢200), con todo el dolor de su alma tuvo que poner la renuncia.
Como en esos mismos días le habían entregado una bonificación de ¢25 por ser la mejor maestra del hogar, la directora no vio con buenos ojos que ella se despidiera del centro. “Me dijo muchas cosas duras. Que eso me lo iba a dejar en el expediente, que toda la vida cuando yo buscara un trabajo ella iba a decir que yo había privilegiado la situación económica en lugar de estar con los niños”, expresó. “Recuerdo que le dije que esperaba crecer profesionalmente y nunca ser tan dura como ella lo había sido”, remembró. Ahora dice que gracias a esa experiencia, formó su carácter. Considera que hacer sentir culpable al empleado por moverse a otro trabajo es poco profesional. “Yo ahora trato de promocionar a mi gente”, concluyó.