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La envidia es una carga demasiado pesada para llevar, no vale la pena cargarla, porque se sufre demasiado. Bótela mientras pueda. Es común que un envidioso mida su vida por las piedras que salieron del mar y no tenga la capacidad de ver todo el mar que tiene frente. La envidia empobrece al que la porta y es uno de los antivalores más destructivos, tal como el óxido corroe al hierro. La envidia consume todo, extingue el gozo, la satisfacción y el propósito de la vida.
Hay una historia que me impresionó mucho, si es verdadera o ficticia no importa, sino el impacto que pueda tener en nosotros. En un hospital para enfermos desahuciados, había una sala donde se encontraba un grupo de pacientes en las más tristes condiciones. Uno de ellos, el único que tenía cerca la ventana, narraba a sus compañeros de sufrimiento todo cuanto sucedía en la calle, el paso de la gente, las risas de los niños, el brillo del sol y, las flores que adornaban los jardines y mil cosas que sucedían a diario, logrando que su sufrimiento fuera menos doloroso.
Un día, un compañero de cuarto envidioso de la posesión de la ventana se acercó a su lecho y lo asfixió, solicitando al otro día al director del hospital la cama del hombre muerto.
Cuando se situó con la ilusión de la agradable vista a través de la ventana sorprendido notó que todo lo que había del otro lado de la ventana era un alto muro de concreto.
Todas las hermosas cosas que les había narrado el otro eran producto de su vida interior, era lo que el veía con los ojos del alma. Pero él nada podía decir a sus compañeros, porque tenía el alma ciega por el egoísmo y la envidia. ¡Qué tristeza tan grande que los envidiosos sufren por la prosperidad, por las posesiones, por el progreso, la inteligencia y por todas las cosas buenas que los otros tienen o podrían tener!
Los envidiosos no pueden “ver ojos bonitos en cara ajena”. No soportan ver a otros felices, los envidiosos se hacen sentir por sus punzantes comentarios, y críticas destructivas hacia sus compañeros de equipo, de trabajo, etc.
El antídoto de la envidia es el amor, la disposición de servir, de dar de nosotros mismos. Ese antídoto no falla, y nos permite elevarnos. Josh Billings dijo que el amor mira con un telescopio, la envidia con un microscopio. Despojémonos de la envidia, porque esta es una sed insaciable. Es de sabios no lamentarse por lo que no se tiene, sino gozar por lo poco que se tenga, vivamos sin envidia, para que seamos felices.