La responsabilidad, calidad humana, sensibilidad al sufrimiento del paciente, son las principales características que distinguen a una enfermera. Victoria Cañas Urquilla de Hernández funge como enfermera en el Hospital de Niños Benjamín Bloom desde hace 31 años y cumple al cien por ciento esas y otras cualidades.
Ana Esther de Amaya, su jefa, da fe de ello. Es testigo de que a pesar de su edad hace su trabajo con todos los “más” que las 176 que forman el equipo de la parte operativa del hospital puedan tener: dedicación, interés, iniciativa: “En lugar de decaer se mantiene en su ritmo de trabajo, ella trata de ser cada día mejor”.
Siempre se preocupa porque el binomio paciente y madre se sienta auxiliado en sus necesidades físicas, psicológicas y espirituales. Y lo emprende con evidente alegría y entusiasmo.
“Si puede ayudarle a ellos (los padres) también lo hace, se interesa porque el paciente reciba toda la atención de calidad. Con sus compañeras es muy colaboradora. Si se les solicita en actividades extras con gusto acepta, no pone obstáculos para el trabajo”, expresó De Amaya.
Ya lo trae en la sangre
Su pasión y entrega se justifican en el sentido de que es algo que ya lo trae en su sangre. De hecho es un don que ha venido desarrollándose de generación en generación. Su abuelo era enfermero y era quien la colaba al Hospital Santa Gertrudis de pequeña y quien tuvo mucho que ver para que ella pronosticara: “Cuando sea grande quiero ser enfermera”. Además tiene cuatro hermanas con similar profesión, dos médicos y una odontóloga y los sobrinos llevan igual camino.
Luego de haberse preparado como enfermera hospitalaria en 1977 incursionó en su primer y único lugar de trabajo, en el Hospital Bloom. El amor a los niños la llamó. Y hoy por hoy asegura que han sido los mejores años de su vida.
“A lo largo de mis 31 años tengo muchas satisfacciones. Yo me siento la mujer más feliz del mundo. El ver a los niños cuando se van luego de darles de alta me da fuerzas para seguir dando lo mejor”, dice con un noble gesto.
Se describe como una persona alegre, perfeccionista en su labor. “Me gusta que todo esté controlado, con este ojito estoy viendo a un niño y con el otro viendo a los demás”, al mismo tiempo que lanzaba la mirada al grupo de niños del servicio de oftalmología, donde se encuentra destacada.
El carisma y el amor que transmite a sus pacientes los traspasa a sus colegas a las que ve como “la familia Bloom”. La licenciada Emérita Hernández así lo cree: “Es una persona ejemplar, carismática. Cualquiera quisiera ser como ella. Es muy altruista y dedicada”.
Esta enfermera asegura que al servir con ese espíritu ha recibido una de las mejores recompensas.
“La mayor recompensa que Dios me regala en mi entrega es que me regala salud, mis tres hijos, mi esposo, quien es mi mano derecha, es el que también me ayudó a seguir estudiando, ha sido un pilar importante”, culminó quien festejará su día este 15 de mayo.