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Los ojos de Guadalupe, los ojos de mamá

Dr. Roberto García-Rivas / Cirujano Oftalmólogo Telefax: 2226-6968


Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 5/11/2008

 

Según varios estudiosos y hombres de ciencia que han inspeccionado la imagen de la Virgen de Guadalupe en Ciudad de México, se pueden ver reflejadas en ambos ojos y en la ubicación precisa en que se reflejarían en un ojo humano vivo, algunas figuras que han sido extensamente analizadas porque parecen corresponder a la forma y tamaño de figuras humanas localizadas enfrente de la imagen.

El primero en examinar esos ojos fue el prestigioso médico oftalmólogo mexicano Javier Torroella Bueno, el 27 de marzo de 1956. Él certifica la presencia del triple reflejo (efecto de Samson-Purkinje) característico de todo ojo humano normal vivo, y afirma que las imágenes resultantes se ubican exactamente donde deberían estar, según el citado efecto, en una persona viva, y también que la distorsión de las imágenes concuerda perfectamente con la curvatura de la córnea.

El pequeñísimo diámetro de las córneas (7 y 8 mm) descarta la posibilidad de pintar las figuras en sus ojos, sobre todo si se tiene en cuenta el material tan burdo sobre el que se encuentra la imagen. Si una obra con detalles tan minuciosos como esta es imposible para el hombre de hoy, a pesar del desarrollo tecnológico actual, con mayor razón sería algo inalcanzable para cualquier artista del año de 1531.

Varias otras inspecciones de los ojos han sido realizadas por médicos oftalmólogos luego de esas iniciales. Con mayores o menores detalles, todas concuerdan en general con las dos primeras conclusiones aquí expuestas.

Como hombre de ciencia, pero también de fe, comprendo el escepticismo de muchos cuando no aceptan la realidad de los milagros o la presencia de Dios en nuestras vidas. Pues aún cuando los médicos nos basamos en la ciencia, muchas veces nos damos cuenta de que muchos pacientes sanan de sus enfermedades sin una explicación lógica o científicamente comprobada.

Creer en los misterios de la Guadalupana resulta muy difícil para algunas personas, pero recordemos que cuando una mujer está embarazada existe una circulación materno-fetal a través de la cual la sangre de la madre alimenta a su hijo, entonces nos preguntamos ¿de quién sería la sangre que circulaba por la venas y arterias de Jesucristo cuando se encontraba en el vientre de María? ¡Por supuesto que de María! De la misma manera en que la sangre de nuestra madre nos alimentó durante nuestra permanencia dentro de su cuerpo en los nueve meses de gestación.

Si nosotros después de adultos siempre guardamos esa conexión con nuestras madres, porque nos cuesta tanto creer que Jesús y María tengan la misma conexión.

Los ojos de nuestras madres nos ven de una forma especial, ese par de ojitos no solamente miran, sino que además hablan, acarician, dan consuelo, aconsejan y a veces también nos regañan. En la madre joven lucen más brillantes y ven con mayor claridad, pero con el paso del tiempo, sus ojos tienen dificultades para visualizar los objetos, pero no ocurre lo mismo cuando ven nuestros corazones pues nos conocen muy bien.

Después de los 40 años, nuestras madres comienzan a tener problemas para ver de cerca, para leer y tratar de enhebrar una aguja. Este cambio normal que sufren los ojos de mamá se llama presbicia, por lo tanto se hace necesario el uso de lentes bifocales o, con la nueva tecnología, multifocales, que son más funcionales y mamá luce más joven.

Las madres que se han dedicado a actividades bajo el sol presentan pterigión en uno o ambos ojos, el cual es una tumoración benigna que en nuestro país se le dice carnosidad o nube, su tratamiento es quirúrgico. Nuestras abuelas llegan a sufrir de cataratas y se les imposibilita ver de lejos, aunque su visión de cerca en algunos casos va mejorando como consecuencia de la miopía que produce la catarata. El tratamiento de esa enfermedad también es quirúrgico y retira la catarata para colocar un lente intraocular. Este procedimiento debe ser realizado por un médico oftalmólogo.

Cuidemos los ojos y la salud en general de nuestras madres, pues ellas son una bendición que viene del cielo para guiar nuestros pasos.

Que Dios bendiga a las madres salvadoreñas. ¡Gran ejemplo de amor y de fe!