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Marca la diferencia
Asumir las consecuencias



Ana María Funes / Directora general, Acción Estratégica Tel: 2283-9037 / afunes77@gmail.com
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 6/2/2008

 

Un día que escuchaba la lluvia retozar sobre el techo de la casa, se me antojó reflexionar sobre la tan traída y llevada palabra RESPONSABILIDAD, la cual utilizamos cotidianamente para lograr confianza de otros en nosotros.

Cabe preguntarnos, ¿A qué nos referimos cuando hablamos de responsabilidad? Se dice que es la virtud o disposición habitual de asumir las consecuencias de las propias decisiones, respondiendo de ellas ante alguien. También, vale decir, que esta palabra es la capacidad de dar respuesta de los propios actos ante nosotros mismos, y podemos determinar que la responsabilidad es un valor, porque de ella depende la estabilidad de las relaciones personales.

La responsabilidad es valiosa, porque es difícil de alcanzar. En realidad, lo que vuelve problemático el tomar responsabilidad, sobre los propios actos, es la ligereza con la que decidimos hacer cosas, sin reflexionar sobre nuestra capacidad y habilidades desarrolladas. Siempre está aquel dicho: “Dale, hay arreglas las cargas en el camino”. Es decir, nos hacemos responsables sin saber si tenemos o no con qué responder.

Esta ligereza, de no sopesar las consecuencias de nuestros actos, afecta el desempeño laboral y personal fuertemente, ya que la persona que no responde a los compromisos adquiridos se vuelve poco confiable a los ojos de los demás, y pierde auto confianza ante sí mismo. Nadie puede cumplirle a otros, si no es capaz de cumplirse a sí mismo, ya que no podemos dar a otros lo que no tenemos para nosotros mismos.

Las personas que marcan la diferencia en las empresas, en los hogares y en el mundo entero son las que responden al cumplimiento de sus ideales, de sus propósitos y de sus objetivos.

Es así que la práctica de la responsabilidad laboral y empresarial genera espacios de estabilidad, confiabilidad y productividad, y por ende garantiza la fidelidad de los clientes, pues ¿quién no quiere trabajar con una empresa responsable?

Ciertamente amigos y amigas, la responsabilidad empieza con ustedes mismos, con lo que hacen, con lo que creen, con lo que piensan, con los compromisos y metas que nos marcamos. Cumplir o no con éstos, nos permite aprender que hay cosas y situaciones que solo dependen de nosotros.

El valor de la responsabilidad conlleva la prática de otras dos cualidades: valentía y humildad.