Don José, gerente de un banco conocido, está a la entrada del colegio vendiendo números para la rifa de una computadora. La niña Silvia, arquitecta y ama de casa, prepara yuca con pepesca para media docena de infantes. Al fondo, una treintena de adultos se dedican a administrar el colegio donde estudian sus hijos. Esto solo pasa en días como el de los intramuros y similares.
Así estuvo el ambiente en el “Champa”, que brindó un momento de convivencia familiar para chicos y grandes.
Los juegos mecánicos, los deportes extremos, las competencias deportivas, incluso la venta de pollitos de granja para que luego se conviertan en mascotas sirvieron de entretención para estos colegiales. También fue una excusa bien adelantada para la promoción 2007 para lucir sus camisas oficiales de bachilleres.
Ahora que, retomando lo de los vientos de cambios, el Champagnat abrió una nueva tradición gracias al patrocinio de Billares de El Salvador, que realizaron el primer torneo colegial de billar, algo que multiplicará en otros institutos. Pero mientras esos días llegan, don José y la niña Silvia siguen sudando la camiseta para reunir fondos para sus hijos e hijas, futuros padres y madres de familia.
San José también celebró
Lleno total es lo que hubo en el colegio salesiano San José, de Santa Ana, que convirtió sus instalaciones en un campo de diversiones para sus estudiantes y sus familias. Cientos de padres de familia estuvieron animando a sus hijos, quienes se dedicaron a liberar estrés y tensiones a través del torneo futbolístico que las autoridades del colegio organizaron. No cabe duda que el “tigrillo fastaneco” tiene un semillero de futuras estrellas deportivas en Santa Ana, en especial en este colegio.
Muestra de ello es César León, santaneco de 17 años, estudiante del San José, y que en 2006 obtuvo oro en los 400 metros valla en los CODICADER. También prepararon juegos para las profesoras y profesores que demostraron sus habilidades físicas. Par los jóvenes, el escenario fue puesto a tono con la participación de los ya conocidos Frigüey, que con sus melodías dieron el toque picante a los intramuros. |