Son cinco conciertos en seis días (en México). Deben estar cansadísimos...
Bunbury: No. Bueno, es que ayer tuvimos el día libre. Quizás hacer el tercero pueda costar un poco más, hacer tres conciertos seguidos... Peor lo tiene la gente que tiene que ir a la oficina cinco días seguidos. Eso sí que tiene que ser jodido...
No me parece normal que dos músicos que han hecho un disco que suena escasamente o no suena en radio logren vender todos los boletos de cinco conciertos en cuestión de días...
Nacho: Creo que Enrique lleva años trabajando un poco en México y ha conseguido ganarse al público desde que empezó a sacar discos en solitario. No sé. Para mí es también algo muy novedoso. Ver el cariño que le tiene la gente a Enrique...
Bunbury: ...Decías que no sonamos mucho en radio, creo que empieza a ser algo que a mí me comienza hasta a gustar. No el hecho de no sonar. A mí me gustaría sonar más, pero creo que es extraño que el rock está volviendo a donde debería de estar, que es en la calle. Al rock lo están manejando los chavos, ya casi ni las disqueras ni la gente de la radio. Y cada vez más la radio está haciendo unas fórmulas “que vamos para todos los públicos”, están buscando canciones que sean muy sencillitas.
La gente conoce incluso las más raras...
Bunbury: Incluso las más raras. Pero bueno, este álbum en concreto (“El tiempo de las cerezas”). Se saben el álbum entero y es muy bonito ver eso.
Para ti (Nacho) debe ser más especial porque se trata de la primera vez que visitas esta parte de Latinoamérica.
Nacho: Estuve una vez en Caracas tocando. Y bueno, pues este es el primer disco que se edita en México. En Argentina también estamos licenciando, pero esta es la primera vez y es novedoso.
Si bien es un dueto, “El tiempo de las cerezas” no es un disco al estilo Sabina y Paez. Me refiero a que en este disco hay un gran respeto de los estilos de cada quien. Esto queda evidenciado en la poca intromisión que hay en las canciones ajenas. ¿Por qué optaron por este formato?
Bunbury: Yo creo que sí, que hay intromisión en la búsqueda de un contexto musical, en la búsqueda de una producción conjunta, en la forma de arreglar las canciones, que creo que es un poco lo que une las canciones de Nacho y las canciones mías. Lo que veíamos muy obvio es que Nacho tiene una forma de componer y de interpretar que es muy personal... Y quizás nos dedicamos menos a buscar el dueto, que es otra fórmula de hacer un disco conjunto. A buscar eso de “yo canto una estrofa, tú cantas el estribillo”. Quizás nos parecía como un poco más superficial eso.
¿Es el dolor el hilo conductor de este disco? Me parece que el dolor impone su peso... Nacho gritando “¡Te odio tanto!”; Bunbury preguntando: “¿Y los putos reyes magos donde están?”...
Nacho: Hombre, yo no sé si lo suscribiría tanto al dolor o al sufrimiento. Las canciones suelen expresar sentimientos muy extremos, sentimientos radicales, y el dolor es uno de ellos. Canciones como “Bravo” y toda la tradición de la canción mexicana, por ejemplo, como el blues, el country también, pues son músicas en la que las canciones parten de sentimientos muy negativos. Pero creo que la música se utiliza como una especie de catarsis para combatir esos sentimientos.
¿Cuál es tu opinión, Enrique?
Bunbury: Yo pienso que al final en las canciones es difícil encontrar una temática única. Creo que independientemente de que haya canciones que puedan tener una mirada hacia un determinado sentimiento por una ruptura o por un enfrentamiento con tu entorno o con una persona, luego siempre hay pinceladas y ramificaciones en cada una de las canciones.