“Cuando estás buscando una solución alternativa, es improcedente ese reclamo (el decir que demandarás).”
Luis Monterrosa
director de Relaciones Internacionales y Cooperación Externa de la SECULTURA
A finales de 2011, Rugård afirmó que llevaría a la corte a la DPI por el pago de los 10,000 libros, pero tiempo después desistió y argumentó que “tomaría mucho tiempo” y que “no valía la pena por ese monto”.
10 mil
libros conforman el pedido firmado y sellado por Serpas, cuyo monto asciende a $100,000.

La editorial sueca Bombadil Publishing AB desistió de demandar a la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI), dependencia de la Secretaría de Cultura de la Presidencia (SECULTURA), por el pago de un pedido de 10,000 libros que el exdirector de la DPI Carlos Serpas hizo en abril de 2011.

Para el director de Relaciones Internacionales y Cooperación Externa de SECULTURA, Luis Monterrosa, esta decisión es “comprensible”, y es que, según el pronunciamiento oficial de la institución gubernamental, “cualquier demanda de Bombadil resultaría improcedente y alejada de la realidad”.

SECULTURA explica en el texto que el pedido “no era válido” porque, entre otros puntos, el convenio que firmaron con la editorial sueca en octubre de 2010 “no hablaba de compra-venta” y porque la DPI “no compra libros”, debido a que los puede producir siendo la editorial estatal.

Además, a pesar de que Serpas firmó y estampó el sello de la DPI en la confirmación de pedido, solo el secretario de Cultura, Héctor Samour, pudo haber hecho una solicitud de ese tipo, dado que él fue el firmante del convenio, establece el pronunciamiento. “Propiamente como SECULTURA no hemos hecho ningún pedido”, aclaró Monterrosa.

Aun así, la presidenta ejecutiva de la editorial sueca, Marianne Rugård, insistió durante varios meses por el pago de este pedido, cuyo monto asciende a $100,000. Para Monterrosa, aunque Rugård no tenía necesariamente por qué saber que Serpas no podía hacer ese tipo de solicitud, “no hay nadie en ninguna transacción internacional que haga un procedimiento sin el respaldo necesario solo porque una persona firma y sella”.

Pero Monterrosa va más allá y considera que la decisión de Rugård de completar la orden de Serpas no se debió a un “abuso de inocencia, sino de conveniencia”: “La posibilidad de obtener $100,000”, sentencia.

Pero ¿por qué Serpas aceptó el pedido? “Es que él asumía que estaba haciendo un favor en las transacciones comerciales”, señala Monterrosa, quien también acusa a Rugård de influenciar en la decisión del exfuncionario: “En el fondo puedo decir y confirmar que Marianne presionó a Serpas (para aceptar el pedido)”.