En el disco El hombre que más te amó, con el que ya ha recibido varios premios, Fernando debutó como productor.
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Nunca he pintado una gorda, dijo el martes el artista colombiano Fernando Botero, desatando de inmediato la sonrisa entre el público de Bogotá. Pero el pintor y escultor con vida más famoso de Latinoamérica lo decía en serio: sus redondeadas figuras no se inspiran en anatomías voluminosas, sino que representan la glorificación de la sensualidad y la vida, según explicó.
Exageración y exuberancia, combinadas con un magistral manejo del color y una crítica mordaz, son las características que hacen de Botero el maestro que es. Y este día llega a los 80 años de edad.
Cerca de 25 exposiciones permanentes en cuatro continentes, al menos 300 esculturas y más de tres mil óleos de su autoría lo han llevado a la cúspide del arte universal.
A diferencia de Van Gogh, el Greco o Rembrandt, Botero ha podido disfrutar el éxito al lado de su esposa, sus tres hijos y sus siete nietos, quienes cada verano llegan a su casa de Pietrasanta (Italia), para pasar vacaciones en familia.
Todos coinciden en describir al maestro como un ser humano excepcional, lleno de sencillez, amor, carisma, pasión y compromiso con cada trabajo que emprende. Ese compromiso lo impulsó desde la adolescencia a hacer del arte el sustento de su vida.
Luis Fernando Botero Angulo nació el 19 de abril de 1932 en Medellín, conocida popularmente como la ciudad de la eterna primavera. Fue el segundo de los tres hijos de un arriero y un ama de casa.
A los cuatro años, su padre falleció y su madre se hizo cargo, por lo que creció con pocas comodidades y algunos días de hambre. Cuando falta plata no se puede hablar de una infancia feliz, dijo.
Su tío Joaquín Angulo, fanático de la tauromaquia, lo introdujo en el mundo de los toros a los 15 años, pero prefirió retirarse tras descubrir su verdadera vocación: la pintura.