Renacho Melgar concibió la idea de Ambulante hace aproximadamente cuatro meses. El proyecto consistió en llenar de color instrumentos simbólicos que vendedores llevan de un lado a otro. Sin embargo, es ahora cuando el artista ha visto que su obra ha tenido efecto en la gente.
Melgar explica que Ambulante tiene un punto de partida que se ha mantenido. Un poco de color hace visible lo que la cotidianidad hace invisible. Añadió, además, que la idea facilita procesos de compresión e interés por aspectos relacionados con la pintura. La gente está preocupada por su realidad, nosotros tenemos que llevarles el arte en ese ritmo de vida agitado actual, expresa.
Renacho, con su pincel, dio vida a carretones de vendedores de minutas, de bebidas típicas, de mangos. Incluso, pintó la caja de un zapatero. El único requisito para que estas piezas fueran elegidas era que representaran una historia de vida.
Carlos Rodríguez es uno cuya herramienta de trabajo fue transformada por Renacho Melgar. Él vende minutas en Santa Tecla, su carretón está lleno de figuras de colores que hacen contraste con los botes de jarabes de frutas, también llenos de vistosidad.
Rodríguez opina sobre Ambulante: Para mí está bien, porque esto no es común, suele haber arte solo en museos. En cambio así uno puede conocer en qué consiste la pintura. Yo ando por todas partes y la gente puede admirar el carretón.
Renacho Melgar planea extender esta iniciativa y poder transformar objetos que a su criterio, muchas personas no les dan el valor necesario.