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Sabina fue más rosa que vinagre

Escrito por Orus Villacorta
Miércoles, 21 abril 2010 00:00
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10 mil

 

Uno escribe siempre la misma canción sobre un niño con cara de viejo que se atreve a volar bajo el cielo marrón que agoniza detrás del espejo.”

Medias negras, de Joaquín Sabina

 Para el supersticioso debía reinar la mala suerte, pero pareciera que en la noche del martes 13, los gatos negros, hartos de verse protagonistas, abandonaron los tejados para asistir al llamado de su mentor: Joaquín Sabina, quien oculto entre los misterios de un frac negro de cola extensa lucía ansioso por presentar su último disco.

 

Llegó frenético, armado con unas mejillas surcadas por una parcela de canas. Llegó dispuesto a lanzar más rosas y menos dardos políticos con sabor a vinagre, aunque sus manifiestas dudas con respecto al ingenio gubernamental en el tema del narco mexicano calaron hondo entre los simpatizantes del oficialismo. Llegó más brioso que en su última visita en solitario —para el disco “Alivio de luto”—, aunque ausente del “Nano” Serrat, también llegó con unas valijas rebosantes de comedia.

 

En sus muecas, y de principio a fin, había una intención: ahora que los sentidos ya sienten con miedo, Sabina sí quiere vivir 100 años, si esto sirve para quitarse su bombín ante el siempre entregado público chilango, ese que no reparó en desparramarse como vela encendida al sonar el intro de “Blues del alambique” y los primeros acordes de “Tiramisú de limón”, primer sencillo de “Vinagre y rosas”, última placa en la cual destaca la colaboración de Sabina con el exitoso grupo español Pereza.

 

Era un Sabina eufórico también. “Viva México, cabrones”. Su saludo al cruzar miradas con el primer coro. Luego un público con asientos toreados en chile habanero se puso de pie para recibirlo. A él y a “Viudita de Clicquot”, la canción en la que el eternamente calavera dejó claro que ya no le preocupa la talla de sus Calvin Klein, quizás por tanto brindar con Satanás a su salud.

 

Había mucho que decir. Y qué mejor que “Ganas de” para empuñar la guitarra y orquestar una sinfonía de palmas. Había ganas de, entre tanta emoción, recitar argucias, rimas y libretos. Y Sabina no andaba para la abstinencia. “Buenas noches, alegre y cómplice chilangada”, expresó en su primer diálogo, el mismo en el cual habló de la ausencia de Serrat y del regreso de Panchito Varona, quien para la gira de “Dos pájaros de un tiro”, no pudo visitar el Auditorio Nacional mexicano por motivos familiares.

 

Panchito Varona y Antonio García de Diego son las dos carabelas que completan la odisea Sabinera. Sin ellos, quizás Sabina fuera solamente un gran poeta, que ya solo con eso no fuera poco. Sin embargo, las vestiduras armónicas que los secuaces del “Joaco” le ponen a sus textos han hecho posible el encuentro con las 10,000 gargantas que a continuación coreban “Medias negras” y que absortos escuchaban luego uno de los sonetos que acompaña a la gira —con una leve modificación a manera de guiño local—: “Uno escribe siempre la misma canción sobre un niño con cara de viejo que se atreve a volar bajo el cielo marrón que agoniza detrás del espejo. Uno inventa siempre la misma canción del poeta borracho y su musa del teclado mellado del bandoneón del pecado mortal sin excusas. Uno canta siempre la misma canción la otra noche en el bar de la esquina, cerca de la estación donde duerme un amor cuando el tiempo conoce tu rutina. Uno siempre canta la misma canción del perro ladrando a la luna y la del mariachi que no hizo fortuna en mi México lindo y querido”.

 

En “Una canción para la Magdalena”, Sabina contó una anécdota muy cómica: “Cuando estuve en Praga, me encontré a una familia de mexicanos. Me preguntaron: ‘¿Es usted Sabina?’… ‘¡Qué le vamos a hacer!’, les respondí. Y me dijeron: ‘La niña se llama Magdalena por su canción. ¡Espero que no me salga tan puta!’”.

 

Y sumergidos entre las risas y la euforia llegó el sentimiento de “Peces de ciudad”, el jolgorio de “19 días y 500 noches” y la languidez de “Calle melancolía”...

 

Y entonces los gatos volvieron a los tejados, con su piel de obsidiana, a relatar los cuentos de las noches perdidas a los perros del amanecer.

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Sabina fue más rosa que vinagre - La Prensa Grafica - Noticias de El Salvador

Foto tomada de www.joaquinsabina.net

Algunas canciones

m Tiramisú de limón m Viudita de Clicquot m Ganas de m Medias negras m Aves de paso m Peor para el sol m Parte meteorológico m Boulevard de los sueños rotos m Llueve sobre mojado m Donde habita el olvido (Panchito) m Como un dolor de muelas (Marita Barros) m Y sin embargo te quiero (Marita Barros) m Y sin embargo m Cristales de bohemia m Una canción para la Magdalena (versión piano) m Peces de ciudad m Nos sobran los motivos m Embustera m Calle melancolía m 19 días y 500 noches m Princesa m Amor se llama el juego (Antonio G. de Diego) m Vinagre y rosas m Noche de bodas m Y nos dieron las 10 m Contigo m La del pirata cojo m Pastillas para no soñar

Detalles

Durante su estancia en México, Sabina tildó de “ingenua” la posición gubernamental de lucha contra el narcotráfico. Luego, Sabina fue objeto de una comida en Los Pinos en compañía del presidente mexicano, Felipe Calderón —declarado admirador del español—, así como de otras personalidades del Gobierno de ese país. En el encuentro, Sabina y Calderón cantaron juntos canciones y charlaron incluso del tema en divergencia. Después Sabina declararía: “El ingenuo era yo”, aunque mantuvo su postura y aseguró que conservaba la misma opinión, al igual que también lo hacía el mandatario mexicano.

Joaquín Sabina se presentará en Costa Rica los días 11 y 12 de mayo, en el palacio de los deportes de la ciudad de Heredia.


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