Cuando se publica el libro era un tema que se desconocía por completo. Sale primero en Francia y es como un golpe gigantesco a un hormiguero. Fue un escándalo porque encontré piezas robadas en los museos franceses.”

La primera pista la obtuvo en París, Francia. Tras terminar una entrevista, a Héctor Feliciano le preguntaron si sabía sobre las obras desaparecidas durante la Segunda Guerra Mundial. Se sorprendió. Él sabía sobre piezas destruidas, pero no desaparecidas. Entonces inició una investigación que le tomó ocho años, la cual se convirtió en el libro “El museo desaparecido”, que trata sobre la conspiración nazi para saquear obras de arte. El periodista puertorriqueño presentará el libro hoy a las 7 de la noche en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE), como parte del III Foro Centroamericano de Periodismo.

 

¿Por qué “El museo desaparecido”?

“El museo desaparecido” son las piezas. Muchas de ellas nunca se han vuelto a ver jamás. No se han encontrado. Ese es el museo desaparecido, el que ya no se encuentra. El museo es lo que los nazis robaron y que nunca ha vuelto a aparecer, salvo algunas excepciones.

¿Cuántas piezas saquearon los nazis durante la guerra?

En Francia, 100,000 piezas. Pero si uno incluye a Holanda, a Bélgica y a Austria son 400 o 500 mil; además, en el caso de la Unión Soviética, los nazis no solo saquearon, sino que destruyeron unas 300,000 piezas y monumentos en total. Son cantidades increíbles.

¿Cómo las saqueaban?

Cuando ocupaban un país, entraban en casas y museos con historiadores, con expertos de arte nazis, y establecían inventarios de confiscación detallando la pieza que robaban. Yo encontré los inventarios nazis en Alemania, en los archivos, y a partir de ahí pude rastrear piezas en Francia.

¿Qué dificultades tuvo durante su investigación?

Todo fue dificultoso, la mayoría de documentos de la época estaban todavía clasificados en todos los países; en Francia, Alemania, Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, España. Todo era difícil. Y a la gente que entrevistaba no quería hablar, desconfiaban y muchos creían que era un cazador de tesoros. Pero luego los convencí.

Adolf Hitler quería crear un museo en Austria con las piezas robadas, ¿cuáles eran las obras más importantes?

Había piezas importantes como “El astrónomo”, de Vermeer. Obras de Rembrandt, de Da Vinci, de Rafael. Había una cantidad de piezas enorme de todo tipo de arte, menos moderno, porque los nazis lo consideraban arte degenerado y que, por lo tanto, no podían poseer. Entonces, las obras de autores como Picasso las robaban y luego las canjeaban.

¿Tenía Hitler una colección privada?

Sí. Tenía una colección importante que la constituye a partir de los años veinte y treinta con dinero propio. Él contrata los servicios de un historiador de arte, un director de un museo alemán, y lo pone a dirigir su colección. Este selecciona piezas para él. Para comprar las obras, Hitler obtiene el dinero generado por la venta de su libro “Mi lucha”.

Además de esto, Hitler quiso ser pintor, e incluso intentó ingresar en la Academia de Bellas Artes de Viena, ¿será acaso que es peligroso, en algunos casos, ser amante del arte?

Yo lo único que sé es que uno cree que el interés en el arte te protege de la barbarie y ser bárbaro. Pero con este caso uno se da cuenta de que el arte no te protege de nada. No vas a ser más civilizado porque te gusta el arte. Lo único que prueba es que te gusta ese arte y nada más. En el caso de Hitler se nota, y en el de otros dignatarios nazis también.

¿Se repiten estos saqueos?

El saqueo nazi se modela en el saqueo de Napoleón Bonaparte. Cuando este va a Egipto, por ejemplo, trae miles de piezas y, en Italia, en los tratados de paz estaban incluidas las piezas específicas de obras que él pedía, porque había ganado. Y los nazis intentaron hacer lo mismo. En la Segunda Guerra Mundial protegieron muchas obras. Aún en los bombardeos había señales que ponían sobre castillos, palacios y museos para protegerlos. Pero el ejército de ahora es profesional, de gente que solo quiere ser soldado; es decir, no incluye a gente de toda la población como personas interesadas en el arte, curadores, coleccionistas, etc.