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Hiroshima recordó ayer a las víctimas de la bomba atómica que hace 67 años arrasó la ciudad y dejó 140,000 muertos, en un aniversario marcado aún por la sombra del accidente de Fukushima el año pasado y un movimiento antinuclear cada vez más consolidado.
Unas 50,000 personas se congregaron en el parque de la Paz de Hiroshima para rendir homenaje a las víctimas con un minuto de silencio a las 08.15 hora local (21.15 GMT del domingo), la misma a la que la bomba impactaba sobre la ciudad.
Little Boy, el nombre con el que Estados Unidos bautizó el primer artefacto nuclear de la historia, redujo a cenizas una urbe hoy reconvertida en una activa ciudad de más de un millón de habitantes que, cada 6 de agosto, pide al mundo que la tragedia no se olvide.
A la ceremonia asistieron representantes de 71 países, incluido Estados Unidos y otras potencias atómicas, que escucharon el llamamiento por la paz y el desarme nuclear del alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui.
En su discurso, Matsui exhortó a que las experiencias de los ancianos supervivientes de la bomba atómica sean compartidas con el mundo y pidió que Japón lidere el movimiento para la abolición total de las armas nucleares.
Ante un público entre el que se encontraba también el primer ministro japonés, Yoshihiko Noda, el alcalde pidió al Gobierno nipón más ayudas para los hibakusha, como se conoce en Japón a las víctimas de las bombas atómicas, que durante años tuvieron que soportar el estigma de la discriminación.
Durante la conmemoración del 67.º aniversario de la tragedia atómica de Hiroshima hubo también protestas de algunos grupos antinucleares.